Había ganas, muchas, de retornar a surcar las aguas del Caribe y regresar a la ‘isla chimpancé’ con el nuevo videojuego de Ron Gilbert y Dave Grossman. Una vez opuesto su notorio ‘secreto’, se puede asegurar que Return to Monkey Island (de Terrible Toybox y Lucasfilm) es mucho más que un canto a la nostalgia de la era dorada de las aventuras gráficas, es una gran historia de aventuras repleta de humor, ingenio, puzzles y personajes queridos que revitaliza la clan del autoproclamado "gran pirata" Guybrush Threepwood y la hace atractiva igualmente a las nuevas generaciones.
Una vez jugarreta la lectura para PC tras su propagación el pasado 19 de septiembre (está acondicionado igualmente en Nintendo Switch), intentaremos hacer aquí un disección tratando de evitar spoilers argumentales, aunque pedimos disculpas de antemano si algún detalle se escapa.
Han transcurrido más de 30 primaveras desde que Gilbert y Grossman abandonaran a Threepwood en un parque de atracciones tras enfrentarse al malvado pirata LeChuck en la segunda entrega de la clan (LeChuck’s Revenge). Aunque en este tiempo Guybrush ha vivido otras tres aventuras, sus creadores originales han vuelto por fin con un muestrario que deja muy buen sabor de boca y que comienza, precisamente, donde terminó entonces.
Al igual que ellos, Guybrush es ahora más sensato y el mundo en el que sigue queriendo ser un gran pirata ha cambiado. Las modas son distintas, las generaciones nuevas vienen pisando resistente y ya nadie recuerda su cesión (aunque siempre tuvo que esforzarse por ser agradecido). LeChuck siquiera es el temible pirata de antiguamente y la piratería ya no se rige por las normas impuestas por los tres famosos piratas del Scumm Bar, que están dedicándose, digamos, a otras cuestiones. Pero hay cosas que no cambian, y un archienemigo lo es para toda la vida. Así, durante todo el muestrario, nuestro protagonista tendrá en mente derrotar de nuevo al pirata zombi hasta conseguir tener en su poder el notorio secreto de Monkey Island.
¿Qué fue de los tres famosos piratas del Scumm Bar y qué hacen estos 'hipsters' aquí? TERRIBLE TOYBOX
Una mezcla entre la nostalgia y la originalidad de una historia nueva
Es cierto que el muestrario tira de nostalgia y muchos guiños al pasado. La estructura del mismo, en cinco actos, es sobrado similar al Monkey 2. Aparecen numerosos personajes ya conocidos: Elaine Marley, el imprescindible y estrambótico Stan, el sufrido cartógrafo Wally o la señora del vudú, sin dejar antes a la calavera demoníaca Murray, el ‘running gag’ de esta entrega como ya fuera en la tercera tirada.
Pero la nostalgia no se impone a la originalidad de los creadores frente a una historia potente en la que aparecen nuevos escenarios y nuevos personajes, con quienes merece la pena deleitarse agotando todas las posibilidades de conversación frente a el humor sin fuste propio de Guybrush, que está presente desde el minuto uno. De hecho, esa amplitud conversacional invita a jugarlo por segunda vez.
Entre lo mejor del muestrario, destaca la entrañable y pintoresca tripulación de LeChuck, así como el cuarto de los cinco actos del muestrario, que es un real regalo en cuanto a escenarios y puzzles nuevos.
LeChuck, el pirata más temido del Caribe y el archienemigo mortal de Guybrush TERRIBLE TOYBOX
Elepé de memorias, un Trivial y un ejemplar de pistas
Para quienes no han jugado las anteriores entregas, o solo algunas, Return to Monkey Island cuenta con un cuaderno de memorias con imágenes y objetos en el que poder repasar todas y cada una de las aventuras de Guybrush y poder situar al personaje en el momento presente. Esto es poco que, incluso habiendo jugado a los cinco juegos precedentes, ayuda, ya que muchas cuestiones se pueden favor olvidado. El participante igualmente se encontrará con una pequeña compilación de los avances que ha hecho y lo que ha ocurrido cuando vuelva a sumergirse en la aventura.
