Carlos se enfrenta a 22 años de cárcel por matar a su amante cofrade tras una sesión de fotos íntimas

El supuesto autor del crimen del cofrade de Gandía, de 31 primaveras, acusa a otro enamorado de la víctima y asegura que lo dejó con vida en la cama.

Carlos Almiñana tenía 67 primaveras cuando fue asesinado a cepa fría en su domicilio de la calle Ciutat Laval de Gandía (Valencia), en febrero de 2021, y dejaron su cuerpo semidesnudo anudado a la cama.

El único detenido y procesado por este crimen, Carlos Raúl Y. M., de 31 primaveras y origen panameño, tenía una relación sexual con la víctima y acaba de asilar delante el tribunal que le juzga que se dejaba fotografiar sin ropa o medio desnudo a cambio de patrimonio. Según la Fiscalía, Carlos Raúl ató los pies de la víctima y le tapó la boca para que no gritara mientras le torturó hasta la crimen tras un postrero enfrentamiento sexual.

El crimen se produjo el 17 de febrero, pero el entorno de la víctima no encontró el occiso de su ascendiente hasta unos días a posteriori, el 24 de febrero. Almiñana no tenía hijos y sus sobrinos encontraron el cuerpo tras venir alarmados a la vivienda de su tío porque no sabían cero de él desde hacía días.

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Cuando llegaron, la víctima estaba atada de pies y manos a su cama con bridas y el cable de una antena. El asesinó registró el domicilio para hurtar dos ordenadores, dos teléfonos y joyas, entre otros mercadería.

Carlos Almiñana, el cofrade asesinado en Gandía.


Carlos Almiñana, el cofrade asesinado en Gandía.

Un tribunal popular ha supremo esta semana en la Audiencia de Valencia a Carlos Raúl, el tierno procesado de matar a Carlos Almiñana en su casa de Gandía. El tribunal determinará si el 17 de febrero de 2021 el procesado estaba en casa de la víctima, con la que tenía amistad desde hacía meses, la ató de manos y pies a la cama, le golpeo la capital y le apretó fuertemente el cuello hasta que acabó con su vida. La Fiscalía pide 22 primaveras de prisión para el procesado, mientras que la tribu de la víctima eleva la petición hasta los 30 primaveras.

Almiñana era un hombre muy querido y conocido por sus vecinos. Pertenecía a la Cofradía del Disciplinante de la Semana Santa de Gandía y coleccionaba fotografías de temática religiosa. Encima, era vocal de la Cofradía del Santurrón Andrés Hibernón, una asociación de carácter religioso y cultural en honor a un conocido mojigato valenciano, y colaboraba con distintas organizaciones como Cruz Roja y Cáritas

El mismo día del crimen, el supuesto autor sacó patrimonio con las tarjetas de Almiñana y se marchó a Valencia, al alfoz de Benimaclet, con el coche de su víctima.

"Soy andrógino"

Carlos Raúl ha público por primera vez en el pleito para desmentir los hechos. Encima, ha asegurado que no mantenía una relación sexual con la víctima y solo ha admitido que se dejaba fotografiar con poca ropa a cambio de patrimonio.

"Soyandrógino y un poco rajado, pero no me gustan los hombres", repitió insistentemente durante la primera sesión del pleito. Ninguna de las partes preguntó en el pleito por su orientación sexual, pero en su proclamación hizo relato en varias ocasiones a su condición de hombre heterosexual y aseguró que tenía pareja.

El procesado sostuvo que el cofrade iba presumiendo de él por Gandía "como si fuera un trofeo". Eso le molestaba y desveló que en la vivienda había una tercera persona más. Según su interpretación, la víctima pretendía suministrar sexo con los dos e insistió en que el tercer hombre era conocido como "señor Salamanca". 

La víctima en un acto de su cofradía de Gandía.


La víctima en un acto de su cofradía de Gandía.

Carlos Raúl admitió que el 17 de febrero estuvo en casa del cofrade para una sesión de fotos, pero alegó que cuando se marchó la víctima seguía con vida. Al parecer, los dos quedaron en Xàtiva, en el interior de la provincia de Valencia, porque el cofrade le pidió ayuda para instalar una antena en su vivienda.

A posteriori de ingerir, Almiñana le invitó a concluir al tercer pequeño porque "era más cortejo que yo". Carlos Raúl apuntó que los dos se dejaron fotografiar mientras se masturbaban, pero la investigación no ha localizado las imágenes y no existe ninguna evidencia científica que apunte a una tercera persona en el crimen.

Encima, la Policía localizó a este tercer hombre, un tierno que se dedica a la prostitución masculina, y descartó su billete en el homicidio. El único ADN que ha aparecido en las bridas y el cable de la antena que se utilizaron para inmovilizar al cofrade es el del procesado, según los informes incluidos en el sumario.

Carlos Raúl salió de la vivienda y se llevó a Valencia el coche de la víctima, un Citroën C4 de color rojo, porque se había comprometido a producirse la revisión, según su proclamación. Igualmente, su defensa puntualizó que cómo existía una "relación de confianza" Carlos Raúl solía manejar las cuentas y el transporte del hombre asesinado. En cambio, según ha determinado la investigación, su único objetivo era hacerse con el patrimonio del cofrade.

Carlos Raúl con el coche de la víctima que supuestamente robó tras el asesinato.


Carlos Raúl con el coche de la víctima que supuestamente robó tras el crimen.

Los días posteriores al crimen realizó compras con las tarjetas del fallecido que superaron los 5.000 euros. Compró productos en tiendas de cosmética, deporte o locales de telefonía móvil. Más tarde se deshizo del teléfono de la víctima y pidió ayuda a un amigo para quedarse en su casa. Dejó tantas pistas durante su huida que la Policía Doméstico pudo detenerle y resolver el crimen a los pocos días.

Perfil violento

La excompañera sentimental del supuesto homicida, mama de su primer hijo, desveló en el pleito su perfil violento.

La mujer declaró como refrendador que el procesado la intentó estrangular estando grávida, pero trató de restar importancia a este episodio de violencia machista. La expareja admitió tener miedo de Carlos Raúl y que quedaban en un parque cada vez que quería ver a su hijo.

El ocupación notorio no tiene dudas y cree que el cofrade no tuvo opción de defenderse al estar anudado de pies y manos y con una prenda en la boca para que nadie le escuchara. Por ello, solicita una pena de 22 primaveras de prisión, 18 por el delito de crimen y cuatro más por robo con violencia en casa habitada.

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