El segundo episodio de Los Windsor. En las entrañas de la dinastía existente aborda lo que sucedió en la Casa Vivo británica posteriormente de la abdicación por coito del rey Eduardo VIII y tras la coronación del padre de Isabel II, Jorge VI, que tenía el deber de devolverle a la monarquía la estabilidad y la confianza que había perdido.
La renuncia de su tío convirtió a Isabel en heredera al trono de la tinieblas a la mañana y su mamá la preparó siempre para su futuro papel: ella, tímida como su padre, siguió sus pasos robusto y consciente, y cuando era tan solo una pupila ya se dirigía a su pueblo para darle aliento durante la segunda erradicación mundial. Conforme fue creciendo, nunca renegó del deber. Al contrario, se comprometió con su futuro como reina desde el primer momento. Pero un hábitat nunca fue negociable: nadie iba a impedir su bodorrio con Felipe de Edimburgo.
Isabel II y Felipe de Edimburgo GTRES
Un príncipe sucio por los suyos
El príncipe Felipe de Grecia y Dinamarca era primo tercero de la princesa Isabel: los dos son descendientes directos de la reina Triunfo, como buena parte de la realeza europea. Era un muchacho muy apuesto, todas las muchachas estaban enamoradas de él. Pero escondía una historia complicada. Botellín hijo del príncipe Andrés de Grecia y el pequeño de cuatro hermanas, tuvo que huir cuando la grupo existente fue derrocada por un porrazo marcial en su país. Venía de un hogar roto: su padre tenía una entusiasta en Montecarlo y su mamá estaba internada por problemas de vigor mental. Era un hombre desarraigado a quien describían como "un perro vasto sucio".
Es un primo de su padre que residía en Inglaterra, Lord Mountbatten, quien le acoge y a quien muchos consideran padre de su unión romántica con la reina Isabel: convertido en su figura paterna, tiene planes ambiciosos para su nieto, a quien envía al Vivo Colegio Naval de Darmouth para formarse como marcial. Allí se conocen, premeditadamente o por casualidad, los que acabarán siendo marido y mujer: cuando él tenía 18 primaveras y era cadete naval, una muchacho reina, de 13 primaveras, acompañaba a sus padres en una reconocimiento a la institución.
Una muchacho Isabel II conoce al duque de Edimburgo en la institución naval
En una fotografía atesorada por los historiadores, se ve a Isabel mirándolo fijamente con una devoción que parece premonitoria de lo que sucedería a continuación. Cuando se conocieron formalmente, ella se enamoró inmediatamente. Algunos piensan que Mountbatten lo había planeado todo.
Un romance estable y prohibido
El príncipe Felipe y la princesa Isabel mantuvieron una copioso correspondencia durante la erradicación, cuando ella ya guardaba una fotografía de él unido a su cama. Cuando terminó el conflicto marcial, empezaron a estar regularmente. Sentían devoción mutua. Los problemas vienen cuando él le pide bodorrio porque, de origen tudesco, tres de sus hermanas estaban casadas con nazis. Posteriormente de la erradicación hay un gran sentimiento antialemán en la Casa Vivo y el rey no confía en Felipe lo más leve: da su consentimiento con la condición de que el anuncio se posponga y se lleva a la reina en una reconocimiento a Sudáfrica confiando, en su fuero interno, en que la distancia enfríe su romance.
Isabel II y Felipe de Edimburgo GTRES
Pero mínimo más allá de la efectividad. Aunque la princesa Isabel, que nunca había aparecido del país, disfruta mucho en Sudáfrica, sigue teniendo sus miras clavadas en el príncipe. Para distanciarse de su tío y dejarle clara a la nación su compromiso, cuando cumple 21 primaveras emite un mensaje de radiodifusión que supone un momento esencia de su vida: "Declaro en presencia de todos ustedes que mi vida entera, ya sea larga o breve, estará dedicada a su servicio".
Una vida de coito y de servicio
Isabel promete dedicarse a una vida de servicio conocido cuando sea coronada reina. Pero seguía queriendo casarse con Felipe, que se conviere en duque de Edimburgo porque nadie puede emparentarse con la corona si no ostenta un título existente. La boda es un éxito, un día que hace olvidar todos los problemas, y la pareja pone rumbo a Malta para acontecer los que serían los dos mejores primaveras de sus vidas: él asumió allí un puesto de vicealmirante y el bodorrio vivió como la muchedumbre común, bailando, charlando con otras parejas de su perduración y disfrutando de su vida de recién casados.
Isabel II y Felipe de Edimburgo GTRES
Pero tuvieron que retornar. El rey tenía cáncer de pulmón y se sometió a una operación para extirpar uno de ellos que fue un éxito, pero lo dejó considerablemente débil. Su hija y Felipe lo sustituyen en un alucinación oficial a Kenya y, tan solo unos días posteriormente, el rey muere a los 56 primaveras de perduración. Ella está a miles de kilómetros de distancia y es al última del mundo en enterarse: aunque le han enviado un mensaje criptográfico, nadie tiene el texto de códigos. Es el príncipe Felipe quien, tras enterarse de la anuncio por un secretario, se encarga de darle la devastadora anuncio. Sólo tiene 25 primaveras cuando se convierte en reina. Su marido la acompaña y se mantiene siempre en su sombra.