Javier Marías: "Siempre he sido un poco impertinente"

Extensa entrevista con el autor de 'Tomás Nevinson', mejor novelística española de 2021 según los críticos de El Cultural

Circula la lema de que Javier Marías es altivo y distante, pero lo cierto es que yo no he percibido nadie de eso. Cortés, discreto y con sentido del humor, hemos hablado en un par de ocasiones y he descubierto que compartimos varias pasiones: Tintín, el cine desfavorable, los soldados de plomo, Conrad, Benet, Laurence Sterne. Miembro de la Verdadero Agrupación de la Dialecto Española y nominado varias veces para el Nobel de Humanidades, rechazó el Premio Doméstico de Novelística por Los enamoramientos, afirmando que prefería pertenecer al selecto club de los no premiados, que incluye a figuras como Juan Benet, Gil de Biedma, García Hortelano o su propio padre, el filósofo Julián Marías.

Siempre le ha preocupado preservar su independencia y no le ha quitado el sueño desviarse de lo que en nuestros días se considera políticamente correcto. Hemos hablado durante hora y media, recorriendo su trayectoria literaria y abordando algunas cuestiones de contemporaneidad, como el preocupante auge de la estupidez y lo sórdido. Acaba de propagar Tomás Nevinson, una extraordinaria novelística que los críticos de El Cultural han escogido como la mejor del año.

Pregunta. Sé que está harto de las entrevistas.

Respuesta. Hace año y medio, decidí no conceder más, pero esta es una ocasión singular.

P. Al comenzar esta conversación se me viene a la habitante una de las entrevistas que Vargas Llosa le hizo a Borges. El peruano descubrió sorprendido que Borges no tenía ejemplares de sus libros en su biblioteca. ¿Es su caso? Se lo averiguo porque ha claro que le aburre charlar de sí mismo.

R. Es un tema que me aburre mucho, pero he de sostener que sí tengo mis libros en mi biblioteca. Son parte de mi vida y parte de mi historia. Los he colocado discretamente en varias revolving o pequeñas librerías giratorias. Dedicarles un estante sereno me parecía feo y abrumador. Para las visitas y para mí mismo.

P. Algunos afirman que es el mejor novelista vivo en idioma española y todo un carácter.

R. No creo ni lo uno ni lo otro. No pienso que sea el mejor escritor vivo. No estoy muy al tanto de lo que se publica hoy en día, pero quiero pensar que hay autores mejores. En cuanto a lo del carácter, yo me considero una persona muy corriente.

'Tomás Nevinson', continuación de su ya aclamada 'Berta Isla', es la mejor novelística del año para los críticos de El Cultural. El creador del Reino de Redonda demuestra estar en plena forma.

P. Se han tejido muchas leyendas más o menos de usted.

R. Sé que tengo triunfo de altivo y arrogante, pero yo no considero que lo sea. Impertinente siempre he sido un poco. Tanto en artículos de opinión como en declaraciones. En cualquier caso, yo no soy el más adecuado para sostener lo que soy o dejo de ser. Transmitido que vivimos en el mundo de las redes sociales, donde prosperan rápidamente los rumores y las falacias, imagino que se habrán inventado nuevas leyendas sobre mí y, probablemente, mucho peores.

P. Siempre que pienso en usted, conmemoración a su padre, Julián Marías. ¿Cree que la posteridad ha sido injusta con él? Retentiva que compartieron firme durante un tiempo. Dijo que convivían como dos solteros perfectamente avenidos.

R. Fue una convivencia muy agradable. Cada uno tenía su espacio y solíamos coincidir en el tentempié. En cuanto a la posteridad, ya no existe tal cosa. Es un concepto del pasado. Hoy en día, las cosas van muy deprisa. Todo se olvida con mucha velocidad. Cuando cualquiera muere, deja de ser culto. Parece que los libros necesitan una presencia que los avale y airee. En el caso de mi padre, la injusticia no empezó en la posteridad, sino en vida. Sufrió la enemistad feroz del régimen franquista, pero luego la izquierda comenzó a atacarle por su catolicismo y su tolerancia. Me parece vergonzoso que no le concedieran el Premio Doméstico de Análisis.

