La herencia del trono inglés más tardía, la demora de la corona más larga -pero no necesariamente la más deseada- llega a su fin. Carlos de Inglaterra asciende al trono inglés a los 73 primaveras con la asesinato de Isabel II a los 96. El hijo veterano de la reina más longeva será rey en un país, una tribu y un mundo muy diferentes a los que recibió su superiora.
Pero sus talantes e historias son asimismo muy distintos. La estabilidad y consistencia de la monarca contrastan con los ríos de tinta que corrieron en Reino Unido sobre el príncipe de Gales por el himeneo, divorcio y asesinato de Lady Di, superiora de sus hijos, Guillermo y Enrique. Y es que el aparentemente discreto Carlos III siempre ha estado en el ojo del huracán mediático.
La Grupo Vivo británica en el galería durante el desfile de platino, al final del muchedumbre de la reina Isabel, el 5 de junio de 2022. REUTERS /FW1F/Alison Williams
Del internado escocés al "despertar cultural y político" en Gales
Carlos Felipe Arturo Jorge nació el 14 de noviembre de 1948, mientras Reino Unido se recomponía social y económicamente tras salir triunfal de la Segunda Hostilidades Mundial. Solo un año antiguamente, Isabel II y el príncipe Felipe, duque de Edimburgo, habían contraído himeneo y la arribada de su primogénito garantizaba la continuidad de la corona, un honor por el que el príncipe de Gales ha acumulado otros muchos títulos: conde de Chester, duque de Cornualles, duque de Rothesay, conde de Carrick y barón de Renfrew, señor de las Islas, y príncipe y gran mayordomo de Escocia.
Cuando Isabel II ascendió el trono, Carlos tenía tres primaveras, pero su puntilloso educación como heredero y comienzo de la iglesia anglicana estaba señalada desde el mismo día en que nació. Se materializó, luego, en instructores privados en el Palacio de Buckingham y prestigiosas escuelas en Inglaterra y Escocia, así como un intercambio en Australia.
Fue precisamente en el "duro" internado escocés Gordonstoun donde él admite que forjó su carácter y aprendió a "aceptar retos y a tomar la iniciativa". Lo contó así en un discurso sobre los jóvenes frente a la Cámara de los Lores en 1975, en el que asimismo hizo bizarría de su ironía: "Si no, ¿por qué creen que soy tan robusto como para presentarme frente a sus señorías ahora?"
Una foto de archivo inédita de una de las series tomadas especialmente para mostrar la vida informal del príncipe Carlos, en 1969 AP Photo
Carlos debe asimismo parte de su formación como monarca al condado que nombra a su principado, Gales. En 1969, pasó dos meses en la universidad en Aberystwyth, donde se preparó para el -breve- discurso de investidura de dicho título que pronunció en galés y en el que reconocía "la larga historia" de la región "en su determinación de seguir siendo individual y proteger su patrimonio propio".
Con esas palabras parecería que hablaba asimismo de sí mismo. Pero en aquel momento, el gobierno socialista llegó a temer que el "despertar cultural y político" del muchacha heredero hubiera caído en la influencia de los nacionalistas galeses, según desveló The Guardian en el 2000, al desclasificarse los documentos.
Con todo, pese a los miedos, Carlos no defraudó las expectativas familiares y nacionales. Se licenció en arqueología y antropología en el Trinity College de Cambridge en 1971, siendo el primer título obtenido por un heredero de la corona británica. Y a la formación académica, le siguió la instrucción marcial... y la "boda del siglo".
El Príncipe Carlos de Inglaterra y Diana, Princesa de Gales, en el día de su boda en el galería del Palacio de Buckingham en Londres, el 29 de julio de 1981. AP VJM / AP / Archivo
Un explicación ¿de hadas?
La hipérbole con la que se ha hablado siempre de la boda del príncipe Carlos y Lady Diana Frances Spencer es solo equiparable a la pompa de aquel acontecimiento mediático mundial. No obstante, su unión -de "la materia de la que están hechos los cuentos de hadas", según el metropolitano de Canterbury que los casó aquel 29 de julio de 1981- no resistió a la vida existente.
Fueron poco más de diez primaveras en los que, poco a poco, se fueron transparentando las caras largas, los rumores de infidelidad, la ansia de ella y otras tensiones que coparon el interés de la prensa sensacionalista. Mientras tanto, la pareja traía al mundo al futuro heredero de la corona, el príncipe Guillermo de Gales (1982), y su hermano pequeño, el príncipe Enrique (1984).
Terminaba 1992 cuando el Gobierno inglés anunció que Carlos y Diana se separaban, un divorcio que no se resolvió hasta cuatro primaveras luego y que solo comenzaba a agrietar los tradicionales cimientos de la Casa Vivo. Pero los escándalos se sucedían. En noviembre de 1995, la princesa Diana de Gales habló abiertamente de las infidelidades de Carlos en una entrevista en la BBC, que a la cautiverio pública británica le ha costado una indemnización para la niñera señalada.
"Éramos tres personas en nuestro himeneo", afirmó Lady Di, sobre los rumores que hacía tiempo que corrían y que, incluso, se había corroborado con una supuesta transcripción de una conversación telefónica entre el príncipe y su íntima y antigua amiga Camilla Parker Bowles.
De explicación a folletín y, finalmente, tragedia. La princesa Diana murió en París, en agosto de 1997, cuando el coche en el que viajaba con su pareja, el patrón Dodi Al-Fayed, se estrelló mientras huían de los paparazzi. El príncipe Carlos viajó a Francia para la repatriación del despojos y, en el funeral, apesadumbrado pero sobrio, acompañó a sus dos hijos mientras caminaban juntos detrás del caja hasta la Rábida de Westminster.
La simpatía que existía ya por la Princesa del Pueblo, abanderada de múltiples causas sociales, se convirtió en una ola devoción en todo el mundo que la elevó a icono y salpicó la imagen de la Casa Vivo. Por ello, el príncipe Carlos trató de proteger la vida privada de sus hijos, de 15 y 12 primaveras entonces, limitando su memorándum pública.
El príncipe Carlos y sus dos hijos Enrique y Guillermo esperan frente a la Rábida de Westminster en Londres tras la ceremonia fúnebre de la princesa de Gales, el 6 de septiembre de 1997. AFP JOEL ROBINE / POOL / AFP
El inmortal heredero se reencuentra con Camilla
A lo derrochador de los primaveras, el orden se restableció paulatinamente en la corona, mientras la historia demuestra que los planes de Carlos, el inmortal heredero, no cambiaron. En lo institucional, ha seguido cumpliendo con sus obligaciones como príncipe, sin hacer sombra a la envejecida Isabel II. En lo personal, en 2005, se casó finalmente con Camilla Parker Bowles, hoy duquesa de Cornualles, a la que Buckingham ha ido abriendo sus puertas. La reina Isabel II, incluso, expresó su deseo de que se le considere reina consorte tras su asesinato.
Aunque nunca se ha aceptado en conocido, la civilización popular británica ya asume la unión de Camilla y Carlos como el "aprecio" de una vida, llevado en conocido y en privado. Es asimismo una buena muestra de la capacidad del príncipe para navegar entre la extrema discreción y el escándalo.
Y así, hoy, Carlos de Inglaterra, quien asume la enorme responsabilidad de ayudar la reputación de su superiora Isabel II, está preparado para tener lugar de "su Eminencia" a "su Majestad".
El príncipe Carlos de Inglaterra y Camilla, duquesa de Cornualles, hablan durante un acto en Escocia, en septiembre de 2022. AP Jane Barlow/PA vía AP