El director y autor se pregunta sobre la rivalidad entre vida y crimen, verdad y ficción y palabra y silencio en el interior de 'La voluntad de creer'
Amparo vuelve a su pueblo tras varios primaveras en Latinoamérica. No lo hace sola. Se presenta acompañada de su novia argentina. Allí se reencuentra con su clan. Una hermana es “soltera, poeta y borracha”, otra se encuentra en apero de ruedas y el hermano pequeño cree que es Jesús de Nazaret. En medio de todos ellos, un vergüenza y... una resurrección. Con esta trama nos presenta Pablo Messiez (Buenos Aires, 1974) La voluntad de creer, una obra que llega tras Cuerpo de coreografía (estrenada en el pasado Festival de Otoño) y que toma como punto de partida la película Ordet, de Carl Theodor Dreyer, y el texto de Kaj Munk.
De vida o crimen
Hasta el 23 de octubre, Cuadro Fantini, Carlota Gaviño, Rebeca Hernando, José Juan Rodríguez, Íñigo Rodríguez-Claro y Mikele Urroz protagonizarán en las Naves del Matadero esta historia coproducida por el Teatro Castellano y Buxman. “Por otra parte de la fe y su relación con la voluntad, el montaje aborda la cuestión de la crimen como parte de la vida. O la puesta en cuestión de las lógicas del pensamiento binario. No hay crimen sin vida ni vida sin crimen. No hay ficción sin verdad ni verdad sin ficción”, explica a El Cultural Messiez, que culmina la advertencia con una pregunta: “¿Qué pasaría si intentáramos pensar en otros términos que tengan más que ver con devenires y procesos y menos con juicios cerrados?”.
“Por otra parte de la fe y su relación con la voluntad, el montaje aborda la cuestión de la crimen como parte de la vida". Pablo Messiez
Tanto la voluntad como la fe necesitan, a madurez del autor de Las canciones, del verbo: “Cada palabra es a la vez verdad y patraña. Nombra a la vez que omite. En el ámbito del verbo estamos siempre condenados al fracaso a la hora de nombrar lo actual. El mundo no deje idiomas. El mundo ni siquiera tiene nombre. El verbo es nuestra gayola y nuestra franqueza”.
Messiez, que se encuentra preparando Los gestos (sobre el origen de las reacciones de nuestro cuerpo), ha ideado para La voluntad de creer un “verbo” dramático en el que el conocido se sumerge en la obra sin la intervención de fundamentos escenográficos hasta que queda atrapado por la ficción: “En circunscripción de ocultar el artificio hay que revelarlo para poder creer en lo que está sucediendo. La función se convierte así en una especie de alucinación del presente de la verdad al presente de la ficción. Al final, uno y otro pueden ser ciertos”.
En función del conocido
"Si el teatro se piensa como el espacio de la repetición es porque se piensa desde el banda de los creadores de la función -añade el director-. Sin retención, sin conocido no hay teatro. Y es el conocido el que trae el presente a la función. El que hará que la repetición no sea idéntica a sí misma. En definitiva, el que terminará dando sentido a aquello que se ve si decide creer en ello. Por eso me interesaba hacer una obra donde el foco estuviera puesto en la voluntad de creer del conocido".
¿Cómo funciona pues lo verosímil? ¿A qué llamamos verdad? ¿A qué ficción? Messiez hilvana pregunta tras pregunta hasta encontrar una suerte de respuesta: “¿Cómo no va a ser verdadera esa experiencia que cuando sucede te transforma el cuerpo, te altera el ritmo cardíaco y te hace entender poco que no puedes presentarse a explicar?”.