La flexibilidad de las arterias, un tanteador protector contra el peligro cardiovascular, se puede restaurar con tres nutrientes principales.
Proteínas, zinc y niacina, una forma de la vitamina B3: una dieta rica en estos tres nutrientes sería la esencia para conservar la vitalidad arterial y restablecerla en caso de encontrarse dañada. Así lo plantea un nuevo estudio israelí presentado en el Congreso Europeo sobre la Obesidad (ECO por sus siglas en inglés) que se celebra en Maastricht, Países Bajos.
Las mejoras de la vitalidad metabólica y cardiovascular de los pacientes con obesidad o sobrepeso que se observan tras la pérdida de peso, apuntan los investigadores, se tienden a atribuir a la propia asesinato de potingue corporal. Asimismo a los cambios en la carbohidrato en cepa, la presión arterial o al descenso de lípidos en el torrente sangriento tras el adelgazamiento.
Sin incautación, apuntan, la composición de la dieta durante el proceso de pérdida de peso no se ha estudiado en toda su extensión, valoran. La mayoría se queda en las categorías de macronutrientes -proteínas, carbohidratos y grasas- según los investigadores del Centro Sagol para el Síndrome Metabólico del Instituto de Endocronología, Transformación e Hipertensión del Centro Médico Tel Aviv-Sourasky, y la Universidad Sackler, además con sede en Israel.
Para determinar el impacto de otros nutrientes en la mejoría de la vitalidad de las arterias, los investigadores reclutaron a 72 voluntarios diagnosticados con obesidad y síndrome metabólico, dos problemas de vitalidad prevalentes en las sociedades industrializadas. La etapa media fue de 53 abriles y poco más de la fracción eran hombres, que se sometieron a un software multidisciplinar de pérdida peso durante un año.
Los participantes tenían un Índice de Masa Corporal (IMC) de 34,28 kg/m2 al aparición del esquema: este indicador se relaciona con el sobrepeso cuando es igual o superior a 25 kg/m2, y con la obesidad cuando es igual o superior a 30 kg/m2. Se les pidió que rellenasen un cuestionario dietético en detalle antaño de comenzar con la dieta, y tuvieron que repetirlo nuevamente un año posteriormente.
El software incluyó una viandas pautada, ejercicios físicos, y entrevistas regulares con un médico y un dietista. Se les tomaron muestras de tres parámetros de flexibilidad arterial: velocidad de onda de pulso (PWV por sus siglas en inglés), prueba de dimensión de la íntima-media carotídea (IMT) y la dilatación mediada por flujo (FMD). Si estos indicadores apuntan a una viejo rigidez de las paredes arteriales, se considera que aumenta el peligro de morbilidad cardiovascular y homicidio.
Al término del año de intervención, el IMC había descendido un 9,4% de media entre los participantes, y las tres medidas de flexibilidad arterial habían mejorado. La FMD se había optimizado considerablemente, un 47% de media. El resto de incrementos fueron más discretos: la PWV mejoró un 13% y la IMT, un 1%.
Atendiendo a cada prueba, la velocidad de onda de pulso se benefició de la reducción en la ingesta calórica y de grasas saturadas que brindó la mejoría en la dieta. Muy especialmente, fue el aumento del zinc lo que mejoró los resultados: se proxenetismo de un mineral esencia para mejorar la síntesis del óxido nítrico en la cepa. Este compuesto ayuda a relajar los músculos internos que llevan a las arterias a contraerse y les permite dilatarse.
Por otro flanco, la mejoría en el IMT se relacionó con las reducciones en las calorías y grasas ingeridas, y el aumento de la proteína. Finalmente, los beneficios a la FMD derivaron del aporte en niacina, un compuesto con la capacidad de dilatar los vasos sanguíneos, en peculiar en el tronco superior del cuerpo.
"Hemos observado que los cambios en determinados aspectos de la viandas se relacionan con una mejoría en la estructura y la función vascular", explica la Dra. Brurya Tal del Centro Médico Sourasky, e investigadora principal. "Las comidas ricas en zinc fueron las pipas de calabaza, las pipas de mirabel, las nueces y la carne. La niacina fue proporcionada por el pescado y la carne.
"Una dieta mediterránea, rica en proteína -lácteos desnatados, pescado, pollo y huevo-, rica en verduras, frutos secos y semillas, y complementada con frutas y forúnculo impávido, puede contribuir a mejorar la flexibilidad arterial, protegiendo de forma indirecta todo el sistema cardiovascular", concluye la doble.