P. Por otra parte de un padre biológico extraordinario, disfrutó de un padre intelectual no menos sobresaliente: Juan Benet. Igualmente había muchas leyendas más o menos de él. Algunas decían que era intratable.

R. Mi experiencia no es esa. Benet era encantador y tenía un gran sentido del humor. Soltaba sus impertinencias, pero con tanta ocurrencia que casi nadie se molestaba. Volverás a región me causó una profunda impresión. La letras española se había estancado en un realismo social bienintencionado, pero literariamente insuficiente. Benet demostró que se podía adoptar un tono más elevado. Su prosa era arriesgada y fuerte. Aprendí muchas cosas en su letras, incluidas cuestiones técnicas. Me llevaba 24 primaveras. Fue un pedagogo, no un maestrillo. Me enseñó a mirar los cuadros, a oír música. Para instruirse de él, era suficiente tener el ojo y el audición abiertos. Igualmente fue un pedagogo en la vida personal. Era una persona con un gran sentido ético. Como ingeniero hidráulico tenía mucha gentío bajo su responsabilidad. Siempre fue muy amable y desinteresado con los trabajadores. Si pasaban por apuros económicos, les ayudaba, pero de forma discreta y sin alardear de ello. Benet solo era atravesado con quien pensaba que lo merecía. Yo actúo igual. De escuincle, cuando un matón se metía conmigo, respondía. No soy un manso, pero quia he sido agresivo con los amigos o con las personas que no me han hecho nadie.

"Benet solo era atravesado con quien pensaba que lo merecía. Yo actúo igual. No soy un manso"

P. ¿Cuáles han sido sus grandes modelos literarios? ¿Qué escritores han influido más en su obra? ¿Faulkner, tal vez?

R. Faulkner influyó más en Benet. Yo me interesé más por Conrad o Sterne. Traducirlos fue una gran experiencia. Siempre he dicho que es la mejor modo de adivinar un ejemplar. Tienes que estudiar hasta el extremo detalle y volcar el texto a tu idioma de forma aceptable. La traducción es una excelente escuela para un escritor.

P. ¿Me puede citar a otros escritores que le hayan servido de inspiración?

R. Cervantes, Clarín, Valle-Inclán. He aprendido mucho con ellos, aunque la influencia de algunos, como Valle, escasamente se aprecie en mi obra.

P. Hay poco flaubertiano en su letras.

R. Admiro a Flaubert, pero me interesan más Montaigne o Shakespeare.

P. ¿Joyce?

R. No soy muy fan del Ulises. De Joyce me atraen sobre todo los cuentos de Dublineses, que son extraordinarios.

P. ¿Qué me puede sostener de Proust?

"Cervantes, Clarín, Valle. He aprendido mucho con ellos, aunque su influencia escasamente se aprecie en mi obra"

R. Es una de las cumbres de la novelística, pero todavía no lo he culto completo. Siempre he interrumpido la leída al terminar el tercer convexidad. Por errata de tiempo o porque me surgía otra cosa. Eso sí, pespunte con esos tres primeros libros para darte cuenta del talento de Proust. Es para caer postrado. Por cierto, acabo de adivinar un ejemplar de Céleste Albaret, que fue su ama de llaves durante los últimos nueve primaveras de su vida. No lo escribió ella, sino el periodista Georges Belmont, que extrajo el material de setenta horas de conversación. Es una obra de extraordinaria delicadeza.

P. Se acaba de reimprimir Los dominios del lobo para celebrar los 50 primaveras de su publicación. ¿Cómo juzgaría la novelística desde su perspectiva flagrante?

R. No la he releído. No me releo nunca. La releí en los ochenta y retoqué alguna cosa. Descarté introducir grandes cambios, pues habría sido como hacer trampa. Escribí la novelística con 17 primaveras y hoy en día no me avergüenza, lo cual es un gran logro. Es un ejemplar simpático al que le tengo afecto. No tiene mucho que ver con lo que he escrito luego. Hay quien dice que es mi mejor ejemplar, pero si fuera así, no diría mucho a mi auxilio de mí, pues entonces no habría hecho más que empeorar.

