Los cineastas Joe y Anthony Russo dejan un momento el universo de Marvel para originarse una nueva franquicia sobre un criminal del Gobierno indiano traicionado por los suyos. Poco nuevo bajo el sol, pero la película entretiene
Estos mismos días, John Bolton, ex asesor de seguridad doméstico de Trump, ha dicho que trataron de organizar golpes de Estado en Sudamérica pero no les salió perfectamente. Autores como Chomsky o Howard Zin se han dedicado a contarnos, con toda seriedad, el amplio historial de barbaridades de los servicios secretos estadounidenses por el mundo.
La ficción, por supuesto, ha explotado a fondo esos lugares de sombra y no hay un solo agente occidental que en algún momento no se haya colocado en contra de aquellos a quienes debe proteger, James Bond, el más pulcro de todos, incluido. Triste destino el suyo, ya que, en una existencia cada vez más multipolar y compleja que supera la vieja división de la Lucha Fría entre buenos y malos, desde Bourne pasando por Jack Ryan, todos los matarifes acaban siendo víctimas de alguna guisa de sus propias acciones en presencia de un Gobierno que los utiliza para enjuagar los trapos sucios y los abandona cuando ya no le interesan.
El agente invisible, basada en una novelística de Mark Greaney, tiene como protagonista a Sierra 6 (Ryan Gosling), un tipo que al principio del filme es reclutado en una prisión por la CIA para que forme parte de un cuerpo supersecreto de asesinos de elite.
Acto seguido, lo vemos 18 primaveras posteriormente en Hong Kong, donde es enviado para matar a otro de sus objetivos. La cosa se tuerce cuando el sicario se entera de que el hombre que debe matar es uno de los suyos, Sierra 4, y decide huir con información comprometida para evitar que le pase lo mismo. A partir de aquí, comienza la búsqueda.
Su contrario es un tal Lloyd Hansen (Chris Evans), un sociópata sin escrúpulos morales dispuesto a desafiar muy abandonado para desbordar con la suya. Y ahí está Ana de Armas, otra de esas agentes invisibles que podría ayudarle, o no.
Con un presupuesto de 200 millones de dólares, se dice rápido, El agente invisiblejuega a fondo con todos los clichés del apartado: escenarios internacionales (recorren fielmente medio mundo), escenas de movimiento espectaculares, muchas explosiones y un héroe infatigable pero dolido por la traición de los suyos.
Detrás de la cámara, Joe y Anthony Russo, cineastas curtidos en el apartado de movimiento con películas como Los vengadores (Infinity War y Endgame) o la dinastía del Capitán América (con el propio Evans de bueno).
Se nota que los directores se mueven como pez en el agua en este tipo de producciones en una película que no da respiro y cuya máxima parece ser liarla cada vez más parda. Gosling corre mucho y la pasta que ha costado el asunto se nota.
El agente invisibledivierte pero no tiene la encantamiento de otros grandes títulos similares como Ocupación irrealizable o el propio Bourne. Detrás de tanto ruido no queda muy claro qué pretenden contar los Russo que no sepamos.