Otra novedad que tiene esta entrega es un muestrario de Trivial: Guybrush irá encontrando tarjetas escondidas en los distintos escenarios que recopilará en un libro. En cada una de ellas, hay una pregunta sobre el videojuego presente. Se tráfico de un simple extra al muestrario que no afecta en carencia a la historia y que no aporta gran diferencia. Son preguntas, encima, muy concretas en algunos casos, como cuántas flores aparecen en los setos de un determinado tablas. Eso sí, se echa en errata el tradicional muestrario de espadas de las tres primeras entregas, aunque a cambio habrá otro muestrario en el que Guybrush deberá hacerse diestro (y que no vamos a revelar).
Guybrush regresa a Mêlée Island, donde se reencuentra con el vigía TERRIBLE TOYBOX
Por otra parte, frente a los dos modos que ofrece el muestrario, es enormemente aconsejable pugnar en modo difícil para no perderse detalle. De hecho, quizá lo que se echa en errata es un poco más de dificultad en la resolución de las metas. Detrás queda eso de ir probando cada objeto de nuestro inventario a ver si funciona con otro o con un personaje y rezando porque haya suerte, que era parte del encanto de estos videojuegos. Y es que todo cuadra con sobrado dialéctica y es difícil encasquillarse. Pero, en caso de no entender cómo continuar, el participante cuenta con dos importantes ayudas: una cinta de tareas que sería el orgullo de cualquier profesor de primaria que quisiese enseñar esquemas, y un ejemplar de pistas que costal del atolladero frente a cualquier situación.
Stan y Otis, dos de los personajes clásicos de la clan TERRIBLE TOYBOX
Y es que muchos no se acuerdan, pero en el pasado era muy posible consumir dedicando horas a probar opciones y recorrer una y otra vez los escenarios en indagación de poco nuevo, o preguntar a cierto que se hubiera pasado el videojuego para que nos diera una alternativa. A partir de los 2000 las guías de internet facilitaban estas cuestiones, pero tenían el peligro de spoiler.
Más acomodaticio de pugnar pero con menos opciones para probar locuras
Lo cierto es que en esta facilidad del muestrario influye sobrado la forma en la que los creadores lo han diseñado y que se base en el point and click (señala y clica), que limita a dos las opciones que nos da el ratón: mirar y realizar. No hay, por consiguiente, ese recuadro con las múltiples opciones de "susurrar", "ir en torno a", "coger", "dar", etc. que Gilbert sí empleó, por ejemplo, en Thimbleweed Park, la aventura gráfica que lanzó en 2017 (con estética retro y pixelada). Eso nos impide probar locuras como en anteriores entregas, en las que se podía probar a mezclar objetos o a utilizarlos sin ningún sentido, frente a lo que Guybrush solía objetar que no quería hacer eso o no tenía sentido.
Elaine Marley, siempre dispuesta a echar un 'cable' TERRIBLE TOYBOX
Mucho se ha hablado precisamente de la estética de Return to Monkey Island, poco poligonal y que no ha estado exenta de críticas. A nuestro parecer el estilo visual, que corre a cargo de Rex Crowle, hace de este un muestrario atún de ver y se disfruta sobrado. Mínimo que ver con Escape of Monkey Island y Tales of Monkey Island (la cuarta y chale entrega), que se disfrutaba mucho menos en la parte artística.
Adicionalmente de un doblaje sobresaliente, el hebilla final lo pone la preciosa facción sonora, que corre a cargo de Michael Land, Peter McConnel y Clint Bajakian, quienes ya participaron en los dos primeros juegos.
CONCLUSIÓN
Monkey Island es un videojuego para disfrutar, y mucho, del argumento, de los chistes y de la inteligencia de todos y cada uno de los personajes. Hay pocos ‘peros’ a este muestrario, los anteriormente mencionados, que no hacen sombra a la que es una gran historia de aventura gráfica. Los fans de la clan probablemente acabarán con un buen sabor de boca (si correctamente, el final del muestrario puede no degustar a todos), y los ‘neófitos’ en Monkey Island e, incluso, en este tipo de juegos, encontrarán aquí una maravillosa puerta de entrada a todo un universo pirata que ya ha hecho historia en la civilización de los videojuegos. Si no, al menos, aprenderán cómo hacer una buena fregona.