El eterno grito de guerra de García Carrión: a mí la Justicia que los arrollo

El patrón murciano José García-Carrión tiene una amplia trayectoria en los tribunales con saldo positivo.

Ni cien días. Es lo que ha durado la relación entre José García-Carrión y el que fuera consiliario delegado de Santander España: Rami Aboukhair. Un desposorio breve que se ha roto por discrepancias de este final con la clan fundadora del género García Carrión.

Como sucede con muchos divorcios, no ha sido una ruptura cordial. Más correctamente, todo lo contrario, con acusaciones mutuas de no cumplir lo pactado. Para García-Carrión, se ha despedido a la francesa. Sin avisar. Para Aboukhair, se ha antitético con las manos atadas para desarrollar su trabajo.

Por eso, ambas partes ya han contratado a quienes previsiblemente van a defender sus intereses delante la conciencia. García Carrión, en manos de Garrigues, y Rami Aboukhair, en manos del despacho De Carlos Remón. Es el que lleva el caso de Andrea Orcel con Santander.

De momento, la batalla procesal no ha comenzado. Pero, viendo los historial del género de provisiones, podría estar a las puertas. A José García Carrión no le van a temblar las piernas. Más correctamente, todo lo contrario.

De hecho, y viendo los historial, al patrón murciano se le podría atribuir la famosa frase que, en su día, dijo Belauste. El futbolista, en los juegos olímpicos de Amberes de 1920, dijo: “a mí el pelotón (el balón) que los arrollo”. Ese partido lo ganó España, y dio origen a lo que se conoció como ‘furia española’.

Furia

Furia, a la hora de defender sus intereses, no le desidia al propietario de productos como Don Simón, Pata Negra o Señorío de los Llanos. A lo dilatado de su dilatada carrera profesional no ha dudado en apelar a la conciencia para defender sus intereses. Y, en gran parte de las ocasiones, le ha cubo la razón. De ahí que su alarido de disputa, parafraseando lo dicho por Belauste, correctamente podría ser 'a mí la conciencia que los arrollo'.

De arruinar el desencuentro en los tribunales, no sería la primera vez que José García-Carrión denuncia a determinado ‘de la casa’. Así, en febrero de 2021, demandó a su exdirector financiero (Félix Villaverde), a su hijo (Carlos Villaverde) yuxtapuesto a Goldman Sachs, BNP, Bankia y Deutsche Bank por operaciones fraudulentas no autorizadas y ajenas a su actividad. A su CFO lo había cesado a finales de 2020.

Tras un año de tira y afloja en las justicias británica y española, la firma bodeguera y el faja de inversión estadounidense firmaron la pipa de la paz. Goldman Sachs pedía 5,2 millones por las operaciones con divisas que había llevado a lado por orden de García Carrión. La compañía argumentaba que se habían efectuado sin su autorización. Por eso, contraatacó pidiendo 8,3 millones por el perjuicio financiero causado.

José García-Carrión, presidente del grupo que lleva sus apellidos.


José García-Carrión, presidente del género que lleva sus apellidos.

García-Carrión nunca se arrugó e, incluso, llegó a pedir la comparecencia de los dos pesos pesados de Goldman: su presidente y consiliario delegado mundial, David Solomon, y su número dos, John E. Waldron. Finalmente, la familia no llegó al río.

Como siquiera lo hizo con Bankia y Deutsche Bank, con los que llegó a sendos acuerdos. Las demandas que mantiene son contra Félix y Carlos Villaverde, y contra BNP. A los primeros les acusa de los delitos de oficina desleal, falsedad y apropiación indebida de poco más de 950.000 euros. A BNP le acusa de mala praxis y pide una indemnización “de decenas de millones” por las pérdidas sufridas entre 2015 y 2020.

Sin límites

El gozo por los tribunales de García-Carrión no es de ahora. Y, por supuesto, no podía eludir el enfrentamiento con la competencia. Como si de Falcon Crest se tratara, García-Carrión denunció a su imperecedero enemigo: Félix Solís. ¿Motivo? Un supuesto fraude con los vinos vendidos como crianza, reserva y gran reserva.

Dicho de otra forma: estafa, publicidad engañosa y falsedad documental. Y es que, a pesar de aceptar esas etiquetas, era posible que no hubieran pasado por tina, o que no tuvieran el envejecimiento correspondiente a las etiquetas.

Félix Solís y José García-Carrión.


Félix Solís y José García-Carrión.

En la famosa serie de televisión de la período de los 80, la pugna fue entre las familias Gioberti y Agretti. Había que dirimir quien era el rey del morapio en California. Entre García Carrión y Solís, el trono es el de Valdepeñas.

El primero acusó al segundo de entregar morapio del año como envejecido. El segundo reaccionó acusándole de competencia desleal. El auditoría de Primera Instancia e Instrucción de Valdepeñas emitió una resolución dando la razón a García Carrión.

Multinacionales

Hablando de etiquetas, hubo otro episodio que le llevó no primaveras, sino una período, de idas y venidas por los pasillos de la conciencia. A José García-Carrión se le metió entre ceja y ceja que una misma marca podía aceptar etiquetas de diferentes consejos reguladores. Esa marca era, y es, Pata Negra.

Su intención era clara, y más en una marca internacional como la suya presente en más de 150 países: despersonalizar por aquel entonces cinco procedencias de denominación de origen (Rioja, Ribera del Duero, Rueda, Valdepeñas y Cava). Una logística de marketing chapeau. La conciencia española y la Unión Europea le acabaron dando la razón. Luego se unieron otras DO como Toro, Jumilla y Penedés.

Pata Negra Valdepeñas


Pata Negra Valdepeñas

¿Más madera? Se puso por montera que su zumo Don Simón (exprimido) y Minute Maid (concentrado) no podían compartir sitio en la parte de refrigerados de las tiendas. Minute Maid era de Danone y Coca-Trasero. ¿Miedo delante un gigantesco mundial? La conciencia consideró que García Carrión tenía razón. Luego, Minute Maid cambió de sitio. Y la firma murciana aumentó ventas.

Otro coloso de la provisiones es Granini. La firma alemana consideró que comparar publicitariamente su producto (néctar de naranja) como si fuera zumo de naranja natural sería bueno para las ventas. Con lo que no contaba es que, si era bueno para ellos, era malo para el zumo Don Simón. Y García Carrión recurrió, de nuevo, a la diosa conciencia.

La Audiencia de Barcelona ordenó cesar la teledifusión del anuncio. Granini recurrió. Pero la Sala de lo Civil del Tribunal Supremo desestimó su petición de casación.

Una vez más, la conciencia volvió a ser ciega. No tiene ojeada (se la representa con los luceros vendados). Es afirmar, que se limita a los hechos para poder dictar sentencia. Y la romana sonríe a García Carrión.

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