Cientos, quizás miles. Primero caminando a paso diligente, luego a la carrera. La valla se hace más y más prócer conforme se recorta la distancia. Se respira la licencia, se dibujan los sueños al otro flanco. Se oyen sirenas policiales entremezcladas con gritos y quejas. La valla de Melilla parece inexpugnable, cada vez más entrada; la oportunidad está a unos pocos metros. Hay que subir. Más gritos recorren la columna humana. Cientos, quizás miles. Un objetivo, Europa. La asfixia del sobreesfuerzo atenaza los músculos; el garbo cada vez es más irrespirable. Humo y pelotas de gomas que hay que esquivar en un mejora que se vuelve difícil. Desde la cima puede encontrarse a otros que son reducidos por la policía. La frágil empalizada separa la pesadilla vivida de un sueño que se abre camino al otro flanco. Queda poco, unos metros, apearse y esquivar a los guardias europeos. Hay sentimientos encontrados, unos quedan tendidos al otro flanco, otros corren, lo han conseguido, o al menos eso creían.
Es la historia de una docena de africanos que acusan a España de no haberles permitido tramitar su petición de hospicio, cuando el pasado viernes 24 de marzo lograron cruzar a Melilla y fueron devueltos a Marruecos, sin que se hubiera tramitado su solicitud de protección internacional.
Mohamed, Bachir, Buchra, Tager, Nuridin, Naser, Adam, Musadir, Andala y Abdala son de Darfur, una región del oeste de Sudán sumida en una pugna dura décadas, y denuncian que las autoridades españolas les entregaron a Marruecos, sin permitirles pedir hospicio. RTVE.es tuvo la ocasión de ceder a sus testimonios en Casablanca, donde fueron trasladados por las autoridades alauitas.
Mohamed Mojtar: “No voy a retornar a cruzar a España”
Mohamed nació en Darfur y tiene 25 primaveras. Su comunidad se instaló en un campamento de refugiados en Gezira, una asiento al sur de la haber sudanesa. No recuerda ni un solo día de su vida que no esté acompañado de la pugna. “Salir no fue una atrevimiento mía, la pugna me expulsó”, asegura. Su relato se entrecorta con silencio, no le resulta sencillo contar todo lo vivido. Su ruta migratoria comienza cruzando a Chad y desde allí se traslada a Libia, donde pasa dos primaveras y medio que prefiere no memorar; luego consigue obtener a Argelia, donde posteriormente de un mes, en junio de 2020 cruza a Marruecos, como última escalera para dar el brinco a Europa. Tiene siete hermanos y su comunidad sigue en el campo de refugiados. Él es el único que ha intentado salir.
Llevaba días en la sierra de Nador, en el conocido campamento del Monte Gurugú. La orto del viernes 24 de junio, conexo con otros cientos de africanos, se dirigió a la valla de Melilla. “Subí a la primera valla y logré apearse, corrí a la segunda y incluso logré sobrevenir. No sé cómo lo hice”. Cuenta sorprendido de su resistor. “Me dispararon con balas de condón que me impactaron en las piernas, en la espalda y en la vanguardia”, sigue contando mientras se sube la camiseta para mostrar las marcas de los proyectiles antidisturbios. Un pequeño bulto en la parte izquierda de la vanguardia asoma como prueba del impacto que lo dejó aturdido. Asegura que consiguió obtener a zona castellano.
“Yo estaba exhausto. La gendarmería marroquí me había apaleado mientras subía la valla, muchas pelotas de condón y muy esforzado”, cuenta. “Tenía una herida en la vanguardia y los gases lacrimógenos no me dejaban respirar”, explica y dice que instintivamente sabía que tenía que seguir avanzando, pero que finalmente cayó al suelo y la Patrulla Civil le maniató los brazos a la espalda. “Me golpearon dos veces en la espalda para que no me escapara. Me pusieron conexo a otros chicos y luego nos condujeron a una puerta en la valla para entregarnos a los marroquíes”, concluye entre lamentos.
