La desigualdad también está en el descanso: casi el 40% de los españoles no puede permitirse vacaciones

Aunque sean un derecho profesional, las holganza y el refrigerio no siempre están al resonancia de todos.

Desde que se conquistaron derechos como la viaje de ocho horas o la prohibición del trabajo de niño, el tiempo de refrigerio y el ocio han ido cada vez más de la mano del consumo y, por lo tanto, irse de holganza depende directamente de la capacidad económica.

Según la última pesquisa de condiciones de vida publicada por el Instituto Franquista de Estadística (INE), casi el 40% —en torno a 18 millones de personas— no puede permitirse ni siquiera una semana de holganza al año. Esta número ha crecido casi cuatro puntos con respecto al antedicho penetración, realizado en 2019, un año ayer de la pandemia.

Por otra parte, el documento refleja que el porcentaje de población con ingresos por debajo del principio de aventura de pobreza todavía ha crecido con respecto al año antedicho. Y ha aumentado el número de personas en España en aventura de excepción social: los mayores de 65 abriles son el agrupación de población entre el que más se ha disparado la pobreza.

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"Los poderes públicos garantizarán el refrigerio necesario, mediante la inconveniente de la viaje profesional, las holganza periódicas retribuidas y la promoción de centros adecuados". Es lo que dicta el segundo punto del artículo 40 de la Constitución Española, y nuestra reglamento establece un imperceptible de 30 días naturales de refrigerio remunerado para los trabajadores asalariados.

Este derecho no es nuevo, en la Segunda República ya quedaba agradecido el refrigerio con paga, y todavía está reflejado en la Manifiesto Universal de los Derechos Humanos. Sin secuestro, para muchos trabajadores, como los autónomos o los becarios, las holganza siguen siendo una utopía, igual que para aquellos a quienes, por motivos salariales, no les alcanza para disfrutar de unos días libres.

Cuestión de clase y clase

Por lo tanto, aunque existe el derecho a descansar, la condición socioeconómica influye directamente en la capacidad de poder disfrutarlo, y la desigualdad todavía queda cédula en un aspecto en el que, de antemano, todos los trabajadores son tratados igual.

Por otra parte, sobre todo en el caso de las mujeres, aunque tengan días libres y puedan permitirse holganza, en muchas ocasiones se enfrentan al trabajo no remunerado. La socióloga y profesora de la Universidad Oberta de Catalunya, Natàlia Cantó asegura que "especialmente las mujeres siguen ocupándose durante el verano de todas aquellas tareas que están invisibilizadas".

Y añade: "No pueden opinar a sus hijos que del 1 al 31 de agosto no comerán porque mamá necesita desconectar. Estas cuestiones no nos vienen a la comienzo cuando hablamos del verano, pero son la verdad de mucha parentela".

Cantó apunta a otra cuestión que afecta especialmente a los jóvenes: la trámite de las expectativas que se generan en torno a las holganza. "Cuando un gurí de primaria o secundaria vuelve a la escuela en septiembre, lo primero que le preguntan es qué ha hecho durante las holganza. En ese primer día, el gurí que se ha quedado en casa puede resistir a mentir o a sentirse mal porque no se lo ha pasado proporcionadamente por no activo ido a ninguna parte. Esto tiene unas consecuencias sociales muy importantes".

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Se diluye el empleo estable

La dinámica económica contemporáneo está ocasionando que, desde hace varios abriles —en distinto tras la crisis de 2008—, en muchos países desarrollados, los empleos estables –con convenio indefinido, holganza pagadas, derecho a desestimación por enfermedad, representación sindical, etc.– estén desapareciendo en auspicio de fórmulas contractuales precarias.

Según la Oficina del Detención Comisionado para los Derechos Humanos (OACNUDH), en el mundo contemporáneo el rol de los trabajadores se parece cada vez más al de "adolescentes echando una mano en una empresa ascendiente". Y en vez de trabajos estables que garanticen estabilidad y protección, ahora la temporalidad es muy habitual, y en muchos puestos solo “se adquiere poco de experiencia y se anhelo un poco de cuartos” ayer de saltar a otro trabajo.

El organismo insiste en que el concepto de trabajo como equivalente de salario digno y un empleador con obligaciones sobre sus trabajadores se está erosionando, incluso en en países donde estaba muy implantado —principalmente en las socialdemocracias que surgieron tras la Segunda Desavenencia Mundial—.

La ONU recuerda que las propias empresas tienen la responsabilidad de respetar el derecho al refrigerio y al tiempo vacuo. Esta responsabilidad se aplica a lo espléndido de toda la condena de suministro, y significa que una empresa debe considerar si alguna de sus actividades u operaciones conlleva que sus empleados sufran una carga de horas de trabajo.

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