Empresas y analistas avisan a Sánchez de que habrá una huida de inversión extranjera

La banca considera que el impuesto extraordinario va a crear inquietud entre inversores y que se trasladará a otros sectores. 

El malestar con el Gobierno es creciente en las plantas nobles de los despachos del Ibex. La atrevimiento de imponer un impuesto extraordinario a la banca por los 'beneficios caídos del firmamento' ha pillado por sorpresa y ha puesto en alerta a muchos otros sectores. Motivos no les faltan. Cuatro horas bastaron tras el anuncio para que los inversores sacaran 5.300 millones en bolsa de los bancos españoles. Toda una muestra de la desconfianza que genera la medida entre los inversores.

Tan asustados están que muchos empresarios hablan ya -sotto voce- de que con este Gobierno cualquiera que gane poco de fortuna está expuesto a que le pongan un impuesto. Incluso hay quien va más allá. Un stop directivo del Ibex 35 avisaba este miércoles de la "huida de inversores extranjeros" que se va a producir en las próximas semanas. 

Se esparce, poco a poco, la sensación de "inseguridad jurídica", y de que en cualquier momento las reglas de encaje pueden cambiar. El mejor ejemplo, explican, ya no es el impuesto a las energéticas (que incluso), es el de la banca. Nadie hasta ahora había mirado a los bancos y, de la sombra a la mañana, les ha caído del firmamento un nuevo impuesto que en el sector consideran totalmente "despótico". 

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Entre los banqueros se recuerda que este nuevo tributo llega en un contexto en el que las perspectivas de negocio empezaban a mejorar sutilmente ya que la política monetaria comienza a normalizarse. "Retornar a tipos positivos es recuperar el funcionamiento frecuente de la política monetaria y permitirá a los bancos alinear su rentabilidad al coste de caudal", explican.  

Creen, por consiguiente, que los ingresos percibidos por ese cambio de la política del Asiento Central Europeo (BCE) es "ilegítimo" y pone en aviso la rentabilidad futura de nuestro sistema financiero. Poco que será esencial si de cara a final de año las cosas se complican. ¿El motivo? Unos bancos rentables y saneados podrán dar crédito y apoyar a empresas y Gobiernos en un contexto de oleaje económica. 

El nuevo impuesto va a impactar de repleto en el coste de caudal de los bancos. Esto hace que la rentabilidad de las operaciones caiga y, por consiguiente, los bancos incrementen el coste de las mismas. En plata, el crédito se encarecerá.

Pero no sólo eso. En los despachos del sistema financiero se preguntan si el Gobierno es consciente de la situación de "desventaja competitiva" en la que van a concluir las entidades españolas frente a las europeas.

La relación banca - Estado

Consideran que se profundiza en la fragmentación bancaria europea, y que ha obligado al Asiento Central Europeo a realizar. Recuerdan incluso que existe una correlación entre la transformación del sistema financiero y los costes de financiación de los Estados. Baste con mirar a lo ocurrido en la crisis financiera para comprobar que cuanto peor le iba a la banca más rentabilidad exigían los inversores al Fisco. 

El enfado en los despachos de las entidades financieras es mayor; y eso que todavía están a la demora de ver cómo se puede articular el nuevo impuesto. Se palabra de que podría hacerse sobre beneficios (aunque las entidades financieras ya están gravadas en el impuesto de sociedades al 30%). 

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Los analistas, en cambio, piensan que podría optarse por la vía de los depósitos y los préstamos. Es opinar, cargar en función del fortuna prestado o 'guardado' de cada entidad. Una situación que podría soportar a que la remuneración del hucha no suba pese al incremento de los tipos de interés. 

Desde el servicio de observación del Santander, en una nota a clientes, estiman que el impacto a dos abriles en el sector sería de un 2,3% de su capitalización combinada; pero el impacto potencial podría ser mucho anciano si se extiende a futuro. 

Y es que varias casas de observación ya dejan conjeturar la posibilidad de que el impuesto que ha comenzado como poco temporal acabe convirtiéndose en poco fijo y que se extienda más allá del 2024. 

Incluso, desde Mediolanum, avisan ya de que "no se puede excluir la posibilidad de que una medida similar se extienda por otros países de la Unión Europea; sobre todo entre aquellos que tienen mayores ratios de deuda sobre PIB". 

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