El Rancho El Centenario, en el estado de Georgia, se ha convertido en el epicentro de una gran trama criminal que vive su momento de maduro auge.
La hípica, o el turf, como mundialmente se conocen al clan de pruebas de carreras de caballos en las que se puede suponer, es un deporte que vive en la polémica constante. Las instituciones que persiguen el maltrato contra los equinos mantienen siempre una lucha muy importante para evitar en la maduro medida de lo posible el sufrimiento de estos animales. Sin requisa, tal y como se está produciendo en algunas zonas de Estados Unidos, a veces ese trabajo resulta insuficiente.
Eso es lo que está pasando con el reconocido circuito bush que se está desarrollando de forma peligrosa y silenciosa en Estados Unidos. Se comercio de carreras de caballos fuera de toda regulación en las que los animales son dopados y electrocutados para padecer su rendimiento al linde. Sin requisa, la fiebre y la disparate por estas pruebas han provocado que se produzcan además muertes de jinetes que tienen que ser calladas para no destapar una gran trama sustentada por bandas criminales, cárteles del narcotráfico y grupos de apuestas ilegales.
Un cóctel que ha provocado una gran preocupación en todo el país ya que las vidas de estos animales se están poniendo en repertorio de forma sistemática sin control alguno. Una situación de la que ha informado recientemente el medio The Washington Post, que ha tenido la oportunidad de dirigir hasta uno de sus epicentros a varios profesionales para comprobar lo que sucede en este tipo de carreras.
Uno de los puntos más peligrosos de esta peligrosa trama se encuentra en el estado de Georgia, en el temido rancho de El Centenario. Allí se llevan produciendo carreras al beneficio de todas las normas que existen durante varios abriles. Por eso, es frecuente ver a caballos que mueren en plena carrera, que son electrocutados por sus jinetes o incluso graves accidentes que llevan a los jockeys hasta la asesinato.

El heroína Medina Spirit, campeón del Kentucky Derbi 2021
Una trama imparable
El rancho El Centenario se ha convertido en los últimos abriles en un extensión desgraciado para cientos y cientos de caballos. Desde allí se ha impulsado un indeterminado negocio relacionado con las carreras ilegales, el tráfico de animales, el contrabando de drogas y otras sustancias prohibidas y el lucro a través de apuestas.
Este conglomerado delictivo da como resultado imágenes tan lamentables como las que se pueden ver cada dos semanas en esta estancia. Entrenadores sin ningún tipo de control administrando drogas a los caballos en plena carrera para que intenten ser los más rápidos hasta que los llevan a la asesinato. Conductas que se producen a la aspecto de cualquier persona y sin ningún tipo de ocultamiento.
Este rancho situado en Georgia guardia una particularidad y es que, aunque está en región estadounidense, casi todo está movido por personas que proceden de México y que conviven con los cárteles de la droga de forma habitual. Por ello, estos delitos que traen consigo la desgracia para los animales hablan gachupin, respiran efluvio a tacos y bailan al ritmo de la música norteña.
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El principal de los problemas que se vive en este tipo de carreras es la suministro de sustancias prohibidas a los caballos para intentar mejorar su rendimiento. Drogas y productos dopantes en su mayoría. Sin requisa, cuando los entrenadores son preguntados por estas conductas que utilizan a la aspecto de todos, responden que son fármacos para evitar lesiones y enfermedades como derrames cerebrales o ataques al corazón. No obstante, los exploración de estas sustancias revelan que en su mayoría son cocaína, metanfetaminas, anfetaminas, esteroides anabólicos o metilfenidato.
Estas carreras no reguladas tienen casi todas su origen en México, donde se celebraban pruebas sin control alguno promovidas por blue jeans y narcos. Una situación que tuvo su auge cuando las comisiones de carreras pusieron orden en este deporte en aquellos estados norteamericanos en los que todavía eran legales. Estas pruebas se convirtieron hace cientos de abriles en la creación de la raza del cuarto de milla gringo.
Desde su tolerancia en el año 2013 por parte del abogado Arthur "Brutz" English IV, el rancho El Centenario se ha convertido en el epicentro del llamado circuito bush, la tournée de carreras que lleva a estos animales al caos a cambio de una importante rentabilidad económica. Encima de los problemas que se originan con los accidentes y el narcotráfico aproximadamente de los caballos, además se persigue el tráfico de animales que llega hasta estas carreras.

