Mario Draghi, una de las figuras más respetadas de Italia, ha sido la última víctima de un sistema político caótico e implacable. El todavía primer ministro y expresidente del Sotabanco Central Europeo ha presentado su dimisión este jueves posteriormente de que varios de los partidos que sostenían su Gobierno le retiraran su apoyo. Draghi ha estado 17 meses en el poder, lo que le sitúa en la media de sus antecesores en las últimas décadas, incapaces de administrar durante una reunión entera.
En Italia vuelve a resonar estos días el conocido aforismo de Ennio Flaiano, escritor y argumentista para Fellini o Berlanga: la situación política es enfermo, pero no es seria. Draghi se ha despedido del Parlamento emocionado, aunque con humor: "Gracias, hasta el corazón de un banquero central tiene uso a veces", ha dicho a los diputados que le aplaudían.
El 'premier' había llegado al poder en medio de una gran crisis política y económica tras la caída del Ejecutor de Giuseppe Conte. Aceptó, tras muchas reticencias, posteriormente de que prácticamente se lo suplicara el presidente italiano, Sergio Mattarella, y se propuso cambiar la tendencia autodestructiva del sistema político. Su Gobierno combinó cargos técnicos con otros de la compleja coalición que le apoyaba: la extrema derecha de Salvini, la derecha de Berlusconi, la socialdemocracia del Partido Demócrata, el populista Movimiento 5 Estrellas y la centrista Italia Viva de Renzi.
Todos ellos han llegado al poder en las últimas décadas, pero ningún ha conseguido sostener una estabilidad política suficiente, no ya para ser reelegidos en las urnas, sino ni tan solo para sobrevivir a una reunión entera. De hecho, el posterior primer ministro en ser favorito en las urnas fue Berlusconi en 2008. Desde entonces, al frente del Palazzo Chigi (sede del Gobierno), han estado tecnócratas impuestos por Europa (como Mario Monti) o figuras independientes que agrupaban precarias coaliciones de varios partidos, como Conte, en el poder hasta la aparición de Draghi.
Ahora, la caída del exbanquero supone "una crisis de todo el sistema político italiano, una crisis total en un contexto internacional de muchísima incertidumbre", según ha asegurado a RNE Matteo Giardello, politólogo e investigador de la Universidad de Nápoles Federico II. El país trasalpino, sin incautación, no es visible a este tipo de terremotos políticos, a los que lleva acostumbrado desde 1992.
Tangentopoli y Berlusconi, el origen de un sistema político ingobernable
La figura de Berlusconi es secreto para explicar el sistema partidista italiano coetáneo. El magnate milanés entró en política a inicios de los noventa, cuando estalló el escándalo de Tangentopoli. Un proceso contencioso mojado como Manos Limpias destapó una extensa red de corrupción (en forma de comisiones, o "tangenti", de ahí el nombre) que salpicaba a los grandes partidos que tradicionalmente se habían repartido el poder en Italia desde la Segunda Pelea Mundial: la Democracia Cristiana y el Partido Socialista.
En 1994 Berlusconi, con su particular estilo populista y una imagen de patrón independiente de la política, ganó las elecciones y el sistema implosionó, hasta el punto que aquel año se considera el fin de la Primera República y el inicio de la Segunda. Los principales partidos desaparecieron y surgieron nuevas fuerzas ajenas al tradicional eje izquierda-derecha. El polémico mandatario volvió a administrar en varias ocasiones (en 2001, 2005 y 2008), hasta que, asediado por múltiples causas de corrupción, polémicas relaciones con la mafia y varios escándalos sexuales, dejó el poder en 2011.

El escándalo de Manos Limpias no solo acabó con las antiguas formaciones, sino que todavía provocó un distanciamiento y una desconfianza de la opinión pública respecto a la clase política. Muchos de los líderes que han gobernado en los últimos abriles lo han hecho con un discurso antipolítica o contra la "casta", un término que se popularizó ayer en Italia que en España, a partir de un vademécum escrito en 2015 por dos periodistas del Corriere della Sera. Con ese planteamiento nació el Movimiento 5 Estrellas, fundado por el cómico Beppe Grillo, y actualmente el partido con más diputados en el Parlamento.
