Los talibanes han decretado este sábado el uso obligatorio del burka en lugares públicos para todas las mujeres y niñas en Afganistán, una medida que se suma a la larga relación de restricciones contra las afganas desde que los fundamentalistas tomaron el control del país a mediados de agosto de 2021.
"A pesar de que el 99% de las mujeres afganas ya usan hijab, el resto incluso debería usarlo y no hay excusa para ellas", ha informado el Ocupación de Propagación de la Virtud y Prevención del Vicio en una orden pública. El documento especifica que con hijab se refieren a todas aquellas prendas que cubran todo el cuerpo, y que en este caso "el burka es la mejor traducción de ello".
La nueva orden establece que las mujeres "que trabajan con el Emirato Islámico (como se autodenominan los talibanes) en departamentos relevantes y no usen hijab, serán despedidas de sus trabajos", al igual que "si la hija o esposa de un trabajador/funcionario del Gobierno no usa hiyab" incluso será suspendido.

En caso de que las afganas no acaten esta norma, las fuerzas de seguridad primeramente acudirán a informar al tutor o miembro masculino del hogar, y si siguen sin cumplirla, este será llamado a fallar, podrá "ser detenido por tres días" y "entregado a los tribunales para tomar su castigo" como última instancia, advierte el comunicado.
La agitador social afgana Yalda Parwani ha señalado a Efe que esta imposición con destino a las mujeres por parte de los fundamentalistas es una forma de "convencer a sus combatientes de que están haciendo un Gobierno islámico en Afganistán como se les prometió durante la refriega de los últimos 20 abriles".
"El hijab es nuestra satisfacción y orgullo como mujeres musulmanas, pero el Gobierno talibán simplemente nos impone que usemos su código de vestimenta específico para nosotras", ha dicho.
Restricción de los derechos de las mujeres en Afganistán
Desde la venida al poder de los talibanes a mediados de agosto, las mujeres han gastado cómo sus derechos se reducían con restricciones como la prohibición a las adolescentes de asistir a las escuelas, la segregación por sexos en lugares públicos o el veto a desplazarse sin velo y acompañadas de un corriente masculino en trayectos largos.
Pese a que los fundamentalistas prometieron respetar los derechos de las afganas para poder obtener registro internacional, la sinceridad que viven las mujeres en ese país se asemeja cada vez más a la época del primer régimen talibán de 1996 y 2001, cuando fueron recluidas en sus hogares, sin posibilidad de estudiar o trabajar.
Detrás de muchas de estas regulaciones contra las mujeres se encuentra el todopoderoso Ocupación de Promoción de la Virtud y la Prevención del Vicio, una institución que entró en vigor durante el primer régimen talibán y se extinguió con la invasión estadounidense, quedando en un mal retentiva para los afganos durante los siguientes 20 abriles.

Con la revés al poder de los talibanes el pasado 15 de agosto, la institución regresó, instalándose, precisamente, en el ahora difunto Ocupación de la Mujer.