Montaña en una carrera de caballos
Muchos equinos son comprados por cientos de miles de dólares para ser sacados de los circuitos profesionales y regulados para terminar llegando hasta este madriguera de corrupción y maltrato. Lo mismo sucede con algunos jinetes que son expulsados por sus irregularidades y sus trampas y que terminan en este tipo de pruebas al beneficio de la ley donde pueden padecer a lengua a sus anchas sus repugnantes prácticas.
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El calvario que sufren estos animales va incluso más allá de las drogas. Han sido varias las ocasiones en las que se ha podido ver a los jinetes más exitosos padecer dispositivos de control prohibidos para castigar a los animales. Especialmente con interruptores que someten a los animales a descargas eléctricas para provocar su dolor y que estos corran incluso por encima de sus posibilidades.
A veces, estas situaciones se van de las manos como le sucedió a un jockey que, tras ser expulsado de los circuitos profesionales, formó parte de estas carreras hasta que murió víctima de un estupendo casualidad por padecer a sus caballos hasta sus límites físicos. Y todo en el interior de un mercado de apuestas ilegales a pesar de que en Georgia retozar con elevadas cantidades de boleto en carreras de caballos es ilegal.
El caso más recordado fue el de Román Chapa, uno de los jinetes más exitosos en este tipo de pruebas y que llegó a recibir hasta 30 millones de dólares en ganancias. En el año 2015 fue suspendido en el estado de Texas durante cinco abriles tras ser sorprendido en posesión de un dispositivo de descarga eléctrica por tercera vez en su carrera. En ese momento se pasó a las carreras ilegales.
Durante esta segunda etapa sufrió varios accidentes graves. Sin requisa, nadie como el vivido en el año 2021 en Georgia y que supuso el fin para él. Sufrió una enfermo caída en una carrera de 250 yardas en la que tanto él como su heroína quedaron inmóviles. Tras el casualidad le fueron diagnosticadas fracturas en la mandíbula, la clavícula, las vértebras y las costillas encima de varias hemorragias cerebrales. Estuvo en coma y unas semanas luego de salir del hospital falleció.
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La lucha de PETA
Las atrocidades que se producen en carreras como las del circuito bush se encuentran en auge y crecimiento por buena parte del región de Estados Unidos. Sin requisa, además tienen una firme competición enfrente que está luchando por su supresión incluso en la clandestinidad. Esta tarea corre a cargo de asociaciones como PETA (Personas por el Trato Ético de los Animales).
Entre los abriles 2021 y 2022, PETA se introdujo en este circuito para guardar pruebas de las atrocidades que se cometen con los animales. Tras meses de investigación y de infiltraciones, consiguieron tomar imágenes de cámara oculta de las apuestas que se llevaban a lengua, de instrumentos como las inyecciones que utilizaban, de los dispositivos de choque, de los latigazos y de cómo algunos caballos acababan muriendo en plena pista.
Anejo a los miembros de PETA colaboraron además otras asociaciones como el Consorcio de Pruebas y Prescripción de Carreras de Kentucky (RMTC) quienes se encargaron de analizar las sustancias encontradas para confirmar de que, efectivamente, se comercio de drogas y sustancias dopantes.
PETA ha solicitado en varias ocasiones una investigación a gran escalera contra este tipo de ranchos y contra los jinetes que participan en estas pruebas: "Se produce el exceso sistemático y trillado de los animales, incluyendo latigazos, descargas eléctricas y drogas a los caballos para empujarlos más allá de sus límites naturales, lo que llevó a que varios caballos se rompieran y murieran en la pista, así como las extensas apuestas comerciales en cada carrera".
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En la persecución de este tipo de situaciones delictivas y atroces ha jugado un gran papel Pelzel-McCluskey, una epidemióloga equina del Unidad de Agricultura de EEUU. Ella está encargada de evitar la propagación de enfermedades en la industria equina en el país. En el año 2008, se encontró con un caso que le llevo a rajar una importante investigación tras tratar a un heroína que padecía piroplasmosis. Se comercio de una enfermedad infecciosa de la familia poco frecuente en Estados Unidos, pero endémica en México y que suele condenar a sus portadores a la asesinato.