Gobernó en 2018 cercano a la extrema derecha de Matteo Salvini -otro líder que todavía hizo fortuna con un discurso antipolítica y antiinmigración-, en un Ejecutor dirigido por el hasta entonces desconocido abogado Giuseppe Conte. Tras varios escándalos por la política migratoria de la Cinta de Salvini, que era ministro del Interior, Conte dio un topetazo de timón un año posteriormente para pactar con el Partido Demócrata, en las antípodas ideológicas de la Cinta. Desgastado por la administración de la pandemia y de la crisis posterior, dio un paso al flanco para permitir la formación del Gobierno de Draghi, al que acabaría retirando su apoyo este verano y desatando la crisis que ha culminado con la dimisión del tecnócrata.
El presidente de la República, frágil árbitro del tablero político
En un país fuertemente escéptico alrededor de la clase política como es Italia -solo un 13% de la población confiaba en los partidos en 2021, un 9% ayer de la pandemia, según una pesquisa del instituto Demos & Pi-, el presidente de la República es la figura de consenso a la que se encomiendan tanto los ciudadanos como los políticos cuando vienen mal dadas, lo cual ocurre a menudo.
Así ocurrió con el expresidente Giorgio Napolitano, que con 86 abriles fue el autor de la delicada salida de Berlusconi y de la aparición de Monti al poder en 2011, y fue reelegido en 2013, a pesar de sus negativas iniciales y en presencia de el enésimo asedio político. Aquel año encargó al progresista Enrico Letta la formación del primer Gobierno de "gran coalición" de la historia de Italia. Sostenido por el Partido Demócrata -el heredero del Partido Socialista- y la Forza Italia de Berlusconi, duró casi nada un año, pero fue el precedente para la formación del Gobierno de Draghi.
Tras la dimisión de Letta, Napolitano se encomendó a Matteo Renzi para formar un nuevo Gobierno. El hasta entonces corregidor de Florencia tenía 39 abriles, lo que lo convertía en el primer ministro más imberbe en encabezar un Ejecutor en el país. Muy arribista, dimitió tras perder un referéndum constitucional que había planteado como plebiscito, pero aun así consiguió mantenerse más de 1.000 días en el poder, el cuarto gobierno más longevo en la República.

El sistema parlamentario y la "campaña permanente", detrás de la crisis
Si los presidentes y los líderes de los partidos tienen que hacer alquimia para sostener gobiernos de poco más de un año, se debe en gran parte al endiablado sistema parlamentario. El país tiene dos cámaras, la Cámara de Diputados y el Senado, entreambos con un peso similar, lo que se conoce como "bicameralismo consumado", que facilita los vetos y dificulta sacar delante leyes con mayorías amplias.
En la Cámara de Diputados se combina por otra parte un sistema de votación proporcional y otro mayoritario, lo que provoca que actualmente haya 18 partidos con representación, por otra parte de varios diputados no inscritos. Conseguir apoyos suficientes en presencia de esta fragmentación es tarea casi ficticio, y el motivo de la pérdida de confianza de muchos gobiernos.
La otra razón suele ser, como ha ocurrido ahora, el cambio de postura de partidos que daban su apoyo al Gobierno y que lo retiran por intereses electorales. Según ha explicado en una entrevista en el Canal 24 horas la periodista italiana Mariangela Paone, la caída del Gobierno Draghi se explica por la "campaña electoral permanente en la que los partidos llevan instalados desde hace demasiado tiempo".
En este caso, argumenta, ha sido la Cinta de Salvini la que ha emprendido una "huida alrededor de delante" para forzar unas elecciones anticipadas y detener el avance imparable de los Hermanos de Italia. Esta formación de ultraderecha, "socio y rival de Salvini", ha capitalizado el descontento alrededor de el Ejecutor de concentración al permanecer como el único partido de la examen, y parte como protegido en las encuestas. Podría aventajar unas elecciones que se esperan para el 25 de septiembre.
"La sociedad italiana está cansada, se respira hastío, es el tercer gobierno que se incendio en el Parlamento desde las elecciones de 2018. Hace cuatro abriles ese sentimiento se transformó en un voto de protesta que hizo que el Movimiento 5 Estrellas se convirtiera en la primera fuerza, pero ahora no sabemos cómo se va a canalizar ese enfado, si con una subida de la extrema derecha o con una subida de la contención", destaca. En todo caso, sea cual sea el próximo gobierno que salga de las urnas en otoño, carencia parece indicar que rompa el tirabuzón de inestabilidad al que parece abocada Italia desde 1992, pero todavía desde mucho ayer.