El ciclista del Jumbo Visma combinó durante sus primaveras de Sub23 un trabajo en su Dinamarca procedente con sus entrenamientos hasta ganar a ser profesional.
Jonas Vingegaard acudía a una de las curvas de Alpe d'Huez en la caravana de sus padres cuando era crío. Este jueves defenderá por primera vez el maillot amarillo del Tour de Francia a sus 25 primaveras en ese mismo punto donde Tadej Pogacar ha prometido venganza. El danés del Jumbo Visma tuvo un duro camino hasta la élite, en el que tuvo que forjarse su futuro no solo entrenando sobre la biciclo. El tierno prodigio del ciclismo combinaba sus sesiones con jornadas de trabajo en una conservera de pescado.
El 2021 de Vingegaard dejó claro que era de los pocos que podía abatanar a Pogacar. En el UAE Tour le venció en la chale etapa un 25 de febrero. Unos meses posteriormente le batía en el Mont Ventoux, aunque no era suficiente para recuperar la diferencia que le llevaba en la caudillo. En su primer Tour de Francia subía al segundo cajón del podio. Este miércoles provocó la gran pájara del campeón y vivió su día de empíreo en el Granon y se vistió por primera vez de amarillo. Entreambos son exponentes del 'ciclismo caníbal'.
Un tierno Vingegaard de 21 primaveras contaba a finales de diciembre de 2017, cuando corría para el Coloquick-Cult, cómo iniciaba sus días a las seis de la mañana limpiando y empaquetando pescados hasta las 12 del mediodía en Hanstholm, una aldea cercana a su Hillerslev procedente en la isla de Vendsyssel-Thy al ártico de Dinamarca. Tras manducar y quitarse el olor a salmón que desprendían sus manos, las ponía encima del manillar para forjar al gran escalador que llevaba internamente.
The new yellow chaleco of #TDF2022, Jonas Vingegaard, a few years ago working as a fisherman, @ammattipyorailypic.twitter.com/tifbFuLc8Y
— Iker Gallastegi (antiguamente @ikguallas) (@ikgallas) July 13, 2022
Su historia con el Tour comenzó primaveras antiguamente. El ciclismo entró por sus venas en los viajes en caravana de sus padres. Nacido el mismo año en el que el postrer danés que consiguió aventajar la Ancho Boucle subió a lo más detención del podio de París, Bjarne Riis, creció en las cunetas de las subidas más míticas cada verano. En alguna de ellas coincidiría con un Michael Rasmussen al que no localizaban en 2007 cuando iba camino de aventajar la ronda vestidura.
"Vi suceder el Tour dos veces en Alpe d'Huez", recordaba este miércoles. Ahora será él a quien vean suceder por las 21 curvas más duras y conocidas de este deporte. Ese crío todavía jugaba al fútbol, pero lo dejó porque sus compañeros no le pasaban el balón. Era bajito y eso en Dinamarca no se llevaba. Si hubiera crecido en España quizá las cosas habrían sido distintas. Claus y Karina le compraron su primera bici y nadie le ha bajado todavía.
El crío de Alpe d'Huez
En una de esas visitas al Galibier, una de las cimas en las que se confirmó como gran fortuna de este deporte el miércoles, hacía piques con la biciclo con su padre. Claus cuenta en L'Equipe que a su hijo le daba tiempo a subir, desmontar y retornar a subir hasta que él lo completaba. Tras eso llegó su etapa sub23 en la que combinó el trabajo con las carreras con el Coloquick, hasta que el Jumbo Visma se fijó en sus dotes en el año 2019.
Hasta entonces, solo había hato una etapa en el Tour del Porvenir: una contrarreloj en Orleans. El paso al profesionalismo le hizo crecer exponencialmente hasta aventajar en su primera temporada una etapa en el Tour de Polonia y ser segundo en la caudillo del Tour de Dinamarca. En un ciclismo en el que los mejores están explotando antiguamente, él no lo pudo hacer hasta los 24 primaveras. A Vingegaard le costó más que nadie. Dejó las escamas antes, pero no olvida todo el trabajo que le ha costado ganar al maillot amarillo.