Nueve secretos de estilo que aprendimos de Isabel II de Inglaterra

Uno por cada división de su vida. La soberana británica nunca siguió las tendencias y permaneció fiel a una estética basada en la comodidad y el protocolo ajustado.

La mujer que personificara durante abriles lo que significa ser reina, era según los británicos, la reina indiscutible del vestir impecable: su estilo, un tanto 'chapado a la antigua', fue sin incautación un ejemplo de coherencia y por qué no, de comodidad y parquedad por encima de las tendencias de cada temporada.

[Miriam Escofet: la única pintora española que ha retratado a la Reina Isabel II de Inglaterra]

Ande o no ande, corona o tiara ancho

La serie sobre la clan auténtico inglesa The Crown no podría ocurrir tenido otro título mejor. En la vida de Isabel II y su clan, la corona ha sido, es y seguirá siendo lo más importante (siempre y cuando Carlos y Camila consigan hacerse con el cariño de su pueblo, que no ha conocido otra soberana).

La corona ha sido siempre lo más importante en la vida de Isabel II.


La corona ha sido siempre lo más importante en la vida de Isabel II.

Comienzo siempre cubierta

Desde muy muchacho, la soberana británica llevó siempre la habitante a cubierto en sus actos oficiales: tocados, turbantes, sombreros de todo tamaño... Mujer muy experiencia, sabía que la protegerían de la lluvía y el frío ingleses y del sol, cuando viajaba a algún  país en el que hiciera calor. 

Ello le permitía, adicionalmente, cambiar de estilo sin tener que cambiar de ropa. Y si el maniquí era bonito, nadie notaba que repetía cobijo, cosa que hizo en muchas ocasiones a lo abundante de nueve décadas.

Desde muy joven, la soberana británica ha llevado siempre la cabeza a cubierto en sus actos oficiales.


Desde muy muchacho, la soberana británica ha llevado siempre la habitante a cubierto en sus actos oficiales.

Y, para ocasiones menos formales, pañuelo 

Para ir de caza, totalizar a heroína o, simplemente, pasear por los alrededores de Balmoral, la soberana británica siempre escogía cubrirse la habitante con un pañuelo. Todavía para otras ocasiones menos protocolarias.

Imágenes de Isabel II, luciendo pañuelos en distintas épocas a lo largo de su vida.


Imágenes de Isabel II, luciendo pañuelos en distintas épocas a lo abundante de su vida.
Gtres

No sin mis perlas

Al igual que Coco Chanel, de la que fue contemporánea, siempre que quería descubrir, lucía su collar de perlas, porque, como decía Mademoiselle: “Las joyas no están hechas para parecer rica; están hechas para parecer arreglada”.

Isabel II de Inglaterra luciendo su collar de perlas de varias vueltas.


Isabel II de Inglaterra luciendo su collar de perlas de varias vueltas.

Siempre con un corchete en la solapa

La colección de broches de la Isabel II es una de las mayores del mundo. Es difícil encontrar una imagen de la reina en la que no luzca un corchete en la solapa. Siempre se suelen colocar en el costado izquierdo, y así lo hacía la soberana. 

Aunque normalmente pueden tener una función más útil que ornamental, en el caso de Isabel II era simplemente de adorno y por sabor. Y, entre los personales y sentimentales y los que fueron heredados de los antepasados, pudo asistir a tener centenares. 

Algunas imágenes de la soberana británica luciendo sus inseparables broches.


Algunas imágenes de la soberana británica luciendo sus inseparables broches.

El cobijo, prenda suerte

Si hay una prenda 'fetiche' en el armario de Isabel II, a lo abundante de nueve décadas de vida, es el cobijo. En todos los colores y hechuras: con cuelllo o sin él; con solpas o sin ellas; con ordenanza a la apariencia u ocultos; con botonadura doble o sencilla...

Veremos cuántos pasan a formar parte del arcón de Camila, que todavía se ha decantado, como su suegra, por esta prenda tan útil para los rigores del otoño-invierno inglés. 

La prenda que siempre ha acompañado a Isabel II allá donde fuera: el abrigo.


La prenda que siempre ha acompañado a Isabel II allá donde fuera: el cobijo.

Sin miedo a los colores

No hubo un color que no utilizara. Y, aunque de más muchacho siempre se decantaba por los tonos pastel, a medida que fue envejeciendo fue aumentando la intensidad de los colores que escogía.

Nunca le tuvo miedo a los colores brillantes y llamativos.


Nunca le tuvo miedo a los colores brillantes y llamativos.

Pero apostándolo todo al rosa

De todos los colores, el rosa fue sin duda, su preferido. Desde que era una pupila y hasta el final de sus días, nunca dejó de lucirlo, en todos sus tonos e intensidades. Incluso como esmalte para las uñas.

El rosa era, sin duda, el color favorito de Isabel II. En todos sus tonos e intensidades.


El rosa era, sin duda, el color preferido de Isabel II. En todos sus tonos e intensidades.

Y siempre, con Escocia en el corazón

Nunca fue muy dada a desbordar del estampado floral pero si hubo un motivo por el que tenía amor era el conocido kilt escocés. Con él, mostraba al mundo su inclinación por Escocia, un motivo por el que siempre sintío amor.

El estampado escocés fue uno de sus favoritos hasta el final de sus días.


El estampado escocés fue uno de sus favoritos hasta el final de sus días.

Si de poco no hay duda es de que utilizó la moda a su guisa, fiel a un estilo muy personal, en el que nunca introdujo grandes cambios (no en vano era una mujer de costumbres) y que utilizó para mostrar a propios y extraños lo que significa la dignidad en el vestir. Hasta su homicidio.

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