Luisa Orlando en LECLAB: "Aquí la magia no es 'fake' ni fingida”

La empresaria conversa con MagasIN sobre su trayectoria empresarial y su nuevo plan, el club privado en en el que se viviera el esfera de los primaveras 20 y 30.

La empresaria Luisa Orlando cuenta que tiene abuelos de cuatros reinos de España y los dice de seguido: “Navarra, Guipuzcoa, Aragón y Sicilia”. Esta easonense, procedente de vetustas familias de empresarios, les asigna adicionalmente rápidamente sustantivos, la “inteligencia, la belleza, la alegría y el liderazgo”, en relato a cada rama conocido.

“Es que mis abuelas y abuelos han sido muy relevantes en mi vida”, continúa Orlando, “los cuatro han sido personas muy peculiares. Es un objetivo parecerte a personas importantes con las que has compartido una parte de tu vida, ¿no es cierto?”, pregunta retóricamente.

Palabra de la impronta que dejan nuestros modelos y referentes pasados, pero lo hace con un acento distinto: más delante, de hecho, en este relato aparecerá el término "presencia" con una connotación incluso sobrenatural.

Emprendiendo desde los 16

El primer memoria de sí misma como emprendedora es a los 16 primaveras: “Con unas camisas que pintaba mi hermana a mano y las vendíamos en algunas tiendas de Madrid, y memoria que hicimos nuestro pequeño plan. Si lo pienso, es chistoso, porque me veo siendo una enana y paseándome por Madrid con ella y aquellas camisas que había pintado con flores”.

“Me gustaba la moda”, describe, “porque tenía el poder de marcar poco diferente, y empresarialmente desde pequeña empecé a aparearse desfiles con una amiga mía, en Oh Madrid, ¿lo recuerdas?... Con 18 y 20 primaveras… Algunas de las chicas que desfilaron, luego se hicieron modelos profesionales muy importantes”.

Sus antepasados hicieron en vida que su infancia fuera diferente. “Conmemoración invitar a todas mis amigas con ocho primaveras a hacer pizza en casa pero, de verdad, con la masa y los ingredientes, eso, a finales de los ochenta, íbamos a casa y hacíamos la pizza italiana ribera ribera. La cocina ha sido una parte de mi vida y eso me ha encantado. Al tener distintas culturas en casa, cuando se tomaba la pasta se hacía la carbonara de verdad, con huevo y parmesano, el pesto casero o el tomate”.

Su grupo ha sido conocida por comercializar el famosísimo tomate Orlando. "Era poco chistoso porque vivíamos todas las campañas. Imagina para una pupila ir a una tienda de pequeña y ver tu producto y tener esa componente de verlo en la tele, de comentar los anuncios, de pedirle a tu padre que cambien un anuncio y que él te explique que no, y las razones para hacerlo”.

En esta dinámica de incorporación actividad empresarial, recuerda “cambios de ciudades precipitados por situaciones difíciles, momentos en los que amparar la calma”.

Respecto a su patronímico, Orlando, describe cómo “mi padre ha sido un gran patrón: lo que me ha enseñado es a enterarse manejarte en la inquietud o en los momentos complejos, a mirar al horizonte y no dejarte hundirse por las olas, tienes que amparar el timón y enterarse mirar acullá”, explica, y se puede adivinar que le gusta especialmente la náutica.

¿Esa virtud emprendedora, se aprende o nace uno con ella?

Yo ahí coincido con los que hablan de la pasión, un patrón es algún que se apasiona con su trabajo, hay poco más allá, que lo llevas interiormente y te hace empujar y colocar y arriesgar y pasártelo acertadamente incluso en ese momento de inseguridad, hay una parte que es profesional y que es cardinal, no es un grupo… Pero en parte sí.

¿Y qué es lo que más diferencia para usted un plan empresarial de un trabajo?

Yo he tenido las dos y son en existencia dos vidas distintas, aunque en muchos puestos todavía estés al 100% implicado, no es lo mismo. Cuando tú eres empresaria, es la sensación del capitán del barco de la que hablábamos… aunque sea una tienda pequeña.

¿Echa de menos el mar? Se refiere mucho a él...

Sí, me encanta y lo echo en descuido. Si hay poco que echo en descuido en mi vida en Madrid es el mar, lo necesito. Los que hemos nacido en una ciudad con mar y lo hemos vivido mucho, sabemos qué es eso.

Pero se siente muy madrileña…

Madrid es mi ciudad de acogida, y es una ciudad con una vida que no cambiaría: el dinamismo, la posibilidad de aparearse lo que quieras, el cruce con multitud tan diferente...

¿Cuándo llegó a Madrid?

Aquí llegué con 14, soy más madrileña que easonense.

Sus momentos esencia

Cuatro momentos concretos que resuman su carrera profesional.

El primer momento sería cuando empecé a trabajar en consultoría en PwC, un momento es presentar un plan a toda la directiva de un cárcel, con 26 primaveras, sin casi nada echarse por la entrega, pensando ‘¿qué hago yo aquí?’.

