Fernando Aramburu ha atravesado el éxito monumental de lectores de Estado (2016), que retrataba la herida social del terrorismo en el País Vasco, para derribar la ojeada en una continuidad razonamiento a su arreos personal de "gentes vascas normales y corrientes de mi tierra" con su última novelística, Hijos de la relato (Tusquets), que arranca una serie aún por perfilar.
El viraje calculadísimo lo encontramos en el tono porque el escritor enfoca desde la sátira: "el humor viene con una situación absurda que luego se vuelve racional", asegura sobre la historia de dos jóvenes candidatos a terroristas de ETA, Joseba y Asier, que se enrolan en la facción al filo de la confesión del suspensión el fuego en 2011.
Escondidos-sin armas- descolgados y muy muy perdidos en una alquería de pollos en Francia, deciden continuar la "lucha" por su cuenta rebosantes de ideología pero con cero medios aperos, en una ficción paródica con referentes literarios de calado.
En Hijos de la relato resuenan ecos directos de Esperando a Godot de Beckett, "los personajes se aburren y hacen rutinas en un sitio que no les pertenece", gotas de El gran dictador de Chaplin en la mofa del poder, relata Aramburu en la presentación este miércoles del vademécum en Madrid.
"Me parece sano satirizar sobre el totalitarismo", afirma sobre las escenas disparatadas en las que se ven envueltos los personajes y que empapan la novelística. Un medio en presencia de el que Fernando Aramburu sintió "desvanecimiento" de que no se entendiera y aplicó su propia salvaguarda decente.
"No quiero causar daño a quién sufrió por eso se lo comuniqué a una víctima del terrorismo para ver si le resultaba aceptable. No sacar a las víctimas en el vademécum me dejó manos libres para la sátira", relata.
Preguntado sobre el aventura en presencia de el brinco caústico en su humanidades sobre el entorno de ETA, Aramburu aclara con contudencia. "No voy a prescindir de mi historia personal aunque me pongan a caldo. Soy un tocapelotas. Mis novelas son de convivencia de clan que vivió a la vez que yo. No sabría hacer una novelística negra, pero pongo a dos vascos en el monte y se de lo que van a susurrar (...) si yo tuviera miedo a la hora de escribir me dedicaría a otra cosa".
Personajes con ecos quijotescos
El escritor easonense, residente en Alemania desde hace 30 primaveras, ha impregnado de forma inconsciente a estos dos aspirantes a terroristas de un esforzado fragancia quijotesco en sus desventuras, aunque admite que la fuente de "picaresca" que "le marcó como un hierro candente" fue la recital del Guía de Tormes. "Forma parte de mi ADN porque mis orígenes son humildes e ingresé directamente en la humanidades a través de los clásicos. Es mi modo de ver la vida. El escueto que intenta salir del pozo social".
"A estos dos personajes les tengo simpatía aunque no conviviría con ellos, pero me dan mucho distracción afectado como entes de ficción que son", apunta sobre los protagonistas que viven en su propia "relato" del relato nacionalista que les han inoculado, aunque el autor cree que en la presente las "cosas han cambiado" y "muchos jóvenes desconocen quién era Miguel Santo Blanco".

Otro de los escollos que encaró Fernando Aramburu es el preciso engranaje de la "personalidad del vademécum" en una artesanía real en el idioma, en la que tuvo "dificultades" para "escribir sencillo". El resultado de la técnica invisible es un ritmo vertiginoso y unos dialógos punzantes en un ping pong intelectual que creó con "el freno recostado". "No hay ninguna frase con más de un verbo, pero no quería una sucesión de telegramas".
El gérmen de Hijos de la relato prendió en su mente a la vez que Estado cuya escritura arrancó con el fin de la violencia en 2011, Aramburu se cuestionó qué ocurriría si algunos comandos no estuvieran de acuerdo y decidieran realizar por su cuenta. Abriles a posteriori la idea sale a la luz conformada bajo la cambio de los tiempos, pero con una máxima firme que iluminó su pluma.
"Hay una frase de Sabater que es un inscripción para mí y describe el proceso que movía mi mano al escribir la novelística. Aspirábamos a sobrevivir a los terroristas para a posteriori reirnos de ellos", concluye.