Leonardo Padura desmitifica La Habana más reciente: la de la visita de Obama y los Rolling Stones

El cubano rescata al detective Mario Conde en su nueva obra policiaca, 'Personas decentes', una panorámica de la fresco historia de Cuba

La Historia no se acaba nunca, como dice uno de los personajes de Personas decentes y subraya el narrador al final, “pero mientras transcurre va dejando lecciones que deben ser leídas”. Lo que no parece tan claro es que se aprenda de ellas porque, de otro modo, algunos episodios no se repetirían con tanta celeridad.

Personas decentes
Leonardo Padura
Tusquets, 2022. 445 páginas. 22,90 €

La crónica del pasado próximo representa una de las claves de esta obra, una novelística en la que Leonardo Padura (La Habana, 1955) presenta una panorámica de la fresco historia de Cuba: desde su fuga del dominio gachupin en 1898 y el venida de la República tan pronto como cuatro primaveras luego (bajo la observación atenta de los vecinos del septentrión), hasta la Revolución castrista, el grande obstrucción estadounidense y la última posmodernidad que nadie se atreve a encasillar.

Una segunda secreto del texto es su pertenencia al especie policíaco, concretamente a la clan protagonizada por el detective Mario Conde. En este caso, según aclara el propio Padura en la “Nota del autor”, se comercio de un auténtico policial porque la historia contiene “varios muertos y muchos crímenes, físicos, históricos y espirituales”.

La novelística, de trama barroca por lo compleja, cuenta con dos argumentos que convergen, sucedidos en dos épocas distintas y recogidos en dos grupos de capítulos. Unos se sitúan en 2016 y otros en el distante 1910; los más recientes cuentan con un narrador en tercera persona y los cronológicamente más alejados están relatados por Arturo Saborit, un inspector de policía que comenzó siendo una persona prudente y terminó escribiendo su historia a modo de catarsis, para confesarse y liberarse del peso de la error.

En 2016, La Habana vive una rara y hermosa primavera en la que coinciden la visitante de Barack Obama, un concierto de los Rolling Stones, el mítico familia cuya música fue prohibida por el Régimen, y un desfile de Chanel, marca que encarna la esencia del capitalismo. A ello hay que añadir la visitante de personajes inclasificables como Rihana, las Kardashian o el índice de Fast and Furious.

Leonardo Padura: “La migración cubana de hoy no es política, nace de un cansancio histórico”

En este momento de algarabía, confusión y desorden es cuando reaparece Mario Conde para ayudar en una investigación criminal. El exdetective, a quien el tiempo ha convertido en sexagenario y ha enfatizado su incredulidad, y al que ya solo mueve su apego por Tamara, la amistad y ciertos saludos del pasado, parece ser el único habanero visible a la fiesta, el exclusivo conocedor de que “como toda epifanía, aquella tendría vida limitada”.

La narración, escrita con una prosa precisa y matizada en la que hay espacio para la ironía, resulta sumamente querida. Pero no estamos en presencia de una insustancial novelística policial, porque el especie se utiliza para pelar de forma acerba a la isla, tomando como prototipo su haber.

La última novelística de Leonardo Padura, de trama barroca por lo compleja, cuenta con dos argumentos que convergen

Nadie queda impune en el ajuste de cuentas. Padura reprueba la errata de títulos de la ingreso sociedad republicana, encarnada en el bisoño Yarini y en Saborit; pero además enjuicia la mezquindad y la corrupción del Régimen, personificado en el patético opresor Reynaldo Quevedo el Odioso, inquisidor cruel y falsario infame. Y censura la fealdad intelectual de una masa miserable, idiotizada por la escasez y por la acumulación de desdichas.

Personas decentes es humanidades comprometida porque revela la represión estupendo de miles de cubanos por tratar de practicar su religión, su arte, su ideario político, porque muestra cómo se asesina una reputación; y porque revela cómo se repite la historia, para desgracia de todos.

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