El cineasta francés le pesquisa las costuras al MeToo en 'El inculpado' contando la historia de un fresco rico que, “sin darse cuenta”, tiene sexo no consentido con la hija de la nueva pareja de su mama
¿Se puede violar a una mujer sin ser consciente de ello? Según Yvan Attal (Tel Aviv, 1965), sí. Claro que la historia es más complicada porque “no hay una verdad, hay muchas verdades, depende de la posición en la que estés”. Su propio hijo, Ben Attal, fruto de su alianza con Charlotte Gainsbourg, interpreta en El inculpado a Alexandre Farel, un fresco rico de París que “sin darse cuenta” acaba teniendo sexo no consentido con la hija de la nueva pareja de su mama. El quid de la cuestión es que ella nunca dice “no”, pero por su talante él debería haberse regalado cuenta.
Nacionalizado francés de origen israelí, Attal fue actor antaño que director y debutó en 1989 bajo las órdenes de Éric Rochant en Un mundo sin piedad y, posteriormente de varias películas con el mismo director, lo hemos conocido en filmes como Es más ligera para un camello… (Valeria Bruni Tedeschi, 2003) o el Munich de Spielberg (2005). Como director, triunfó con Buenos principios (2019), una visión sarcástica de la crisis de la mediana antigüedad, y ha obtenido una gran accogida en Francia con El inculpado.
El protagonista de esta nueva entrega es el hijo de un célebre periodista cultural (Pierre Arditi) y una incisiva escritora feminista (Charlotte Gainsbourg), que considera que debemos ser inflexibles con el machismo “inherente” a la civilización árabe. El mundo elegante y de maneras exquisitas de la tribu Farel se desmorona cuando “el caprichoso de oro” se ve metido en un lío colosal. Frente a él, Mila (Suzanne Jouannet), hija de una mama extremista religiosa, dispuesta a todo para que se haga honradez y para que el “inculpado” pague por haberla sometido a una violación.
Pregunta. ¿Quería reverberar cómo ha cambiado nuestra percepción respecto a ciertas conductas a raíz del MeToo?
Respuesta. A todos nos ha sorprendido ver a todas estas mujeres que dicen deber sido violadas. Que haya tantas nos ha dejado alucinados. Y esos actos muchas veces los han cometido hombres que quia pensaríamos que harían poco así. Vemos que muchos de ellos se dejan transigir por su propio deseo y no piensan en la otra persona. Creo que en el caso de la película, si la chica hubiera dicho claramente que no, él habría parado, no es un violador tal y como lo imaginamos. Alexandre no la fuerza. Sin incautación, no es capaz de darse cuenta de que ella está aterrorizada y de que se comporta de modo sumisa por ese miedo. Y aquí es donde vemos un gran cambio. Los hombres deben escuchar a la mujer, deben ser conscientes de lo que quiere. Es poco que afecta a todas las relaciones.
P. En la película empatizamos con esa chica que siente que ha sido violada, pero igualmente vemos las catastróficas consecuencias para la vida del fresco. ¿Quería mostrar los dos punto de horizonte?
R. Lo que vemos en El inculpado es que determinadas situaciones son complicadas. Las redes sociales juzgan en un minuto, pero en los tribunales es dispar. La película palabra de la dificultad de hacer honradez y de encontrar la verdad. Esa dificultad consiste en que hay una gran responsabilidad en el veredicto.
P. Vemos cómo el personaje de Gainsbourg se muestra inflexible delante cualquier tropelía sexual y cambia de opinión cuando el inculpado es su hijo...
R. Cuando las cosas te tocan personalmente todo cambia. Es ligera tener una ideología y una opinión absoluta, partisana. Pero luego en la vida verdadero las cosas son más complejas que eso. Tenemos una ruta ideológica, decente, pero cuando las cosas te llegan personalmente te hacen tambalear. Todo depende del punto de horizonte. Por eso digo que no hay una sola verdad, hay varias verdades porque todo puede cambiar en función del circunstancia en el que estés.
['Buenos principios', de Yvan Attal: La crisis del nido vacío]
P. El fiscal dice en un momento del filme que la talante del inculpado forma parte de un tropelía social más amplio. ¿Ve esa dimensión clasista?
R. No creo que este comportamiento sea específico de una clase social. La desliz de atención al deseo del otro sucede en todas partes. Lo que sí vemos es cómo impacta en la víctima. De alguna modo su status le hace advertir inferior. Y él de modo inconsciente quizá abusa de esa posición. Lo que sí se produce en la élite es un sentimiento de impunidad que no existe en otras clases sociales. Es muy popular que estos casos se den entre personas de dispar estamento: la secretaria y el patriarca, la actriz y el gran productor… Esas personas pueden tener mucho que perder si no ceden y eso complica las cosas porque cuando hay un enhiesto puede darse esa sumisión.
Un pequeño truco
P. En un momento concreto dudamos si el inculpado será Ben o su padre, el célebre y corrido periodista, por una aventura con una de sus empleadas. ¿Quería contraponer una historia con la otra?
R. Hay un pequeño truco en la película. Creo que es un error pensar que cualquier relación entre una persona con más poder social o crematístico que la otra es falsa o se sostén en el tropelía. Puede deber definitivo inclinación entre un patriarca y su empleada aunque haya una gran diferencia de antigüedad. No podemos poner todas las relaciones bajo sospecha.

Ben Attal (izquierda), en un momento de el inculpado
P. ¿Este nuevo molde en el que el tropelía deja de estar consentido puede inducir a algunos hombres a la paranoia?
R. Los hombres tienen miedo. Hay una parte que provoca terror. Pero al mismo tiempo se produce por fin una conciencia de situaciones que hasta la aniversario estaban toleradas. De alguna modo, hay un cambio que a corto plazo puede complicar las relaciones pero a larga lo que está pasando es positivo.