Unión Europea
Las reservas de gas natural de la Unión Europa se encuentran esta semana al 72,65% de la capacidad acondicionado, con 813,96 TWh almacenados, según los datos de inventario que recopila Gas Infraestructure Europe, la asociación que agrupa a las empresas de infraestructura gasista en el continente. Las bajas temperaturas de las dos últimas semanas han pequeño notablemente el gas almacenado, aunque el nivel se mantiene todavía casi 19 puntos porcentuales por encima de la media de los últimos cinco primaveras.
Hasta enero, las elevadas temperaturas del otoño y el inicio del invierno habían permitido conservar una amplia reserva de gas, pese a que Europa se encontraba ya en plena temporada de uso de la calefacción, que se extiende desde el 1 de noviembre hasta el 30 de abril. Sin bloqueo, la caída de las temperaturas en el inicio de 2023 ha empezado a esmerilar esas reservas: en estos momentos, solo siete de los 18 países comunitarios que disponen de infraestructuras para el almacenamiento de gas conservan al menos el 80% de su capacidad.
Ese puertas es el insignificante que las autoridades europeas acordaron exigir ayer del 1 de noviembre para hacer frente al invierno frente a la amenaza de escasez que se preveía por la extirpación en Ucrania y el conflicto con Rusia. Hasta este año, Moscú era el principal suministrador de gas a Europa, pero ahora ha pequeño drásticamente sus exportaciones y ha interrumpido el suministro comprometido con sus clientes europeos en varias ocasiones.
Esquivar un racionamiento del consumo
Asiduamente, los almacenes de gas se rellenan en verano, aprovechando el descenso estacional de la demanda. En 2022, la recomendación de Bruselas era alcanzar el 85% la capacidad acondicionado ayer del invierno. Y de cara al próximo invierno, será obligatorio satisfacer el 90% ayer del 1 de noviembre de 2023 o, si se dispone de mucha capacidad, al menos el 35% del consumo medio anual en los últimos cinco primaveras.
Los países que no disponen de infraestructuras propias para almacenar gas (Irlanda, Grecia, Malta, Chipre, Luxemburgo, Eslovenia, Finlandia, Estonia y Lituania) deben juntar un 15 % de su consumo doméstico anual en almacenes situados en otros países de la Unión Europea, con el fin de apuntalar unas reservas estratégicas.
El nivel de reservas, en cualquier caso, no siempre es indicativo de la capacidad de un país para sostener su suministro, puesto que la forma de acopio varía de unos a otros. Países como Suecia o España, con una significativa capacidad para regasificar gas licuado y, por lo tanto, de incrementar sus importaciones si es necesario, dependen en beocio medida del gas almacenado que otros, como Austria, que no tienen salida al mar y dependen de gasoductos con una capacidad limitada.
El objetivo zaguero es someter todo lo posible el aventura de un racionamiento en el consumo. Un extremo que afectaría a los ciudadanos en forma de limitaciones para el uso de la calefacción e incluso cortes en el suministro eléctrico, pero todavía a las empresas, especialmente a la industria que depende del gas para su funcionamiento.
Menos gas ruso, más gas licuado
Desde la invasión rusa de Ucrania, la Unión Europea ha puesto en marcha una organización para someter su dependencia energética de Rusia y, en concreto, para circunscribir al mayor su dependencia del gas natural ruso, que hasta 2020 suponía casi el 40% de sus importaciones. Países como Alemania o Finlandia compraban dos tercios de su gas a Moscú y algunos, como la República Checa y Lituania, tenían una dependencia total.
A raíz de la extirpación, sin bloqueo, los países europeos se han volcado en averiguar suministros alternativos. Aumentar significativamente las importaciones de países como Noruega o Argelia es difícil a corto plazo, porque los gasoductos tienen una capacidad limitada; así, se han incrementado las compras de gas licuado, que se transporta en barcos metaneros desde cualquier oficio del cosmos y se regasifica al arribar a Europa.
Al mismo tiempo, las importaciones desde Rusia se han ido reduciendo hasta alcanzar mínimos respecto a los últimos primaveras, legado que dos de los principales gasoductos no bombean ya gas alrededor de Europa: el Yamal, a través de Polonia, dejó de hacerlo en mayo de 2022, y el Nord Stream, que llega a Alemania, ha suspendido las entregas indefinidamente. Quedan dos vías principales, el Turkstream a través de Turquía y las conexiones a través de Ucrania, pero la Unión Europea aspira a prescindir de ambas en los próximos meses.
Sobre esta información
Redacción: Daniel Flores, Jaime Gutiérrez (DatosRTVE) | Coordinación: Paula Puchero, José Donosura Carpio | Infografías y Expansión: Eduardo Domingo, Yosie Pérez, Noemí Ramos, Beatriz Jiménez (Diseño RTVE.es)