El infierno de los 'sin papeles' que limpiaron los escombros del 11-S: "Nos están dejando morir"

21 primaveras posteriormente de los atentados del 11 de septiembre, hablamos con dos trabajadores inmigrantes afectados por la contaminación ambiental.

En cuestión de segundos, Manhattan quedó cubierta bajo un yacimiento blanco. Los 110 pisos de cada una de las dos torres del WorldTradeCenter se desplomaron dejando a sus pies 1,8 millones de toneladas de escombros. La abundancia de polvo y humo tóxico atravesó las calles de la GranManzana hasta desembocar en el ríoHudson. Harían error meses de incesante trabajo para que el paisaje apocalíptico de NuevaYork recobrase la vida. 

Con el corazón de la ciudad (y de la nación) destruido, los trabajos de desescombro y desinfección de la ZonaCero apremiaban. Una laboreo que sería desempeñada en su mayoría por inmigrantes en situación irregular, según señalan informes del Journal of Occupational Environmental Medicine. Se estima que aproximadamente de 3.000 inmigrantes, en su mayoría latinoamericanos, trabajarían en el motivo, aunque es irrealizable conocer la monograma exacta ya que, al tratarse de personas sinpapeles, muchas de las empresas contratistas no guardaban registro.

EL ESPAÑOL ha podido platicar con FranklinAchahua, de origen peruano, uno de los trabajadores indocumentados que estuvieron ejerciendo las labores de desinfección del WTC. "Estuve desde el 18 de septiembre hasta el 18 de noviembre de 2001. Las jornadas de trabajo eran de doce horas diarias, los siete días a la semana, y a cambio nos pagaban la miseria de 90 dólares al día", explica por teléfono desde su piso en el arrabal neoyorquino de Queens.

Según Franklin, el hecho de que la gran mayoría de los trabajadores fueran inmigrantes indocumentados se debe a que así las empresas los podían explotar obligándoles a trabajar doce o más horas al día con la presión de extirpar la zona en tiempo récord, "unas condiciones que un neoyorkino con la procedencia no aceptaría", expresa.

Poco más de un año antiguamente de los atentados del 11 de septiembre, Franklin recaló en Nueva York en investigación de nuevasoportunidades. El día de la tragedia se encontraba trabajando pintando una vivienda situada a escasas manzanas del WTC. Un trabajo que quedó suspendido ya que su cliente decidió entregarse su domicilio por miedo a otro ataque terrorista, una muestra clara de la histeria colectiva que se vivió durante esos días.

Desempleado, sin papeles y con la menester de subsistir en la Gran Manzana, le dieron la oportunidad de trabajar limpiando los escombros de la Zona Cero. "No solicitaban ningún tipo de documentación ni te preguntaban por tu status migratorio, así que no dudé en aceptarlo", cuenta.

Durante tres meses, su función fue la de retirar los escombros de la iglesia de Trinity Church, muy próxima al WTC, así como de extirpar la zona de las oficinas que rodean BatteryPark. Un trabajo que realizaba cada día, sin alivio, durante doce largas horas. "Necesitaba el billete", dice.

Mascarillas de papel 

El 18 de septiembre del 2001, el mismo día que Franklin y otros miles de compañeros se incorporaron al trabajo de desinfección de escombros, la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos declaró que el céfiro y el agua de la Zona Cero no eran contaminantes. Por consiguiente, para realizar dicho trabajo, la empresa les facilitó solamente una mascarilla de papel que cambiaban cada tres días, así como una camisa negra que hacía las veces de uniforme, "yo tenía que arrostrar mi propio pantalón", cuenta el peruano. 

Sin confiscación, el New York Committee for Occupational Safety Health publicó en el año 2007 un estudio que contradecía la lectura oficial y demostraba que la exposición a los materiales destruidos en el WTC fue tremendamente perjudicial para las personas que allí se encontraban. Según el documentación, la abundancia de polvo contenía más de 2.500 toxinas y contaminantes cancerígenos, como amianto, benceno, fibra de vidrio, vidrio molido, placas de yeso y hormigón. "En ningún momento las autoridades de Nueva York -en coordinación con los médicos de los hospitales- nos dijeron que el polvo tóxico, producto del derrumbe de las torres, nos iba a implicar consecuencias fatales para nuestra vigor", comenta.

Hasta la término, el fondo federal de indemnización a las víctimas estima que aproximadamente de 2.000 limpiadores, bomberos y policías han fallecido a consecuencia de enfermedades desarrolladas a raíz de la exposición prolongada al entorno contaminado del motivo.

Los informes médicos de Franklin (a los cuales ha podido conseguir este publicación) revelan los estragos de la contaminaciónambiental a la que se vio expuesto. A día de hoy padece diversos problemasrespiratorios que lo obligan a utilizar un inhalador, adicionalmente, sufre de gastralgia, reflujo estomacal (lo que le provoca constantes vómitos), sinusitis, rinitis y problemas psicológicos derivados del estrés post-traumático de trabajar desenterrando cuerpos de entre los escombros. "Uno nunca podrá olvidar todo lo que vio con sus propios luceros", expresa. 