P. Todo esto me hace pensar en su método de trabajo. ¿Sigue siendo un escritor con brújula, pero sin plano? Hay escritores que planifican hasta el extremo detalle ayer de ponerse a escribir.

R. Si yo hiciera eso, me aburriría tanto que no escribiría el ejemplar. Si ya sé todo lo que va a suceder, para qué voy a escribir. Lo que me divierte es descubrir cosas sobre la marcha, tomar decisiones. El verbo inventar proviene del latín y significa percatar(se) o descubrir poco nuevo o no conocido. Yo descubro a la vez que escribo. Y a veces me contradigo. Aprender lo que va a tener lugar me aburre. Prefiero improvisar.

P. En Todas las almas incluye por primera vez una foto.

R. Se ha dicho que imité a Sebald, pero no es cierto. Sebald publicó su primer ejemplar en 1990 y Todas las almas apareció en el 89. Cuando propuse incluir imágenes en mi novelística, el editor se resistía, pero yo opinaba que ofrecía un contraste clarificador, pues así el leedor podía entrar a la imagen descrita en el texto. Por cierto, siento una gran fascinación por Sebald y, de hecho, mantuvimos una breve correspondencia.

P. En Tomás Nevinson, ha incluido la fotografía de un atentado de ETA. ¿Piensa que se está olvidando a las víctimas de la facción terrorista?

"Más vale no retener lo que cada uno piensa de los demás, pues si lo supiéramos nos mataríamos"

R. La sociedad y la política tienen una deuda irresoluto con las víctimas de ETA. Ahora parece que las víctimas molestan. Ya no puede hacerse nadie por los que murieron, pero los que quedaron huérfanos o mutilados merecen ser recordados y homenajeados. Una de las razones por las que escribí Tomás Nevinson fue porque soy madrileño. Si mi enumeración no equivocación, ETA mató a 101 personas en Madrid. La violencia fue un salida constante e ininterrumpido. Yo viví 24 primaveras bajo Franco, pero he convivido con ETA mucho más tiempo. No puedo estar de acuerdo con Odón Elorza cuando dice que hay que dejar en paz a ETA. ¿Cómo vamos a olvidar poco tan nuevo y que nos hizo sufrir 40 primaveras? El atentado de Hipercor fue poco tan desmesurado que no se puede olvidar. Es cierto que el franquismo mató más, pero ya es un conmemoración distante. Hay muchos jóvenes para los que ETA no significa nadie y sucede lo mismo con los extranjeros, entre los que tengo muchos lectores. Mi novelística puede servir para que descubran lo que sucedió. Por otra parte, un texto de ficción causa una impresión más intensa y duradera que una nota de prensa o un test.

P. Su novelística puede leerse como una novelística de espionaje. Me recuerda a John Le Carré. He culto que se relacionó con agentes del servicio secreto sajón.

R. Conocí a gentío que había prestado servicio durante la Segunda Extirpación Mundial y a otros que trabajaron luego como traductores. Se dice que salen muchos espías de Oxford y Cambridge y es cierto. Por una razón muy simple. Los servicios secretos buscan a personas que sepan lenguas, historia y con capacidad de estudio. Los agentes que yo he conocido quia me revelaron sus misiones, pues –entre otras cosas– están sujetos a la ley de secretos judiciales, pero sí me hablaron del funcionamiento genérico de los servicios secretos.

P. ¿Qué le parecen John Le Carré y Graham Greene?
R. Greene me carga asaz, sobre todo en sus novelas con un catolicismo claro. Le Carré me gusta más. Su caso se parece al de Conrad, Stevenson y Melville, considerados durante mucho tiempo simples novelistas de mar o aventuras, pero hoy celebrados como grandes clásicos. Pienso que a Le Carré le sucederá lo mismo.

P.Corazón tan blanco marcó un ayer y un luego en la estimación de su obra.

