Dominique Meyer, director del templo milanés, presenta en Madrid su nueva programación, que abre con 'Boris Godunov' de Músorgski
El Teatro alla Scala quiere sacudirse los fantasmas del pasado nuevo, embarrado primero por la pandemia, que clausuró a cal y canto su actividad en diversos periodos, y luego el remate de la cruzada de Ucrania. Esta última provocó un desagradable desencuentro entre el templo scaligero y el músico ruso Valery Gergiev. Dominique Meyer, director del coliseo lombardo, ha contado hoy los detalles de la fricción durante la presentación de la temporada de la Scala en el Istituto Italiano de Madrid, una de las paradas de su tournée de ‘apostolado’ romance por ciudades como Londres, Nueva York, París, Viena, Berlín…
“No le pedimos que condenará a su país, cosa que entendíamos que no iba a hacer. Ni siquiera a su presidente, pero sí que se pronunciara en honra de una decisión pacífica del conflicto”, explicaba Meyer. “Pero Gergiev se fue a San Petersburgo y desapareció, nunca contestó”. El desenlace fue que la Scala decidió prescindir de él para conducir desde el podio La dama de picas de Chaikovski, que era el menester que le competía hasta que Putin, buen amigo suyo, decidió salvajemente irrumpir en la soberanía de su vecino.
Para que quede claro que en la Scala no hay, a pesar de aquel desagradable querella, ningún sentimiento rusofóbico, esta temporada la abrirán el 7 de diciembre (el 4 preestreno para menores de 30) con Boris Godunov de Modest Musórgski. Otro compositor ruso pues. “Yo no soy partidario de la derogación, de arrancarle pedazos a la civilización. La civilización, por el contrario, debe ser una colchoneta para la unión y la convivencia”, ha afirmado Meyer, que ha estado al frente de la Ópera de Lausana y la Ópera Estatal de Viena.
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La producción llevará el sello del director musical de la Scala, Riccardo Chailly. Del apartado dramático, se ocupará Kasper Holten, en su día responsable primoroso de la Royal Opera House y de sobra conocido en España, donde hemos conocido diversos montajes suyos. A Boris Godunov, basada en un drama de Pushkin sobre un zar envuelto en las guerras sangrientas de Rusia contra Polonia y Suecia en el siglo XVI, le seguirá Salomé de Richard Strauss, ya el 14 de enero. Y luego vendrá el primer título del repertorio italiano, que es al que más se debe, claro, el teatro milanés. Serán I vespri sicialini, de Giuseppe Verdi, que contarán con Fabio Luisi como músico de ceremonias.
Luego vendrán La bohème, Les contes d’Hoffmann, Li zite ‘ngalera (Leonardo Vinci), Lucia de Lammermoor, Andrea Chénier, Rusalka, Macbeth, Il barbere di Siviglia, Le nozze di Figaro, Peter Grimes y L’amore dei tre re (Italo Montemezzi). Títulos con los que pretenden seguir impulsando el regreso del respetable a sus palcos y su patio de butacas. La desarrollo, tras la pandemia, es positiva allí, según Dominique Meyer, que asimismo ha señalado que el agujero que dejó en taquilla el virus se ha conseguido cerrar. Buena señal.