Hasta en su última aparición pública, la fallecida soberana llevó su imprescindible complemento, firmado por Launer.
La última aparición pública de Isabel II tuvo zona el pasado martes, 6 de septiembre, cuando recibió a la nueva primera ministra británica, Lizz Truss (47 primaveras), en Balmoral. Adecuado a sus problemas de movilidad, por primera vez en su reinado, la soberana designaba a la nueva jefa de Estado en su residencia de verano, y no en Buckingham. Apoyada en su báculo, Su Majestad se mostraba con un look que conjugaba a la perfección con el zona del acto: falda de estampado escocés, blusa, elástica, mocasines, perlas y su inseparable bolsa frito.
Aunque tenía una amplia colección y de variados tonos, Su Majestad prefirió por encima del resto aquellos diseños en color frito, de asas largasy firmados por Launer, la única marca que lucía y la misma que el pasado mes de abril lanzó una colección en su honor.
En los últimos tiempos, incluso, la firma adaptó sus diseños según las deposición de la Reina. Desde que comenzó a usar báculo, las asas se hicieron más largas para suministrar el movimiento. Adicionalmente, según explicó el CEO de Launer, Gerald Bodmer, los más recientes fueron lo suficientemente livianos para que Isabel II no llevara mucho peso.

La reina Isabel II recibiendo a Liz Truss en Balmoral.
Gtres
El maniquí tenía que ser lo más cómodo posible para que la soberana pudiera utilizarlo con cualquier look, en todos los sitios y en cualquier circunstancia. Hasta en los actos y audiencias que presidía en algunas de sus residencias, Isabel II llevaba este complemento. Tal y como ocurrió durante el acogida de Liz Truss en Balmoral.
"Me dijo que no se siente cómoda sin un bolsa", aseguró el CEO de Launer en una entrevista con People, en la que daba a entender que, ni los problemas de movilidad que sufrió en los últimos tiempos ni ninguna otra circunstancia impedirían que Isabel II se mostrara sin su complemento preferido.

Isabel II siempre elegía un bolsa frito para combinar sus 'looks'.
Gtres
Lo que allí guardaba sigue siendo un enigma. Aunque algunos expertos barajan algunas hipótesis y coinciden en que Su Majestad llevaría consigo pañuelos, monedas o algún labial, no se sabe con detalle qué escondía interiormente de este icónico complemento que ahora forma parte de la historia de la moda.
Pero más allá de ser un auxiliar al uso, este, al igual que otros bolsos, le servían a Isabel II de medio de comunicación. Por lo militar, Su Majestad los llevaba en el benefactor izquierdo. Si lo movía, automáticamente enviaba mensajes a su equipo que no podía expresar verbalmente.
Según explicó el historiador y experimentado en la grupo existente británica Hugo Vickers en una conversación con la revista People, cuando la Reina pasaba el bolsa de una mano a otra, estaba preparada para terminar una conversación. Mientras que si durante un acto lo posaba sobre una mesa, Isabel II avisaba a sus guardaespaldas que podía marcharse.