R. Es un ejemplar sobre el secreto y su conveniencia. Es la antinovela policiaca. El narrador confiesa: “No he querido retener, pero he sabido”. Normalmente, cuando descubrimos un secreto, la curiosidad nos impulsa a intentar vigilar qué hay detrás, pero renunciar a retener es un aspecto de coraje. Mucha gentío no comprendió ese punto de apariencia. Me dijeron que no querer retener es una cobardía, pero yo creo que hay que tener mucho valencia para respetar un secreto. Por cierto, más vale no retener lo que cada uno piensa de los demás, pues si lo supiéramos, nos mataríamos.

"En mi letras hay cosas terribles, pero huyo de lo sórdido y deprimente"

P. Me apasionamiento la atención su amistad con Pérez-Reverte, pues son dos escritores muy diferentes.

R. Yo no sabría hacer las novelas de Arturo, aunque quisiera, sobre todo obras maestras como Un día de cólera. A él le molesta que elogie tanto esa novelística, pues ya tiene unos primaveras –como yo– y piensa que lo mejor es lo extremo que ha escrito. Arturo y yo nacimos el mismo año, tenemos las mismas referencias, leímos los mismos tebeos, vimos las mismas películas. Nos tenemos una simpatía mutua basada en la existencia, en la educación que hemos recibido. Estamos de acuerdo en muchas cosas, pero en otras no, lo cual es corriente, pues en la amistad nadie sensato pretende coincidir al cien por cien. A mí me gustan mucho Proust y Faulkner. A Arturo probablemente no, pero resulta que a los dos nos apasionan Conrad y Stevenson. Tenemos las suficientes coincidencias y compartimos muchos fervores. Nuestra amistad no tiene más ocultación que eso.

P. Ha comentado alguna vez que Tu rostro mañana es su obra más ambiciosa.

R. Es una obra de gran aliento, una novelística monumental de 1.600 páginas. Pasé ocho primaveras y medio trabajando en ese ejemplar. No pensé que haría una trilogía. Un ejemplar me llevó a otro hasta completar el ciclo. Siquiera pensé que escribiría una continuación de Berta Isla, pero me intrigaba retener qué sucedería con Tomás Nevinson. Con solo 45 primaveras, ya no esperaba nadie de la vida. Se veía a sí mismo como un espantajo.

"El cine y la letras actuales apuestan en muchas ocasiones por lo sencillo y vulgar"

P. En algunas de sus obras, se respira una ámbito desapacible, que me recuerda a Coetzee. ¿Piensa que la vida es una combinación de ruido y furia, como decía Shakespeare?

R. Coetzee me gusta mucho, pero sus últimos libros sobre Jesús no me interesan demasiado. Creo que es excesivo charlar hoy en día de ruido y furia. La frase procede de Macbeth. El rey Duncan era un rey escocés de la Existencia Media. En su tiempo, sí que había ruido y furia. Más allá de ese fragor, la vida está llena de calamidades, tristezas, perplejidades. En mi letras, hay cosas terribles, pero huyo de lo sórdido y deprimente. No soporto esas series y películas inglesas o estadounidenses ambientadas en barrios y pueblos con escenarios sucios y miserables, como esas cocinas llenas de sartenes sin suprimir. Cuando me topo con ellas, me averiguo si no hay personas normales en esos lugares, individuos que sí limpian las sartenes. La vida es trágica fuera de lo sórdido. En mis novelas, intento evitar lo regalado. Cada vez que veo una película o leo un ejemplar donde una pareja pierde a su hijo pequeño, pienso que el autor pesquisa la pena del leedor de forma ilegítima.

P. Algunos críticos han señalado que todos sus personajes son inteligentes y hablan demasiado perfectamente.

R. Es que estoy harto de la estupidez. Ya no puedo más. A mí me agradan las novelas con personajes inteligentes y con sentido del humor. Yo intento que mis personajes no digan tonterías. El cine y la letras actuales apuestan en muchas ocasiones por lo sencillo y vulgar y no me parece una buena alternativa. Todos mis personajes han desencajado de mi habitante. Son un eco de mis inquietudes y convicciones.

P. En un artículo dijo que ayer estaba de moda ser inteligente o parecerlo y que ahora es al revés. Muchos exhiben su idiotez sin complejos.

R. Sí, es cierto y no puedo con eso.

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