Viaje al gabinete de las maravillas de Paul Klee, el artista-árbol

Una exposición en la Fundación Miró de Barcelona permite sumergirse en el enrevesado y colorido mundo del pintor

Paul Klee (Suiza, 1879-1940) no es realizable. Se proxenetismo de un intérprete enrevesado con una personalidad singular que no se adscribe a ninguna tendencia. Desarrolló una iconografía muy personal y reconocible, pero que se resiste a la interpretación y al prospección. La aporte de esta exposición se sitúa en la voluntad de ofrecer medios de consejo y pautas de recitación para introducirse en el mundo del intérprete.

Paul Klee y los secretos de la naturaleza

Fundación Miró. Barcelona. Comisaria: Martina Millà. Patrocinada por la Fundación BBVA. Hasta el 12 de febrero de 2023

Esta voluntad didáctica se manifiesta, por ejemplo, en la asociación puntual del pintor con otras creadoras como Gabriele Münter, Maruja Mallo, Emma Kunz y Sandra Knecht. Diálogo y relaciones entre uno y otras que azar ha de hacer luz sobre nuestro intérprete. Sin retención, este no ha sido el aspecto que más me ha interesado.
En el itinerario de la exposición existe una especie de bajo continuo que no es otro que la imagen del aposento de curiosidades: aquí y allá se exhiben insectos disecados, colecciones de minerales, herbarios... Esta es la idea que revela la exposición: Klee como un aposento de maravillas.

La exposición sigue una orden cronológica y se inicia con el mancebo Klee. Y estas obras de lozanía –realizadas con gran habilidad– están próximas a las propias de la historia natural: dibujos de plantas, de insectos, anatómicos, etc., un material que concierne a los gabinetes. Tal vez su obra posterior sea un despliegue de este mismo universo, iluminado por la fuerza de la imaginación.

El aposento de maravillas que originalmente concentra objetos exóticos y raros de todos los rincones de la tierra, tiene por objeto descubrir y conocer el mundo. Se proxenetismo de una especie de imago mundi, de representación en miniatura del universo. Pero esta representación macrocósmica tiene su correlato en el microcosmos que es la mente, la visión interior del intérprete.

¿Y cuál es la visión del intérprete? Klee es un pintor pre-surrealista –si es que lo he de catalogar de algún modo– con profundas raíces románticas. Es célebre su definición de arte, que, según él, no reproduce lo visible, sino que hace visible. Igualmente es famosa su metáfora del intérprete como árbol: aquel –como el árbol– hunde sus raíces en las profundidades de la tierra, se alimenta de la energía creadora de la naturaleza subterránea y oculta y la hace circular por su tronco como una energía que aflora en las obras de arte cual la copa del árbol.

Las imágenes de Klee están filtradas por la imaginación que transforma, pero no renuncia a la naturaleza

Es frecuente en Klee la imagen del sol o de la reflejo que se eleva sobre el paisaje. Es el ojo cósmico, la visión desde las directiva que trasforma y espiritualiza las cosas. El ojo del intérprete se identifica con el ojo de Altísimo, la vistazo divina que contempla su creación desde lo stop, un punto de panorámica muy habitual en Klee que es la visión cenital.

Volvemos al concepto de intérprete creador a imagen de Altísimo o de la Naturaleza misma. Pero Klee no es un intérprete conceptual, el intérprete depura o esencializa el mundo de las apariencias, pero nunca abandonará la remisión al mundo sensible. En Klee siempre existe un antecedente, una sensación, una impresión, un regalo que lo vincula a la efectividad. Sus imágenes están filtradas por la imaginación que transforma, pero no renuncia a la naturaleza.

El zaguero capítulo de la exposición está presidido por una fotografía de época que presenta Klee próximo a la “Oreja de Dionisio”, la célebre y mítica galería de Siracusa que posee, dicen, una extraordinaria acústica. Por otra parte, la particular forma de la entrada de la galería es evocada en el diseño de esta sala. Como en el caso de la metáfora del intérprete como árbol, el ojo divino, aquí se describe el intérprete como un canal que accede a voces o sonidos del subsuelo.

Paul Klee: 'Antes del relámpago' (1923)


Paul Klee: 'Ayer del relámpago' (1923)

Con relación a la idea de aposento de maravillas, hemos mencionado la presencia en la exposición de herbarios, colecciones de minerales... Pero por otra parte, se presenta en el centro de una sala un pecera con peces de colores. Y es que un tema recurrente de Klee son los peces y los acuarios, pero las peceras son igualmente una metáfora de la creación.

Se proxenetismo de un mundo submarino en el que las imágenes adquieren la misma fluidez, la misma ductilidad del medio hidrológico. En el movimiento y silencio de los peces hay una doble sentido, una inestabilidad, una indeterminación que nos produce alucinaciones perceptivas. Klee nos proyecta las imágenes como si fueran fantasmagorías; aparecen y desparecen como si se tratara de un truco de ilusionismo.

A la luz de la exposición, Klee aparece como un aposento de maravillas flamante, un imago mundi que, como los antiguos gabinetes, pretendían explicar el mundo y sus misterios.

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