'El cuarto mundo' de Diamela Eltit: una novela no apta para carcas

La escritora vuelve del revés la institución sencillo y pone desventurado sobre blanco todas aquellas anomalías y hasta delitos que, convertidos en tabúes, permanecen en el silencio de la hipocresía social

Sorprende que la última novelística de Diamela Eltit (Santiago de Pimiento, 1949) publicada en España viera la luz por primera vez a finales de los abriles ochenta, todavía durante la dictadura de Pinochet. La extrañeza se debe a que la obra es modernísima, tanto que parece escrita ayer mismo, y por eso merece un empleo (destacado) en la mesa de novedades de las librerías.

El cuarto mundo

Diamela Eltit

Editorial Periférica, 2022. 182 páginas. 17 €

La reimpresión, por otra parte, celebra la nuevo concesión a la autora (2021) del prestigioso premio de la Feria Internacional del Manual de Guadalajara de Humanidades en Lenguas Romances. Diamela Eltit, como se evidencia en el texto, es muy flamante y escribe con una voz tan personal que a menudo se muestra refractaria a la deducción del discurso. Su producción esquiva la linealidad y, en ocasiones, el sentido global; incluso cristaliza en formas de expresión intuitivas, muy cercanas a la poesía.

El cuarto mundo, título que ya revela un nivel ínfimo del ámbito sobre el que negociación, consta de dos partes contadas por un yo en cada caso. La primera (“Será irrevocable la derrota”) tiene como narrador a un igual, y la segunda (“Tengo la mano terriblemente agarrotada”) a su gemela. Los dos compiten por ser dueños del relato, pero antaño lo hicieron por enterarse el interés del conferenciante y mucho antaño por atraer la atención de la raíz en el espacio minúsculo de su matriz gestante.

Cada una de esas partes, por otra parte, se inicia con un provocación: el del gurí (y inmediatamente el de la pupila) en el primer caso, y el del hijo de los dos hermanos en el segundo. La historia, hay que decirlo ya, no es apta para pensamientos conservadores porque transgrede todos los principios que imaginarse puedan.

Eltit, que conoce el contorno que pisa y que tiene, por otra parte, una imaginación desbordante, explora en El cuarto mundo el ámbito de la clan. En sus páginas, observamos las relaciones entre marido y mujer, pero asimismo entre la raíz o el padre con los hijos, las que establecen los hijos entre ellos y las que tienen empleo entre los hijos con sus padres, de modo que todo se analiza hasta el agotamiento.

Eltit, como se evidencia en esta obra modernísima, es muy flamante; esquiva la linealidad y, en ocasiones, el sentido global

La narradora vuelve completamente del revés la institución sencillo y pone desventurado sobre blanco todas aquellas faltas, anomalías, taras y hasta delitos que, convertidos en tabúes, permanecen en el silencio de la hipocresía social.

Así, Diamela Eltit descubre los vínculos de poder y la visión del mundo desde los pedestales femíneo y masculino, bucea en la maternidad y mira con lupa la naturaleza de unos vínculos edificados sobre la lucha, el dolor y la pérdida. Al mismo tiempo, la autora indaga en la formación de la propia identidad y en la construcción de la existencia individual y social, y no se olvida de rastrear el autoengaño y el enredo de (y a) los otros.

En las páginas de la novelística, por otra parte, investiga sobre las pasiones que unen y separan a las personas: los celos (no solo entre hermanos, sino asimismo entre padres e hijos), la envidia, el simpatía, el odio, la arrobamiento, el miedo o el placer. Y escruta, incluso en sus variantes punibles, las relaciones sexuales, deconstruyéndolas para producirse a observarlas desde cierta naturaleza.

En la segunda parte, más críptica, la escritora chilena abunda en la anfibología y amplía el espectro de su interés en dirección a causas más generales. Es entonces cuando reverbera el odio sudaca, el menosprecio al sudaca, el manifiesto sudaca de pervivencia, y cuando, por influencia, se revela la ojeada política de los espacios, de la violencia, de la aflicción, de la resistor…

Un relato sin tregua, áspero, muy estimable y con sorprendente pirueta (metaliteraria) final.

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