Lo peor del huracán Ian no se ve desde la península de Florida. Un mentor turístico, Dan, nos lleva en barco hasta la que se considera la zona cero, Fort Myers Beach, en Estero Island, que ya es un símbolo de la furia de Ian.
"Esto es lo peor que he conocido, y eso que soy de Miami y sufrí el huracán Andrew", asegura Dan.
Han evacuado el municipio para comenzar el rescate en tierra puerta a puerta, pero se desconoce el número de desaparecidos. Trabajan en una índice fiable. La marea ha atrapado algunos cuerpos en los bosques de manglares, de difícil paso. El hedor es evidente.
Dan recoge a Chris, un vecino que se había mudado a la isla hace medio año. Regresa a por sus últimos enseres porque le preocupan los posibles saqueos. Una vez allí, es insalvable revivir las imágenes del paso de Ian por la zona.
"Esto es muy triste, especialmente por mis hijos, no sabemos adónde ir y la escuela está destrozada", explica. Un 90% de los edificios ha sufrido daños.
El huracán rozó la categoría cinco
Ver el nivel de destrucción quizás ayude a entender qué supone un huracán que roza la categoría cinco, la máxima en la escalera, y que a veces es difícil de imaginar.
Encima, Ian se detuvo caprichosa y lentamente en este punto, Fort Myers Beach, donde estuvo tres horas sobre sus cabezas. Arrancó cimientos de casas y se derrumbó hasta el asfalto.
La vida aquí ahora mismo es inviable y se prevé que el suministro eléctrico no vuelva hasta en el interior de más de un mes. Sus habitantes se despiden de la isla preguntándose si serán capaces de reconstruirla mejor.
"Somos afortunados, estamos vivos", dice Chris. "Posteriormente de esto, está claro que no hay que darlo por sentado".