En una entrevista con EL ESPAÑOL narra como llegó a Nador, el viernes trágico donde murió su amigo y la expulsión a 600 kilómetros.
“La policía nos empezó a pegar con porras y pistolas, querían matarnos. Mataron a mis amigos enfrente mía, a mis pies. Toda la gentío estaba herida, con brazos y piernas rotas. Nos dejaron dos horas allí tirados, como animales. Una persona pedía agua, agua, agua, otras lloraban; pero nadie nos caldo a ayudar”, recuerda Abuobida esas dramáticas horas en que las fuerzas de seguridad marroquíes lo dejaron tirado en el suelo contiguo a decenas de migrantes en Suburbio Chino, a pie de la valla de Melilla.
Abuobida tiene 20 primaveras y salió hace cinco de Darfur (Sudán) con la traza puesta en Europa. Escapaba de una pugna para averiguar protección contiguo a sus familiares en Francia y Suiza. Entonces, siendo todavía último de perduración, no imaginó que su delirio iba a ser tan amplio y difícil, cinco primaveras en los que atravesó Libia, Argelia y Marruecos.
Cuando era muy pequeño dejó a su comunidad y no sabe si están vivos o muertos.
“Cuando era pequeño estalló la pugna, prendían fuego a la casa y disparaban a la gentío. Abandoné el país y me fui a Libia, pero no es seguro, matan y meten a los migrantes en prisión. No teníamos casa, ni trabajo, así que miramos a otro sitio. Llegamos a Argelia, y lo mismo de lo mismo; y entonces nos cambiamos a Marruecos. Marruecos parece un buen sitio, pero es horrible. No nos ayudan, vivimos en la calle como animales, no encontramos ni trabajo ni comida. Por eso, intentamos entrar a Melilla”, relata Abuobida.

Imagen de la mortandad en Melilla la semana pasada.
E.E.
Inmediato a cerca de 2.000 personas migrantes intentó saltar la valla de Marruecos a Melilla el 24 de junio. “No nos respetaron, nos pegaron, nos dispararon, nos asesinaron, un amigo murió, y otro está herido en el hospital”, lamenta Abuobida. Ese día, su amigo Hanin de 25 primaveras perdió la vida. “Murió enfrente de mí. Estaba llorando y seguían pegándole, y al final murió”.
Los pies en Melilla
Poco antaño, Abuobida había conseguido entrar en Melilla. Puso sus pies en división gachupin el día 24 de junio. Sin bloqueo, cuenta su historia desde Marruecos porque lo devolvieron al averno de la valla de Suburbio Chino, donde decenas de personas migrantes yacían en el suelo bajo el sol rodeadas de más de mil agentes de las fuerzas del orden marroquíes. “Recorrí todo el mundo, entré en Melilla, y me devolvió la policía española, que encima me hirió”, lamenta.
Devolución que condena la investigadora de la Universidad de Michigan Cynthia Magallanes-González desde Marruecos, donde documenta los flujos migratorios, “los grupos sudaneses automáticamente son reconocidos por ACNUR como refugiados en todo el mundo por lo que está pasando en sus países. Así que al devolverlos con destino a Marruecos (como denuncia Abuobida), los dos Estados violan leyes internacionales, convenciones que ellos mismos han firmado, porque Marruecos es un peligro para muchos migrantes. Es un país muy racializado, donde los policías están entrenados a mirar a la persona con la piel negra como si fuera automáticamente una persona ilegal”.
Desde el Profesión del Interior en Madrid mantienen a EL ESPAÑOL que “no ha habido ninguna expulsión. No se ha expulsado a nadie. De hecho, todos han expresado voluntad de protección internacional”. Se refiere a los 133 migrantes que llegaron al Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI), la mayoría de Sudán y Chad.

Abuobida, en una foto de su libro personal.
Cedida
Por lo tanto, son personas susceptibles de protección internacional. En 2021, la tasa de agradecimiento positivo para personas procedentes de Sudan fue de más del 91% y de Chad fue de más del 82%, según los datos de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR).
A diferencia de lo que mantiene Interior, una voluntaria de una ordenamiento de apoyo a migrantes en Melilla, que prefiere desentenderse su anonimato, relató a este medio que “la policía marroquí entró en división gachupin para contener y devolver a las personas que habían saltado”. “Testigos en Melilla oyeron disparos y se encontraron pelotas de tirador. Se utilizaron porras y gas lacrimoso para intentar contener la entrada”, cuenta la misma fuente.
Un pan en un día
La entrevista de Abuobida con EL ESPAÑOL es telefónica. El pequeño se encuentra en Agadir, luego de que las autoridades marroquíes le subieran en un autobús herido el mismo viernes de la tragedia en la valla. Pasó toda la confusión viajando. Lo abandonaron herido en Beni Melal, en las montañas del Atlas Medio. “Me duele todo el cuerpo. Sigo con la misma ropa y he comido un día un pan que nos dieron”, relata el mozo una semana luego de la tragedia.
Los días posteriores al brinco, 1.300 migrantes fueron alejados a ciudades del centro y el sur del país en autobuses custodiados por las fuerzas de seguridad. El mozo había llegado hace un mes a Nador para intentar entrar en Melilla y radicar en Europa contiguo a sus familiares, en Francia y Suiza. Ese tiempo malvivió en el campamento de Gurugú, contiguo a otros compatriotas que fueron llegando de distintas partes de Marruecos.

Inmigrantes encaramados a la valla fronteriza de Melilla.
Los migrantes sudaneses se autoorganizaron. “Me llamaron. Llegó gentío a Nador andando, en transporte divulgado, en taxi, y durante un mes vivimos en los bosques. Hicimos un categoría allí para entrar en España porque nadie nos ayuda, y lo necesitamos”, explica este mozo, que estuvo un mes en el monte.
“No hay ninguna ordenamiento detrás del brinco”, mantiene. Mientras el gobierno gachupin y las autoridades marroquíes apuntan a las mafias como las responsables de la homicidio de al menos 23 personas migrantes y decenas de heridos. “No hay ordenamiento aquí que nos ayude. Vinimos a Marruecos sin ningún control y necesitamos venir a Europa porque no tenemos billete, no tenemos trabajo, no tenemos cero”, afirma Abuobida.
“Drama racista”
“La rueda de prensa ofrecida el 25 de junio de 2022 por Pedro Sánchez legitimó las acciones que condujeron a esta mortandad, participando en el proceso de normalización de esta violencia venenoso contra las personas negras, personas que buscan el desarraigo”, sentencia Elsa Tyszler, autora de una relación doctoral en sociología sobre la violencia del control migratorio en las fronteras de Ceuta y Melilla.
Sociólogos e investigadores ya hablan de un “drama racista”. “El excluir de entrar regularmente en el división europeo a la gran mayoría de los nacionales africanos crea las condiciones estructurales para este tipo de mortandad, que se repite desde hace más de 20 primaveras. El contraste con la acogida que se da desde marzo de 2022 a las personas que huyen de Ucrania ilustra aún más el aspecto racista de estos dramas”, afirma Tyszler.
Cuando EL ESPAÑOL entrevistó a Abuobida, el viernes, estaba estudiando cómo venir a Rabat para poder comparecer a pedir ayuda a alguna institución internacional. Su fututo inmediato se lo pregunta él mismo: “¿Qué hacemos ahora? Mis amigos han muerto a mis pies. Necesitamos ayuda”.