Historia de un realismo incómodo: así fue la primera generación de vanguardistas españoles

Una exposición en el Museo Carmen Thyssen de Málaga recorre el periodo de la figuración realista en España entre 1918 y 1936, truncado por la Conflagración Civil y opacado por la celebridad de la tríada Picasso-Dalí-Miró

Verdadero(ismos). Nuevas figuraciones en el arte gachupin entre 1918 y 1936

Museo Carmen Thyssen Málaga. Comisarios: Bárbara García y Alberto Gil. Hasta el 4 de septiembre

Desde la Transición, la historia del arte en la primera parte del siglo XX en España ha adolecido de descuido de atención. Debida, por una parte, al trauma de la Conflagración Civil y, por otra, a la celebridad de la tríada Picasso-Dalí-Miró, que ha opacado incluso a artistas de primera fila como Sorolla, Gutiérrez Solana, Zuloaga y un desprendido etcétera entre los que sobrevivieron a la refriega en nuestro país y en el extrañamiento. Sobre todo, han faltado examen de periodos y tendencias.

La exposición Verdadero(ismos). Nuevas figuraciones en el arte gachupin entre 1918 y 1936 parte de un presupuesto interesante: en este periodo de dieciséis primaveras se habría afirmado la primera gestación actual de nuestro país, con un abano de realismos plural y diverso pero, en todo caso, conocedor del borrón y cuenta nueva que habían supuesto los posimpresionismos, el fauvismo, el cubismo y el expresionismo. Una gestación que viaja a Europa y que se mueve entre los principales centros artísticos en España. Y que está aceptablemente informada con nuevas publicaciones más o menos efímeras, editadas en todas las regiones de nuestra geogonia como: Exaltado, Alfarería, La Periódico Literaria, L’Amic de les Arts, Bravucón, Ribera o La rosa de los vientos.

De guisa que lo que en Europa habría sido la tendencia al “retorno al orden” tras la Primera Conflagración Mundial y la enfriamiento española, vertida en proclamas opuestas –desde las “retardatarias” frente al desorden de las vanguardias, a la “llamamiento” al orden entre quienes retomaban la búsqueda de la belleza esencial de Cézanne–, en España, en cambio, sin acaecer represión aquellos ismos, sería la primera vanguardia que rompe con la figuración tradicional y decimonónica para investigar en una gradación de realismos dominada por el objetualismo y el hieratismo y la destreza y legitimidad en las composiciones.

Benjamín Palencia: 'Altea, calle de pescadores', 1927. © Benjamín Palencia, VEGAP, Málaga, 2022


Menor Palencia: 'Altea, calle de pescadores', 1927. © Menor Palencia, VEGAP, Málaga, 2022

Encima de la influencia de raíz cézanniana a través de Vázquez Díaz, las principales corrientes con las que dialogaron los artistas españoles fueron los nuevos Valori Plastici de la pintura metafísica de Giorgio de Chirico, Carrá, Morandi y Severini; la neue sachlichkeit (nueva objetividad), término acuñado por Gustav Harlaub que daría título a la exposición celebrada en 1925 con Chad, Beckmann, Spies, Hofer, Dix y Grosz, entre otros.

Y finalmente, el realismo mágico de Franz Roh, investigación traducido en la Revista de Poniente solo dos primaveras a posteriori de su publicación en Alemania en 1925. Simultáneamente, el mozo Dalí defendería su poética de la “santa objetividad” en L’Amics de les Arts, traducida al castellano por su amigo Lorca en la revista BravucónLos realismos desplegados en esta exposición son incómodos y producen extrañeza, eso que oportunamente Freud en 1919 había denominado unheimlich, lo siniestro en lo ordinario, plasmado en las obras aquí expuestas en diversos medios: pintura, fotografía, escultura y grabados.

En total, más de ochenta piezas de medio centenar de artistas en donde la punto de vista a lo cercano, corriente y doméstico se contempla desde un distanciamiento a menudo frío y de una corporalidad objetual.

Mariano de Cossío: 'Retrato de Santiago Pérez-Jáuregui', 1931. Colección particular


Mariano de Cossío: 'Retrato de Santiago Pérez-Jáuregui', 1931. Colección particular

Fruto de una ardua investigación durante la pandemia y con la complicidad de medio centenar de prestatarios, los conservadores del Museo Carmen Thyssen Málaga Bárbara García y Alberto Gil han planteado este su primer plan de guisa sencilla y eficaz. Articulado en tres secciones: espacios (paisajes y urbanos), figuras (retratos) y objetos (bodegones), y sin textos doctrinarios para dejar osadía a los espectadores en relaciones y descubrimientos, uno de sus principales méritos es el muy cuidado montaje, que propicia tales hallazgos.

Comenzando a partir del final de la Colección permanente del museo con Gutiérrez Solana, encontramos algunos de los faros para los más jóvenes, como Arteta, el citado Vázquez Díaz y Togores. Otro puntería ha sido la mención de Picasso, tan sólo con el pequeño carboncillo Los luchadores, 1921; así como las piezas juveniles de Dalí y Miró.

Están muy aceptablemente trabajadas las tendencias ya entonces de inclinación nacionalista, vasca y catalana, ésta bajo la alargada sombra del noucentisme. Y es asombrosa la pléyade de artistas, con obras de calidad, algunos hoy tan pronto como conocidos: no sobrevivieron ni a la refriega ni al extrañamiento.

Un investigación germinador que, sin confiscación, puede resultar descafeinado. La creciente politización en el arte durante la dictadura de Primo de Rivera y luego, con la República, casi brilla por su marcha. Todavía la presencia infrecuente del trío María Blanchard, Maruja Mallo y Ángeles Santos desdibuja la ya rico incorporación de mujeres, sin la que no es posible escribir una historia del arte en España durante este periodo. 

Publicar un comentario

Artículo Anterior Artículo Siguiente