"Dijeron que no era peligroso"

RubielaArias, una colombiana de 57 primaveras, asimismo trabajó durante ocho meses en la desinfección de los escombros del WTC. "Cuando llegué a la Zona Cero fue muy impactante para mí, era como si se hubiera gastado el mundo. Aún memoria el olor a carne quemada", relata a este medio. A pesar del tiempo, siquiera podrá olvidar las imágenes de los bomberos y los sanitarios que sacaban los cuerpos sin vida de entre los hierros. "Desde entonces, cuando escucho una sirena, me da un ataque de ansiedad", revela.

Rubiela Arias junto a otros representantes de la organización del 11-S.


Rubiela Arias adjunto a otros representantes de la organización del 11-S.

Al igual que Franklin, esta colombiana residente en Nueva York sufre diversas enfermedadesrespiratorias y problemas en la piel. "En ese momento nos dijeron que el entorno no era peligroso. Yo decidí trabajar en la Zona Cero porque tenía la menester de estar allí ayudando, fue poco impactante pero lo hice con mucho acto sexual".

Actualmente, Rubiela es una de las principales representantes de Hazardous Materials Workers World Trade Center, una ordenamiento que defiende los derechos de los trabajadores que trabajaron en la desinfección del atentado. "Luchamos para que el Gobierno otorgue un beneficio migratorio y firme una movimiento ejecutiva para las personas que trabajamos en la Zona Cero", explica.

En el año 2011, el presidente BarackObama, tras firmar la Ley James Zadroga de Lozanía y Compensación del 11-S, puso en marcha el Software de Lozanía del WTC, el cual ofrece concurrencia médica gratuita y compensaciones económicas a las personas que trabajaron en las labores de desinfección de la Zona Cero. No obstante, muchos inmigrantes sin papeles no se inscribieron en los programas de vigor ya que pensaban que al hacerlo serían deportados a sus respectivos países.

Asimismo, para poder conseguir a los programas de vigor, las personas afectadas deben demostrar que efectivamente estuvieron trabajando en el World Trade Center, aunque conveniente a la error de registros, muchos de ellos no tienen documentos que lo acrediten. "Yo tuve que presentar una polímero de identificación de la empresa que me contrató para así demostrar que estuve allí", dice Rubiela.

"No puedo encontrar trabajo"

Por suerte, Franklin asimismo pudo conseguir al tratamientomédico que ofrece dicho software. Sin confiscación, a sus 52 primaveras, dice que no se encuentra con fuerzas para poblar. "Cada día estoy más débil, y sin papeles y con las enfermedades que tengo es casi irrealizable encontrar trabajo", se lamenta.

Medicación que toma Rubiela Arias.


Medicación que toma Rubiela Arias.

Hace seis primaveras ganó una demanda de 52.000 dólares al seguro de la compañía que lo contrató. Hasta ahora ha podido sobrevivir, aunque en estos momentos casi que se le ha rendido todo el billete en cubrir los gastos de inquilinato de la vivienda y en sus deposición más básicas. "Ahora que se me acaba la indemnización no sé qué será de mí", expresa. 

21 primaveras posteriormente de la tragedia, el Gobierno sigue sin legitimar a los encargados de reparar el averno que se dibujaba en Manhattan tras los atentados. "Al principio nos trataron comohéroes, ahora nos están dejando sucumbir. Lo único que le pedimos al presidente JoeBiden es que de una vez por todas nos legalicen, no es necesario esperar una reforma migratoria, el presidente lo puede hacer a través de una leyejecutiva, todo está en sus manos... Creo que merecemos que nos otorguen la residencia para poder salir a despabilarse un empleo y tener los pocos primaveras de vida que nos quedan”, exclama.

Rubiela Arias


Rubiela Arias

En marzo de 2020, 20 primaveras posteriormente de que abandonase su Perú procedente para mudarse a Nueva York, Franklin decidió desplazarse a Escofina para poder ver a su mama, afectada de cáncer, y a su hermano, enfermo de SIDA. Sin confiscación, la turista sólo duró unos meses ya que tuvo que regresar a Nueva York  para poder seguir con su tratamiento médico. Para ello, solicitó una visa humanitaria al Gobierno estadounidense que le fue denegada. No obstante, decidido a retornar a Estados Unidos, cruzó ilegalmente la frontera que une al país con México. "Si no continuaba con mi tratamiento, moriría", comenta.

Al igual que Franklin, otros muchos inmigrantes sin papeles volvieron a sus países de origen y no les dejaron regresar. "La comunidad internacional debe asimilar que el Gobierno amerindio me negó una visahumanitaria para continuar con mi tratamiento porque me estoy muriendo lentamente por las consecuencias de ayudar a erguir los escombros del 11-S", denuncia.

Perdieron primaveras de vida por extirpar las cenizas de una nación devastada por la tragedia, la misma nación que ahora se ha olvidado de ellos. "Nos han utilizado políticamente. Ya no somos los héroes latinos del 11-S", concluye.

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