Isabel II supo siempre combinar sus responsabilidades con sus aficiones. Muchas de las segundas derivaban de las primeras, como es el caso de los caballos. Conocedora de este universo desde perfectamente pequeña, en la hogaño tenía más de 30 ejemplares compitiendo. Le gustaba mucho ir a verlos a las carreras, aunque su entorno dice que de ningún modo apostaba por ellos.
Pasión por los perros
Pero, por encima de su bienquerencia por los caballos, estaba su adoración por los perros. Sobre todo por los corgis, una raza creada por su padre y por la que toda la grupo ha sentido siempre pasión. La primera que tuvo fue Susan. Se la regalaron cuando cumplió la mayoría de momento y se convirtió en su fiel compañera acompañándola, incluso, a la universidad. Cuando murió inauguró el panteón de los canes reales, que todavía hoy tiene su espacio en los jardines reales.
Desde entonces, han pasado por sus brazos más de treinta perros, algunos de los cuales han hecho historia, como los que aparecieron con ella en la inauguración de los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Todos ellos han tenido su adaptación en palacio y han degustado manjares servidos por un camarero auténtico. Eran el ojo derecho de la Reina y su bienestar estaba por encima de todo. De hecho, cuando la monarca intuyó que su vida no podía durar mucho más, puso los medios para que las camadas dejaran de procrear. No quería dejar ningún perro huérfano.
Aficionada a los coches
Pero tenía otras aficiones quizá menos previsibles en una reina. Por ejemplo, los coches. Le encantaba conducir, y como de puertas para fuera siempre iba con chofer, aprovechaba cualquier rato vacuo para coger el coche adentro de palacio. De hecho, sabía mucho de mecánica. Los motores tenían pocos secretos para ella.
Luego sí hacía las colecciones propias de su condición: sellos, monedas… seguramente más por inercia que por interés. Y lo que sí le gustaba mucho era ingerir. Disfrutar de platos variados y elaborados, acompañados a veces de un gin tonic “con mucho hielo y hierbas aromáticas de los jardines reales”. Su entorno asegura que siempre bebió con moderación.
Y entrando en terrenos más íntimos por desconocidos, se dice que era seguidora del Conjunto y que su congregación preferido era ABBA. Su canción fetiche: Dancing Queen. Mucha casualidad.