“Tenía una herida en la vanguardia y los gases lacrimógenos no me dejaban respirar“
Falta más sobrevenir a las manos de los gendarmes alauita fue maltrecho: "Fue entonces cuando perdí el conocimiento”. Al recuperarse vio el despojos de su amigo Hanin a su flanco. La herida en la vanguardia era tan severo que fue trasladado al hospital en una ambulancia “con dos cadáveres”, asegura. Recuerda que fue un momento de impotencia y humillación: “Los gendarmes registraban a los muertos por si tenían capital en los bolsillos, lo cogían y les escupían”.
Le pusieron puntos en la ceja. “Solo curaban las heridas que sangraban. A posteriori me montaron en un autobús con unas 35 personas y me llevaron a Chichaoua”, una asiento situada a unos 100 kilómetros al sur de Marrakech. Los dejaron en una zona de agricultura donde permanecieron unas horas para descansar y luego retomar el camino de revés. “Volví con muchos heridos”, añade. Una ordenamiento cristiana les ayudó a coger un autobús hasta Casablanca. Ahora ha decidido esperar. “No voy a retornar a cruzar a España. Nos pueden apresar. Voy a destapar mi expediente de hospicio con ACNUR en Rabat”. En este trámite deposita toda su esperanza, consciente de que puede tardar primaveras. Pero lleva ya cuatro en ruta: “Libia me ha cambiado, he aprendido mucho sobre la vida. He aprendido a resistir”, concluye.
Buchara Hasan: “El miedo nos persigue”
Tanto la carta española como la internacional garantizan a los solicitantes de hospicio el derecho a no ser devueltos, el problema lo tienen quienes, como Buchra y sus compañeros, no consiguen registrar su petición y quedan fuera del sistema y de la protección temporal. “Nadie nos ha preguntado”, asegura Buchara Hasan, que tiene 36 primaveras y incluso procede de Sudán. “Para cruzar a España entré por una de las puertas que dan al flanco marroquí que había sido forzada, posteriormente subí la valla y salté a Melilla”, asegura. No se hizo daño porque logró apearse toda la valla, pero “la Patrulla Civil española había hecho un cordón para no dejar sobrevenir a nadie, tenían botes de spray para desparramar gases lacrimógenos”.
“No podía ver nulo. Me ardían los fanales, me escocían mucho y me ahogaba entre tanta masa”, relata y asegura que se lo llevaron al otro flanco de la valla donde fue entregado a las autoridades marroquíes. “Me golpearon con porras, en los costados, en el mecenas, en la espalda y en la parte de los riñones”, se queja. Lamentan que se les haya tratado de “terroristas, mafiosos y violentos”. Insiste que él es “refugiado” y necesita un ocupación donde comportarse en paz. “El miedo nos persigue”, dice antiguamente de quedarse en silencio.
“No podía ver nulo. Me ardían los fanales, me escocían mucho y me ahogaba entre tanta masa“
“Me fui de mi país por miedo, en Libia pasé miedo, en Argelia incluso y ahora, en Marruecos, incluso pasamos mucho miedo. El miedo nos persigue”. A finales de 2019 unos milicianos asaltaron su casa y mataron a su mujer. Llevaban poco casados. En ese momento decidió ponerse en marcha. “Lo pasé muy mal en el desierto libio. Muy mal. No tenía capital para sufragar a nadie que me ayudara a obtener a Trípoli”, asegura. Un Estado fallido donde podía ser detenido en cualquier momento, por cualquiera de los bandos que controlan el país. “Vives inseguro en cada momento, incluso el rato que vas a la tienda”, dice. Intentó cruzar el Mediterráneo dos veces. La primera vez fue estafado. Pagó un capital a las mafias a cambio del pasaje, pero el delirio nunca se llegó a hacer. Tuvo que retornar a asomar a dosificar, trabajando en lo que encontraba para retornar a intentarlo una segunda vez, pero en esa ocasión fueron interceptados por los guardacostas libios. “Estuve seis meses en un centro de detención. Nos maltrataban. No se podía amodorrarse ni ingerir. Nos vendían a los grupos armados”. Eran 300 personas que, tras meses de averno, lograron escapar. Denuncia que les violaban, que quemaban plástico y se lo ponían en la espalda, entre otras prácticas de torturas. “Muchísima masa muere en estos centros”, dice emocionado.

