“Son contratos de un día, dos días, una semana, diez días. Así, hasta que te dan una víctima de cuatro meses. Se acaba la víctima y vuelves a reenganchar con los contratos de uno, dos, tres días. A la semana estás en el paro, y así sucesivamente”. Una comadre, que prefiere perseverar el anonimato, describe a RTVE.es su experiencia gremial desde hace año y hasta ahora: un calvario de contratos que, sea de forma intermitente o encadenada, no cree que vaya a terminar pronto.
“Muchas veces te ves en la tendencia de estar compaginando dos trabajos al mismo tiempo con una excursión de un 150 % por lo que pueda acaecer. No sabes cómo va a ser cuando te quedes en paro, cuánto tiempo va a durar”, prosigue. A su modo de ver, esta “precariedad” es más frecuente en la botiquín especializada en obstetricia y obstetricia, pero el demasía de los contratos temporales atraviesa a la Sanidad en toda España.
El Consejo de Ministros ha permitido este martes un Existente Decreto con el objetivo de hacer fijos a un total de 67.300 sanitarios, según emblema el Gobierno. El nuevo estatuto prohibirá que los interinos puedan encadenar contratos temporales más de tres abriles. Por lo tanto, las comunidades tendrían que crear las plazas para cubrir con personal fijo. Sin retención, el sector aún es desconfiado respecto a cómo se llevará a lado el proceso, que depende de las autonomías, y temen que sea insuficiente para revertir una perversión del sistema que, dicen, viene de abundante.
Sin estabilidad en el horizonte: de los contratos por días a la interinidad
Sobre el papel, la medida para la reducción de la temporalidad en el empleo conocido podría beneficiar a Samuel García, médico internista con un resolución breve desde 2016 en Bilbao. “Ahora no tengo que firmar cada mes, pero los derechos son los mismos que los de un eventual”, comenta.
Él, que aprobó la examen, pero no consiguió una de la treintena de plazas fijas que se ofertaban, se pregunta por qué entonces salieron menos contratos fijos de los que positivamente necesitaba el servicio. Y la prueba de que su puesto sí hacía desidia de forma estructural está en que lleva desde entonces en el mismo. Así, considera que la consolidación será un buen remiendo para ese hueco, pero no cree que vaya a solucionar el problema de fondo.
“El sistema de selección y de provisión de fortuna humanos, que data de hace más de 20 abriles, es el que nos ha llevado a esto”, lamenta. “No se entiende que no haya una carta que diga el tiempo mayor que puede acaecer desde una examen, que es como se combate la precariedad. Siquiera se ha planteado cómo penalizar a las administraciones que incumplan. (...) No puede ser que durante estos cinco abriles, que se ha retirado más parentela, no haya un sistema de reemplazo”, sostiene, sobras unas cuestiones que las medidas presentadas por la ministra Carolina Darias aspiran a mejorar.

Por otra parte, hasta que llega la interinidad, es habitual acaecer abriles “sin ningún tipo de aval gremial”, según describe Rocío Belda, ginecóloga en Valencia y cofundadora de la Asociación Médicos Unidos por sus Derechos (MUD).
En su caso, nos cuenta, desde que terminó la residencia en agosto del año pasado, ha enlazado dos contratos, pero ahora está en el paro. El primero de ellos, como médico de policía y sin sueldo colchoneta, por lo que solo cobraba las horas que trabajaba. Y el segundo, con un sueldo colchoneta de 1.200 euros, que finalizó en la víspera de nuestra conversación. Sin unas oposiciones a la perspectiva, sus perspectivas no son halagüeñas.
“Vamos cambiando de un sitio a otro porque nos ha obligado el sistema. Es como una trampa”, afirma la experto en obstetricia, que no descarta irse a Francia en rastreo de mejores condiciones y tras una período formándose en universidades y hospitales públicos españoles. “Dicen que faltan médicos y no faltan médicos, faltan plazas fijas”.