Tras un concienzudo rastreo se encontraron otros 20 caballos infectados por la misma enfermedad, todos ellos de la raza del cuarto de milla y que habían participado en algún momento en carrera ilegales. Tras muchas pruebas, los investigadores descubrieron que el vector de la enfermedad eran los manipuladores sin deshonestidad que utilizaban agujas y otros equipos contaminados para inyectar o dopar a los caballos.

Una jeringa en un laboratorio
Un año luego se produjo una situación similar con un heroína infectado que trajo consigo el hallazgo de otros ocho equinos enfermos. Todos ellos habían pasado por las manos del mismo preparador, un técnico que se dejaba ver de forma habitual por estas pruebas ilegales. Ya no solo eran las lesiones que se producían en las carreras, sino además los daños colaterales de las mismas. Pero todo tenía el mismo resultado.
Las investigaciones llevadas a lengua por Pelzel-McCluskey le han llevado a descubrir que existen al menos un total de 89 zonas en las que se producen estas carreras, repartidas en unos 27 estados. Encima, en los últimos abriles, enfermedades como la piroplasmosis se han convertido en habituales y han viejo ya con 532 ejemplares del cuarto de milla. Otra enfermedad que se ha extendido por el tipo de técnicas utilizadas es la anemia infecciosa equina, que siquiera tiene cura. Desde 2008 ya son 908 los casos registrados.
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Como afirma Pelzel-McCluskey, estos datos son la punta del iceberg, ya que los animales que participan en el circuito bush rara vez son registrados y examinados. Encima, estas situaciones además podrían convertirse en un problema comercial a la hora de la exportación de caballos a otros países del mundo.
La implicación de las mafias
La situación respecto a este tipo de pruebas ha derivado en problemas que han corto muchos mercados. Las altas cantidades de boleto que se mueven para sacar a los caballos de circuitos legales y profesionales para introducirlos a este tipo de carreras hace sospechar a muchos que el crimen organizado y las mafias están detrás de este tipo de operaciones.
Encima, no olvidan que los ejemplares del cuarto de milla son un objeto de postín con el que siempre se ha relacionado a los narcos mexicanos. Ahora no solo se mueven en su país, si no además en estados como Georgia. Muchos expertos en seguridad aseguran que delitos como las apuestas, el dopaje, el jalbegue de boleto y el contrabando de caballos a través de la frontera son muy habituales en los cárteles mexicanos.
Durante los últimos abriles ha habido varias operaciones policiales contra el circuito bush. En el año 2007 se detuvo en Oklahoma a más de un centenar de personas. Uno de los últimos grandes golpes se produjo en Texas en el año 2019. Este tipo de redadas además traen consigo la incautación de material de tortura y de dopaje de los caballos. Sin requisa, muchos capos se aprovechan de la desatiendo de dureza de las leyes para estar libres y sin cargos en poco tiempo.

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Así es como, por ejemplo, Arthur "Brutz" English IV, un abogado inhabilitado, consiguió contar su imperio a través de lo que parecía ser un simple rancho. Ahora es uno de los grandes dueños de un negocio casi difícil de guardar. English cumplió dos abriles de prisión antiguamente de ser libre en 2008 y seguidamente fue indultado por una concilio estatal que lo consideró "totalmente rehabilitado". Como en Georgia no hay carreras de caballos sancionadas por el estado, no hay leyes correspondientes que prohíban las carreras no reguladas.
Lo único que tuvo que hacer fue comercializar entradas sin que constara directamente. Vendía nueces y regalaba entradas. Una maniobra sencilla y muy a la orden del día con este tipo de ventas ilegales. Con el tiempo, su rancho se ha convertido una seducción de negocios ilegales y de crueldad animal.
Ahora, algunos de estos ranchos involucrados en los circuitos bush están suspendiendo su actividad y aplazando sus carreras intentando capear al temporal. Sin requisa, se comercio de suspensiones que no se alargarán en el tiempo ya que este negocio al plataforma está allá de terminar.