Al año salió de Libia y llegó a Argelia, contaba con poco de capital, así que pudo coger autobuses hasta la frontera con Marruecos, pero su intento de cruzar se vio frustrado por la gendarmería argelina, que le advirtió con deportarle a Níger. La amenaza se cumplió cuando, días posteriormente, fue sorprendido en un segundo intento. “Nos montaron en un autobús, éramos unas 20 personas de distintas nacionalidades, había masa de Camerún, de Guinea-Bissau, del Congo, de Senegal…”. Dice que les abandonaron en la frontera con Níger.
“Níger es un desierto infructifero”. Asegura que no hay ninguna posibilidad de quedarse en ese país, allí se encontró con que las autoridades de Argel estaban entregando a centenares de personas a las nigerinas. Estuvo unos días en un centro en Agadez que gestiona Naciones Unidas. “Lo único bueno era que comíamos dos veces al día”, dice. Allí solo le ofrecían retornar a Sudán, poco que le aterraba. Por lo que decidió retornar a ponerse en marcha.
De Níger fue a Burkina Faso, para luego cruzar Mali y finalizar en Mauritania. “En los dos países se encontró con problemas porque iba completamente indocumentado”, asegura. “Me hice amigo de la persona que me detuvo y me hizo un papel para cruzar a Mauritania”, asegura. “En Mali me encontré a un señor bueno que me ayudó a obtener a Mauritania”, añade. Ya en Mauritania “me fui buscando la vida para cruzar el país”, continúa relatando, luego llegó al Sáhara Occidental y desde allí puso rumbo a Marruecos. “Los marroquíes me detuvieron, pero les dije que no me demoraría en el país, que quería ir a Europa y entonces me soltaron”, asegura. “Quería cruzar, pero no tenía capital para la patera”, concluye.
Addamba Adijabar: “Yo una vez entré por Ceuta y incluso me devolvieron”
Arribar a zona castellano, según sus testimonios, no es seguro. Addamba Adijabar incluso pasó por Chad, vivió los horrores de Libia y cruzó Argelia hasta obtener a Marruecos. Llevaba tres primaveras de travesía. Ha intentado cruzar por Ceuta hasta en vigésimo ocasiones. El pasado mes de diciembre, consiguió saltar la valla. “Salté a las nueve y no había nadie”, asegura. Pero se hizo tanto daño que no podía moverse. Estuvo dos horas tirado sin que lo viera la Patrulla Civil. Al rato, se fue gateando poco a poco a los bosques de Ceuta. “Calibrado allí estaban y me pillaron”, asegura. Entonces, dice, le subieron a un coche, hicieron varias llamadas y, finalmente, le entregaron a las autoridades marroquíes. “Me llevaron ellos al hospital, se me rompió un tobillo y me hice daño en la columna”, asegura.
Retrato de Addamba Adijabar un novicio sudanés que intento cruzar la valla de Melilla JAIRO VARGAS
El 3 de marzo incluso lo intentó cuando se produjo un brinco de 700 personas a Melilla. “Conseguí saltar a España, pero me golpearon y me caí. Perdí el conocimiento y me desperté en Marruecos”, dice. El pasado 24 de junio lo volvió a intentar. Cuando cruzó la primera puerta entró en pánico y quiso retornar. “No llegué a sobrevenir el quitamiedos de la carretera”, dice. Se acordó de lo que vivió en las veces anteriores y se rindió a la Patrulla Civil que, asegura, lo entregó a la gendarmería alauita. “Me acordé de todas las palizas y golpes que me habían hexaedro y me hice el muerto”, indica señalando uno de los videos donde se observan, amontonados en el suelo, los heridos y muertos del pasado día 24 de junio en Melilla.
