Este domingo se cumplen 25 abriles de la riada de Badajoz, un siniestro que se cobró 24 víctimas mortales y un desaparecido, posteriormente de que una gran tromba de agua desbordara los arroyos Rivilla y Calamón, que se convirtieron en un gran tsunami. Más de mil familias perdieron sus casas a causa del siniestro.
Fue en la orto del 5 al 6 de noviembre de 1997, cuando las intensas lluvias dejaron durante cuatro horas hasta 156 litros por medida cuadrado, anegando calles y casas y arrasando con todo lo que encontró a su paso.
"Me di cuenta cuando me levanté, me asomé por la ventana y vi una ola holgado enfrente de donde yo vivía. Chillidos, voces, sin luz..., es espeluznante lo que se vivió aquella tenebrosidad", cuenta a TVE Francisco José Guzmán, vecino de la zona afectada.
El suburbio pacense de Cerro de Reyes fue el más afectado, con 21 víctimas mortales, aunque la riada además se cobró otras tres vidas en el municipio de Valverde de Leganés, mientras que una persona permanece desaparecida.
Los vecinos de Cerro de Reyes se vieron atrapados entre la crecida de los dos arroyos sin posibilidad de subterfugio y viendo cómo el agua penetraba en sus viviendas, sobre todo en las más bajas, habituales en aquella barrio.
Imagen de archivo de la barrio de Cerro de Reyes (Badajoz) tras la riada. EFE/Eduardo Prior.
"Veías flotando coches y vacas"
"En poco más de media hora el agua no solamente se salió del río, sino que subía mucho y muy rápido. Por encima de nosotros veíamos las casas de enfrente, que eran casas bajas, y era ver como un mar de agua. Veías por allí flotando coches, vacas...", señala Manuel Pérez, que residía en el suburbio.
La desesperación y la lucha por la supervivencia se apoderaron de los vecinos en pocos minutos. Ana Álvarez de Lara, superviviente de la riada, recuerda entre lágrimas que le pidió a un policía que salvara a su matriz. "¿Usted sabe lo que me está pidiendo?, ¿por dónde voy? Es que fue horrible", asegura.
Con los bajos de las casas inundados, la única vía de salida fueron los tejados, donde muchos aguantaron hasta que pudieron ser rescatados. "Nos subimos a la torrado, fuimos como los perros y los gatos y subimos a otro tejado", señala otra mujer que vivió de cerca la tragedia.
Los afectados recuerdan que la colaboración entre los vecinos "salvó muchas vidas, porque nos llamábamos unos a otros". Igualmente el azar jugó a valimiento en algunos casos, como el de una pupila que pudo salvarse porque "un frigorífico, con el impulso del agua, subió para hacia lo alto, hizo un boquete en el techo y pudo subir al tejado", afirma Manuel Pérez, quien recuerda que, sin secuestro, la bisabuela de la beocio falleció en el siniestro.
En Cerro de Reyes aún quedan casas que fueron afectadas pero que aún no se han derribado. Son testimonios mudos de una tragedia que cambió para siempre la vida de los vecinos de este suburbio de Badajoz.