El estudio de 2010 que alertaba de la viruela del mono y todos ignoraron: por qué está descontrolada

La subestimación de la expansión del virus, la posibillidad de transmisión asintomática y la errata de vacunas comprometen la capacidad para contenerlo.

En febrero de este año, un artículo advertía del incremento de casos de viruela del mandril en África y de la posibilidad de que el virus generara alertas sanitarias fuera de este continente. El trabajo pasó desapercibido y, cuando empezaron a darse los primeros casos en países donde no era endémica (como España), muchos lamentaron la sempiterna ceguera de los países desarrollados delante lo que ocurre aproximadamente. Este problema, no obstante, era mucho peor: las advertencias se pueden rastrear desde hace más de una división.

Una publicación de septiembre de 2010 en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences daba cuenta de que los casos en República Democrática del Congo se habían multiplicado por 20 desde 1980 a los primaveras 2000, sobre todo en zonas rurales, y lo asociaba al fin de las campañas de inmunización de la viruela.

Sus autores, comandados por Jean-Jacques Muyembe, del congoleño Instituto Franquista de Investigación Biomédica, ya avisaban de que la inacción respecto al virus ponía en peligro una amoldamiento mejorada a los seres humanos (los casos de transmisión entre personas eran raros en un principio) y suponía una "oportunidad perdida para combatir la infección mientras su extensión geográfica es limitada".

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En aquel trabajo se llamaba la atención sobre la población que podía estar más expuesta al virus, aquella que no había sido vacunada contra la viruela. Los nacidos a partir de 1986 tenían peculiar relevancia: entre los factores asociados con un incremento del peligro de infección estaba ser hombre y tener menos de 15 primaveras. Los vacunados, por el contrario, tenían cinco veces menos peligro de contagiarse.

"La emergencia de la viruela símica humana tiene, potencialmente, serias consecuencias para la lozanía pública en las poblaciones de la República Democrática del Congo pero además puede ser un problema mundial", apuntaban los científicos hace más de diez primaveras.

Este estudio ponía como ejemplo el brote ocurrido en Estados Unidos en 2003, conexo a perritos de las praderas infectados por roedores importados desde Ghana, y advertía del peligro que suponía que el virus encontrara un reservorio animal fuera de África. Como se comprobaría primaveras posteriormente, eso no iba a ser lo peor.

Transmisión de humano a humano

A finales de la división pasada se dio el segundo aviso: un estudio de 2019 daba cuenta del brote de viruela del mandril surgido dos primaveras antaño en Nigeria, de donde procede la reforma que se ha expandido por Europa, dejando 13.000 casos confirmados en el continente hasta el momento.

La novedad de este estudio era que concluía que el virus se estaba transmitiendo entre personas, no de animales a humanos. Además daba cuenta de que, mientras que el virus hasta el momento infectaba sobre todo a niños, los protagonistas del brote estaban siendo los hombres jóvenes. La OMS, en un crónica sobre este brote, ya subrayaba la escazes de estudiar si era posible la transmisión a través del contacto sexual.

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La errata de previsión es solo uno de los factores para explicar por qué la viruela del mandril nos ha pillado a todos desprevenidos. Más de tres meses posteriormente de que saltara la aviso y casi un mes posteriormente de que la OMS declarara la emergencia internacional, todavía hay muchas dudas sobre el virus, pero la principal es: ¿por qué no se ha frenado todavía su propagación?

"Cuando lo hemos detectado, ya teníamos muchos casos en Madrid, el virus estaba circulando sobre todo en entornos de hombres que mantienen sexo con otros hombres y acuden a fiestas de chemsex, tienen relaciones promiscuas sin protección", explica Francisco Javier Membrillo, portavoz de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica, a EL ESPAÑOL.