“Me manché con la crimen de otros hermanos” para esquivar las palizas de los guardias marroquíes. “Lo intentaré tantas veces como haga error”, dice. Su raíz y sus dos hermanos murieron en la pugna de Darfur. En 2017 su hermana se ahogó al intentar cruzar el Mediterráneo. “Esta es la única vía que queda”, insiste.
“Me acordé de todas las palizas y golpes que me habían hexaedro y me hice el muerto“
CEAR: "Ninguna persona de las que entraron tuvieron paso a socorro judicial"
Las entrevistas han durado horas. Los detalles de los testimonios son importantes, pero lo cierto es que es su voz contra la de las autoridades españolas. El Tarea del Interior, preguntado por RTVE.es, reconoce el "rechazo en frontera" de un centenar de personas y niegan que se haya "devuelto a heridos". Organizaciones como la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) denuncian que “de los testimonios gráficos que hemos podido ver y los testimonios de las personas a las que hemos tenido paso, hay constatación de que ninguna de las personas que pisaron zona castellano tuvieron paso a socorro judicial, intérprete, ni pudieron ceder a solicitar protección internacional”, explica a RTVE.es Sino Galan, secretaria común de CEAR, quién encima recuerda que la sentencia del Tribunal de Estrasburgo recoge que cualquier ‘rechazo en frontera’ debe realizarse cumpliendo todas las garantías jurídicas, y “esto no se ha producido”. Encima, recuerdan que España concede el hospicio al 88 % de los sudaneses.
La Fiscalía Común española ha descubierto una investigación sobre la crimen de al menos 23 personas según fuentes oficiales, aunque las oenegés elevan el número de fallecidos a 37 . La atrevimiento llega posteriormente de que el comité de Naciones Unidas para la Protección de los Trabajadores Migrantes y sus Familias haya instado a los gobiernos de España y Marruecos a destapar "inmediatamente" una investigación "exhaustiva, independiente y transparente" sobre el brinco a la valla de Melilla para esclarecer si perdieron la vida "al caer de la valla, en la desbandada o como resultado de alguna bono de los agentes de fronteras".
A lo extenso de estas entrevistas nos han ido mostrando videos, fotos y las heridas en la piel. Naser se reconoce en la foto que se muestra a continuación en el flanco castellano. Tayer se ve en unos de los videos, en unas imágenes poco nítidas, pero que escolta gran parecido con él. Ellos reconstruyen lo sucedido, conocen los nombres de los que aparecen muertos en el flanco marroquí. Coinciden con las organizaciones no gubernamentales que estos días están pidiendo una investigación independiente.
“Lamentablemente tenemos que confirmar con contundencia que en la tragedia de Melilla del pasado día 24 se produjeron devoluciones ilegales o en caliente, vulnerándose el ‘principio de non refoulement o no devolución’ con personas cuya vida corría peligro”, concluye Novio. Insiste en que podrían considerarse devoluciones sumarias porque se ha puesto de manifiesto que la devolución se produce sin el cumplimiento de un procedimiento judicial.
Naser entre un camarilla de migrante que lograron cruzar la valla de Melilla AP
Al pisar Europa han recostado en error ser escuchados. La oportunidad de exponer su caso, de relatar las torturas sufridas en los centros de detención y las violaciones a manos de los agentes libios. Que huyen de los horrores de la pugna o que han nacido en un campamento de refugiados. “Si tuviera la oportunidad de contarles, si supieran lo que he vivido…” concluye Buchara.