Sánchez descarta su última 'bala': será el primero que no cambie el Gobierno en la 2ª mitad de un mandato

En cuatro décadas de Democracia, todos sus predecesores, desde González a Rajoy, hicieron crisis de Gobierno luego del segundo año de reunión.   

Pedro Sánchez será el primer presidente de la Democracia en España que no remodelará el Gobierno en la segunda parte de su mandato. El patrón del Ejecutante afirmó este martes con rotundidad que su equipo es "estable" y "va a durar hasta el final de la reunión".

En las más de cuatro décadas transcurridas de Democracia, todos los predecesores de Sánchez intentaron dar un impulso al tramo final de su mandato con el cambio de gobierno. Así lo hicieron Felipe González, José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy.

Todos los presidentes buscaron por esta vía una reacción, mostrar iniciativa política e insuflar nuevos ánimos a sus militantes, una de las claves para ayudar a engrasar la maquinaria electoral cuando se aproximan los comicios.  

Sin confiscación, en su cita de ayer a la isla de La Palma, Sánchez no dejó puesto a la duda: manifestó que está "extraordinariamente orgulloso con el trabajo que hacen los ministros y ministras", aseguró que "no entra" en sus planes "una crisis de Gobierno", y mostró su extrañeza por las informaciones que en los últimos días indicaban lo contrario, como las publicadas por EL ESPAÑOL. "En algunas ocasiones me lucha noticiero que ni siquiera he pensado", dijo.

Sánchez ha dejado en la hemeroteca ejemplos de compromisos que quebrantó y anuncios que no se cumplieron. El pasado 3 de julio, sin ir más remotamente, aseguró en una entrevista a El País que no habría "cambios de portavoces del PSOE".

"Yo estoy muy a antojo y cómodo, y tienen todo mi respaldo todos los ministros del Gobierno de España y la dirección federal del PSOE", fueron exactamente sus palabras. Vigésimo días luego, Patxi López era renombrado portavoz del PSOE en el Congreso y Pilar Alegría, nueva portavoz del partido.

Sin confiscación, la forma tajante en la que Sánchez ha descartado una remodelación de su gobierno, acusando incluso a la prensa de "intoxicar", hace impensable que pudiera enmendarse esta vez.

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El presidente renuncia así a su última bala para tratar de dar un desgracia de emoción, y asume que llegará hasta diciembre de 2023 con su flagrante equipo, el mismo con el que viene trabajando desde julio de 2021.

Tras la profunda remodelación que acometió el verano pasado, que comportó la salida del Ejecutante de pesos pesados como Carmen Pelado o José Luis Ábalos, sólo se ha producido una desvaloración y por cuestiones médicas. En diciembre de 2021, Joan Subirats sucedió a Manuel Castells en Universidades.

Repaso histórico

Un repaso a lo que hicieron los antecesores de Sánchez en la Moncloa pone de manifiesto que todos, independientemente de su color político, recurrieron a una crisis de Gobierno a partir del segundo año de su mandato.

A Adolfo Suárez no le dio tiempo a renovar su equipo al final de la I Asamblea (la antedicho fue la Constituyente) porque dimitió ayer de cumplir los dos primaveras. Aun así, en mayo de 1980, 17 meses luego de iniciada la reunión, introdujo cambios de calado, dando entrada a personalidades como Juan José RosónLuis GamirJosé Luis Álvarez Álvarez o Ignacio Bayón.

En julio de 1985, transcurridos dos primaveras y medio de su primer mandato, Felipe González recurrió a caras nuevas como las de Francisco Fernández Ordóñez, Javier Sáenz de Cosculluela o Abel Generoso.

En su segunda reunión, calibrado al montar al ecuador, González volvió a introducir energía nueva en su gobierno, y fichó a Enrique Múgica, Jorge Semprún, Matilde Fernández y Rosa Conde.

En su tercer mandato, dejó transcurrir 15 meses ayer de incorporar a Josep Borrell, Pedro Solbes y Jordi Solé Tura, entre otros. Y ya en 1992 sumó a José Antonio Griñán y a Alfredo Pérez Rubalcaba.

En su cuarta y última reunión, González volvió a ejecutar cambios para refrescar un Consejo de Ministros con síntomas de mucho desgaste. Introdujo a Joan Lerma y cambió de carteras a ministros como Gustavo Suárez Pertierra y Jerónimo Saavedra.  

Tras montar a la Moncloa en 1996, Aznar igualmente reformó su Gobierno un año ayer de convocar las elecciones de 2000. Revitalizó su equipo con Arcángel Acebes, Manuel Pimentel, Jesús María Posada y Juan Carlos Aparicio

En su segunda reunión realizó una crisis de Gobierno a los dos primaveras y dio entrada a nuevos ministros como Ana Palacio, Eduardo Zaplana, Ana Pastor y José María Michavila.

Zapatero fue más angurriento aún con los cambios. A parte de su primer mandato ya incorporó a Rubalcaba y a Mercedes Cabrera, por otra parte de cambiar de cartera a José Antonio Alonso. Y finalizando la reunión hizo una crisis de Gobierno para incluir en su gobierno a Carme Chacón, César Antonio Molina y Bernat Soria.

En la segunda reunión actuó de forma similar. En octubre de 2010, dio entrada a Ramón Jáuregui, Rosa Aguilar, Leire Pajín y Valeriano Gómez Sánchez.

Más conservador fue Rajoy, pero igualmente hizo modificaciones en su gobierno. En septiembre de 2014, en la segunda parte del mandato, introdujo paulatinamente a Isabel García Tejerina, Rafael Catalá, Alfonso Alonso e Iñigo Méndez de Vigo.

Autonómicas y municipales

Al desechar ahora cambios en su gobierno, Pedro Sánchez renuncia al revulsivo que podría suponer el desembarco de algunos ministros en las listas municipales y autonómicas. Esas elecciones se celebrarán en mayo del año que viene y serán el preámbulo de las generales, previstas para diciembre.

La posibilidad del trasvase de ministros había generado ilusión, pero igualmente incertidumbre y temor en algunas federaciones socialistas. Ilusión en quienes veían una oportunidad de mejorar y animar las candidaturas, y temor en aquellos candidatos que veían amenazada su plaza.

Sánchez igualmente descarta, así, liberar a María Jesús Montero y a Pilar Alegría de la difícil encargo de compatibilizar sus cargos de ministras con los de vicesecretaria del PSOE y portavoz del partido, respectivamente.

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Adentro del propio Gobierno se ha cuestionado que Montero y Alegría tengan que desdoblar su papel a la hora de dirigirse a los ciudadanos, para hacerlo unas veces con tono formal -cuando hablan de asuntos de sus carteras-, y otras con nerviación partidista. Legado que Hacienda y Educación son ministerios que tienen un carácter particularmente institucional, la papeleta no es comprensible.

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