El médico cree que no hay una percepción del peligro que supone el virus en el que es, de momento, el corro más expuesto. Tras la venida en el postrero quinquenio de la profilaxis pre-exposición del VIH (que evita el contagio), "han perdido el miedo a las enfermedades de transmisión sexual y tienen la sensación de que las demás se tratan fácilmente con antibióticos".

Con todo, la viruela del mandril no se circunscribe a este corro. De los casos con información habitable en España, el país europeo más afectado, el 79,8% se explican por contacto cercano en el contexto de una relación sexual, y el 8,9% por contacto cercano no sexual. En cuanto a la subsidio a eventos multitudinarios (como puede ser la celebración del Orgullo), de los 4.053 que se conoce esta información, solo 743 acudieron a un evento de este tipo en las fechas previas al inicio de síntomas.

Casos asintomáticos

Precisamente los síntomas pueden dar otra esencia para comprender por qué está costando contener la expansión de un virus mucho menos transmisible que la Covid: ya se ha comprobado que el contagio por gotas procedentes de la respiración es, en el mejor de los casos, accidental, y todavía no está clara que se transmita sexualmente, aunque se ha enemigo ADN de virus en el semen de personas contagiadas.

A finales de la semana pasada se publicó en Nature un estudio de tres casos asintomáticos detectados en Bélgica, abriendo la posibilidad de un número oculto de personas con la infección que no son conscientes de portarla.

Los autores del trabajo apuntan que "estos hallazgos muestran que ciertos casos de viruela del mandril permanecen sin diagnosticar, y sugieren que los tests y las cuarentenas de individuos que reportan síntomas pueden no ser suficientes para contener el brote".

En un hilo de Twitter, el director del Observatorio de Salubridad Pública de Cantabria, Adrián Aguinagalde, ha analizado el impacto que esta posibilidad supone para el control de la enfermedad. "Ya se puede insistir en el rastreo que, cuando hay casos asintomáticos y eventos de superdiseminación, ya no hablamos de control (o contención) sino mitigación hasta que la inmunización avance lo suficiente".

Membrillo, que ha coordinado a las sociedades científicas para consensuar la atención a los pacientes hospitalizados por viruela del mandril, considera que todavía es pronto para evaluar el posible impacto de la transmisión asintomática del virus. "No tenemos claro cuál es verdaderamente el papel de los casos asintomáticos que se han detectado, es una información muy fresco", explica.

Donde sí coincide el infectólogo es en que, hasta que no haya vacunas suficientes, no será posible ganar tiempo la expansión del patógeno. "Deberíamos tener entre 100.000 y medio millón de vacunas para inmunizar a todo el corro de peligro y cortar la transmisión definitivamente". Lo malo: "Ahora mismo, no hay disponibilidad en Europa de vacunas, ni fabricación, para poder realizar esta campaña". De momento, a España han llegado 7.000 vacunas.

La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios ha pedido a la agencia europea (la EMA) que analice la posibilidad de 'expandir' las dosis disponibles sustituyendo la inmunización subcutánea por intradérmica, debajo de la capa superior de la piel. Esto permitiría cinco dosis por viario en sitio de una. Un estudio publicado en 2015 avalaba esta posibilidad y la agencia estadounidense, la FDA, ha tomado nota.

Hay una última vía abierta que dificulta la diligencia de la viruela del mandril a nivel mundial. Un trabajo que acaba de publicarse en la revista BMJ Open advierte de la heterogeneidad y depreciación calidad de las guías clínicas actuales para el tratamiento de los infectados con el virus.

Los investigadores hicieron una búsquda de estudios y otros documentos, hallando solo 14 guías relevantes, advirtiendo de que carecen de suficiente detalle y atención a distintos grupos de peligro. Por ejemplo, solo 5 de ellas ofrecen recomendaciones para el manejo de casos infantiles, y solo 3 para mujeres embarazadas o personas con VIH. Adicionalmente, solo 4 de las guías mencionan el antiviral más recomendado para el tratamiento, el tecovirimat, del que han llegado a España tan solo 36 envases.

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