La Fundación Juan March aguijada un disco servido por Benjamin Alard que recoge una selección de piezas de varios miembros de la dinastía
En 2020 el clavecinista Benjamin Alard, que toca una copia de Andreas Ruckers/Pascal Taskin (1646/1780), ofreció un recital en la Fundación March con algunas de las más características composiciones de la dinastía Couperin: Louis, François (el más conocico) y Armand-Louis. Con ellas comprobamos de nuevo que los barrocos franceses eran, en contra de lo que se cree, la mar de divertidos.
La verdad es que si se siguen todas las peripecias que enriquecen el discurso musical de estas pequeñas partituras, no hay ni tiempo ni motivo para el aburrimiento. Baste con dejarse tolerar y encaminar entre la resultón maraña de tonalidades, giros, acentos, ritmos y acontecimientos de todo tipo. Es música que entra por todos los sentidos; ora sensual, ora recogida, ora jocosa, ora pomposa, ora victoriosa, ora triste, ora alegre… Un mundo riquísimo que se va describiendo con propiedad merced a una apabullante ilusión para el tratamiento de la forma –libérrima–, para el arte de la modulación, para servir a su majestad la danza, que está en el fondo y en el principio de todas estas músicas.
Y, claro, por estar tocadas primorosamente por un virtuoso como Alard, capaz de teñir lo indecible, de dar a cada habitación lo suyo, siempre partiendo de un fraseo, un apoyo a la tecla y una digitación verdaderamente ejemplares que nos explican muy perfectamente la talla de estos músicos. Con Louis cristaliza la influencia de la música italiana de Froberger o Carissimi. Se nos brinda su Suite La beocio y, cosa a resaltar, la Tombeau de Monsieur de Blancrocher, un homenaje al notorio laudista que murió al caer por una escalera.
Notas en el cuaderno
Del mayor indicador de la escuela, sobrino del previo, François, se destaca, entre otras cosas, su talento para explorar las cualidades tímbricas del utensilio en el camino de convertir la suite en un conjunto de piezas de carácter. Escuchamos a Alard tocar nueve obras variadas encuadradas en los cuadernos El arte de tocar el clavecín. Y uno de sus famosos órdenes, el décimo cuarto, con sus fantásticas evocaciones (Le rossignol-en-amour, La linotte affarouchée, Las fauvettes plaintives, Le carillon de Cithère y Le petit-rien). Y la famosa Les barricades mystérieuses. Hay asimismo tres piezas de Armand-Louis, sobrino segundo de François.