¿Un segundo momento?

Cuando doy un paso a espaldas al tener a mis hijos, ahí tomé una posición de dirección de caudal humano en Price, más tranquila, con menos viajes, y en ese momento luché por desarrollar políticas de conciliación para las empresas. Asimismo en mi posterior posición, en la editorial SM, donde me incorporé luego.

Ahí llevé la parte de internacional en Latinoamérica, todo el día subida en el avión, y eso me permitió conocer gastronomías muy diferentes y ahí todavía contraté a las primeras mujeres directoras en esos países. Yo era la única directora de 22 directores y, cuando me fui, un tercio de la empresa a nivel de dirección eran mujeres.

¿Un tercer momento?

Cuando llega el Club Allard, un restaurante con dos estrellas Michelin.

¿Impulsó el que fuera el restaurante más importante de Madrid?

Sí [sonríe] porque la restauración ha sido parte de mi vida. Me casé adicionalmente con un francés y desde jovencita he estado visitando restaurantes de tres estrellas [describe una visita, en los 90, al restaurante de Marc Veyrat, y la cierra con un “fue mágico… fue uno de los más importantes restaurantes de Francia, de una creatividad insólita”]. Poder entrar como socia del Club Allard, y desarrollar un plan gastronómico así, fue un viraje en mi carrera y me permitió poder desarrollar mi circunstancia como empresaria.

Nunca volvió a lo corporativo, ¿le gusta más tener su plan?

En el mundo muy corporativo estaba acertadamente, pero siempre estaba buscando poco más, había un punto de insatisfacción. Desde que tengo plan empresarial eso no lo siento, puedo distinguir tensión o echarse mal, pero no siento eso.

Vivió con éxito incluso un cambio de chef, poco insólito en ese ámbito.

Sí, a los seis meses de entrar. Cuando se fue Diego, el pilar sobre el que el Club Allard se sustentaba, aposté por María, y conseguimos amparar las dos estrellas con cambio de chef, poco que era la primera vez que ocurría en España.

¿Fue complicado?

Sí, pero en esos momentos tienes que mirar acullá, amparar el timón y tuvimos nuestro resultado… [vuelve a la náutica]. La marca creció y se potenció de una guisa muy esforzado, para sorpresa de mucha multitud

Luego de aquel plan, ha decidido editar un club en Madrid, LECLAB, que está en boca de mucha multitud… ¿Puede contarnos más?

Siempre, cuando me preguntaban cuál era mi plan soñado, yo decía que sería retornar a crear un club en el que se viviera la sortilegio de los primaveras 20 y 30, que no existía en Madrid. Finalmente hicimos LECLAB en un edificio modernista distintivo en la plaza de España.

LECLAB

El plan de ornamento de la nueva iniciativa de Luisa Orlando, LECLAB, ha involucrado, entre otros, a interioristas como Teresa Sapey y directores de espectáculo cinematográfica como Jaime Anduiza para “crear ese esfera que fuera una experiencia diferente”. La esencia: la huella del tiempo.

“En este espacio vivía una señora cubana durante noventa primaveras, y no tocó una hormaza, poco muy extraño de encontrar en una casa señorial de principios de siglo y en el centro de la ciudad, bajo techos de cuatro metros y escayolas, con la profundidad que ha dejado la huella del cronómetro en la hormaza o el memoria de un tapiz”.

Nulo dócil ha sido conservar esa medio, ni recrearla más aún, “todo lo contrario, una obra complicadísima, con un trabajo impresionante. Una disparate, pero que vi clarísima desde el principio”, explica la empresaria.

Cierto que en la caudal existen otros espacios inspirados en ese estilo decadente, pero “la sortilegio aquí no es fake ni fingida, aquí la huella del tiempo es auténtica, entonces la sortilegio que sientes es única porque cero es impostado, todo es auténtico”.

Más incluso, al existir una “carga emocional que es positiva y que sientes inmediatamente”, han tomado una valor: “Hemos hecho sesiones de distinguir”. ¿El resultado? “Nos aseguraron que se sentía la presencia de Candidina, la señora que vivió allí los 90 primaveras”, y explica cómo seguramente le encante el plan que han realizado, “porque ella era muy social, estaba muy vinculada a la moda y le hubiera encantado vivirlo”.

En este espacio, más dócil de pasarse que de describir, es área habitual de conferencia de directores de cine, fotógrafos y actores de series como Gozne de Tronos o The Good Doctor y en él se pueden encontrar “personas que interactúan con el espacio”.

En concreto, la empresaria Luisa Orlando destaca una de ellas, que al igual que ocurre con la estancia, resulta más interesante ir a conocer que describir de ningún modo inexacto: “Con Patricia, que es una de las personas que está en mi equipo, estoy fascinada, una mujer que transmite esa capacidad de hacer lo que uno quiera sin tener miedo de lo que piensen los demás”.

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