Su concierto en El Casa de baños, interiormente de los Atardeceres Larios, explica el éxito y la duración del conjunto madrileño con temas como 'Déjame' o 'La calle del olvido'
El Casa de baños malagueño (o los Baños del Carmen, como prefieran) fue el ámbito incomparable (sentimos el tópico pero es idéntico atendiendo al diseño del escena) en el que Los Secretos desvelaron su secreto en presencia de el conocido que asistió al sonoro de la tercera recorrido de Atardeceres Larios. Álvaro Urquijo, Ramón Riachuelo y Jesús Sin rodeo reconocían que la razón de su lucha, el enigma de su duración, se encontraba en el conocido. En la fidelidad que ha mantenido durante décadas y que se manifiesta en el número de conciertos, casi un centenar, que realizarán en la paseo que les llevará por toda la geodesía española y por países como México, donde actuarán en noviembre próximo a Pancho Varona.
Alma de la Movida
Pero el otro secreto, si se nos permite, son las canciones. Pura artillería para los corazones con algunos kilómetros a sus espaldas. Temas como La calle del olvido, Mi paraíso, Pero a tu banda, Aunque tú no lo sepas, Buena chica o Te he recostado de menos sonaron en los Atardeceres Larios en presencia de un púbico completamente entregado al ritual que ofició, con humor y toques reivindicativos, Álvaro Urquijo, alma de la formación (con mando en plaza en la Movida madrileña) que aún tiene fresco el ejemplar Siempre hay un precio (Espasa) y el disco Desde que no nos vemos (Universal).
Durante todo el concierto, que arrancó a las 21,16 con la luz del día admisiblemente adhesión aún y con una lectura de Échame a mí la yerro de Albert Hammond, planeó el carisma de Enrique Urquijo. Por sus canciones y porque es una herida que nunca se cerrará. Ni en la intimidad de Álvaro, que contó alguna chascarrillo sobre sus primeras experiencias como músicos, ni en el ADN de Los Secretos, cuyas claves conserva celosamente la seriedad, el rictus y el talento del guitarrista Ramón Riachuelo, capaz de hacer en las cuerdas poco comprensible lo que para otros sería difícil.
Lo que vimos sobre el escena malagueño fue una forma de existir, una enunciación existencial en la que la música y la verdad van de la mano. Los Secretos tienen cuerda para rato
Asimismo estuvo muy presente la figura de Joaquín Sabina, al que imitó de forma ejemplar con la ayuda del teclista Jesús Sin rodeo. Las derivas creativas de Luceros de gata y Por el avenida de los sueños rotos nos pusieron en primera ruta el ejemplar tándem musical formado ocasionalmente por el de Úbeda y "Alvarito".
Sobre un vidrio mojado...
Así, sin percibirlo, fue entrando la perplejidad en el ribereño malagueño. En ese malecón habanero llamado El Casa de baños solo faltaba la escaparate llena, que se hizo esperar pero que al final terminó por ser la cereza plateada del evento. Ya con los focos admisiblemente apretados sobre el escena rodaron temas como Déjame, Quiero soplar hasta perder el control, Aunque tú no lo sepas y Luceros de perdida.
Solo un bis, cuando se completaban casi las dos horas de comparecencia, para Agárrate a mí María y Sobre un vidrio mojado, el tema de los uruguayos Kano y los Bulldogs con el que Los Secretos marcaron una época. Gloriosa recorrido de los Atardeceres Larios a la que sucederán, seguramente con parecida intensidad, Tam Tam Go, Marlango, Antonio Carmona, Mikel Erentxun, La Control, Sole Giménez y Anni B Sweet.