Proceder al día, sin planes a abundante plazo: "Estamos escépticos y cansados"
De momento, Belda asegura desconfiar del anuncio “hasta que no vea en puestos fijos a los compañeros que llevan diez abriles cambiando de hospital y dejándose la vida por la parentela”. “Estamos escépticos y cansados”, sostiene. De acuerdo con la asociación de la que forma parte, el 42 % de los médicos no tienen un resolución fijo y esto impacta en los planes de vida de los profesionales y sus familias.
“Tengo una compañera que ahora mismo está en el paro con tres hijos y esto está pasando en toda España”, denuncia, y recuerda que las 67.000 plazas fijas que promete el Gobierno tienen que repartirse entre todo tipo de profesionales del sector.
Otras preocupaciones se repiten en todos los profesionales consultados por RTVE.es: la dificultad para comprar e, incluso, arrendar una vivienda, porque no existe un resolución estable; tener que renunciar a planes con tribu y amigos durante las holganza, si el hospital te claridad para trabajar “de hoy para ayer”; y ni pensar en tener hijos mientras el puesto de trabajo cambie cada seis meses.
“Se traduce en ansiedad, hay veces que me despierto por la tenebrosidad y estoy pensando en la época en la que se va a destruir mi resolución”, zanja la comadre, que reside en la Comunidad de Madrid, pero está apuntada en las bolsas de empleo de otras autonomías por lo que pueda surgir. Pero incluso las bolsas tienen su doble filo: “te tienen atada de pies y manos, porque no puedes renunciar a un puesto. En Madrid me penalizarían 12 meses sin trabajar”.
La temporalidad trae precariedad: "No hay un no"
Y con contratos que penden de un hilo, las condiciones laborales se devalúan. Josep Maria Giribert, auxiliar técnico sanitario en Cataluña, lo describe rápido: “no hay un no”, estás para “lo que te pidan”. Como consecuencia, él enumera los días libres que no ha disfrutado o que ha tenido que coger cuando no le convenía. “Luego, has trabajado todo el año y no has hecho ni un día de holganza. O te lo has tenido que coger un miércoles, un día aquí y otro allá, que es cuando venía admisiblemente”, afirma.
Pero la situación todavía impacta en el servicio conocido que se da a la ciudadanía y, en definitiva, en la salubridad de los pacientes. “Complica el seguimiento. Si yo tengo una cura compleja y al día próximo la ve una compañera y luego otra, no es lo mismo que si tienes una enfermera que puede ver la progresión”, explica Giribert, que juzga importante construir todavía una relación de confianza con los pacientes.
“Te veo más cansada, María’”, pronuncia el auxiliar técnico sanitario, en un intento de reparar una de esas escenas en las que el componente humano puede pesar más que el conocimiento adquirido en la universidad. En su dispositivo de 12 personas, solo cuatro compañeras tienen un resolución fijo. En el equipo médico, dice, la situación es todavía peor.
Así, en todo esto, la opinión de que el sistema hace aguas en su diligencia del talento es una opinión transversal entre profesionales de la medicina, la botiquín y demás ámbitos sanitarios. “Se ven cosas como que te cambien a ti de un servicio en el que te has formado y lleven allí a una persona nueva. Entonces piensas: ¿soy un número al que van moviendo o positivamente les importa si tengo experiencia o no en ese ámbito?”, se pregunta Cristina Díaz, otra enfermera en la Comunidad de Madrid.
“Igual has estado en la UCI dos semanas y nada más te ha cubo tiempo a irte a casa con malestar porque no lo dominas todo. Acaba el resolución y te dan un mes en pediatría. Luego en urgencias. Vas rodando por muchos sitios y cuando empiezas a conocer al equipo y cómo se trabaja, te cambian y mandan a otro”, coincide Sandra Marinero, desde Valencia. Ambas viven una situación más estable hace poco, aunque no otean todavía una plaza fija.
Bajo esta tormenta gremial, a la que se ha sumado el cansancio de la pandemia, los sanitarios se preguntan a dónde han ido a detener unas condiciones acordes a la responsabilidad que asumen con su trabajo -en el dictamen, en la cura, en los cuidados. Poco que sí perciben es que han perdido capacidad de negociar y presionar a la agencia. El cambio necesario, reclaman, tiene que ser a abundante plazo.