Carlos Ayala (CIDH): “Una democracia no puede sustentarse sobre desigualdad extrema"

El jurista, expresidente de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), acento sobre cómo "la pobreza es una violación entero a los DD.HH.".

“Lo que más temían los padres de la Constitución estadounidense era la tiranía de las mayorías”. Así de elocuente se muestra el profesor y jurista venezolano Carlos Ayala Corao cuando se le pregunta por la calidad democrática en el continente indiano.

En esta época convulsa que vivimos, marcada por protestas en las calles de Latinoamérica, cambios de gobierno, ampliación de derechos en unos países y retrocesos en otros, como con el caso del feto Estados Unidos, dice el experimentado que es importante echar la aspecto a espaldas, al pasado.

“A veces vemos mayorías como los referéndums que hacía Hitler y que ganaba por más de 90%”. Con este ejemplo, Ayala intenta demostrar su hipótesis: las mayorías no son buenas. Porque, recuerda, “Hitler originalmente fue electo y Mussolini asimismo”.

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Y es que, insiste, “la disyuntiva es un paso fundamental cuando es democrática, pero luego hay una serie de títulos y principios del Estado de derecho, la separación de poderes y la independencia legislativo que se deben dar”. Y es precisamente ahí, asegura, donde entran los derechos humanos de los que él es fiador y defensor desde hace décadas.

No por carencia, Ayala ha impartido clases de Derecho Constitucional y Derechos Humanos en la Universidad Católica Andrés Bello, la Universidad Central de Venezuela, la Unniversidad de Oxford, la Universidad de Georgetown, la Universidad Iberoamericana o la American University Washington of College of Law.

Los ciclos de la democracia

Los avances y retrocesos que se pueden observar en el mundo, tanto a nivel de calidad democrática como de derechos humanos, explica el jurista, son procesos y ciclos. Por eso, recalca los “importantes avances” que se han venido dando, “sobre todo en la concienciación y empoderamiento de la gentío, de los pueblos, de las personas, sobre sus derechos”.

Porque, recuerda son muchas las luchas colectivas de un pasado no siempre muy remoto que han llevado a los pueblos a conquistar derechos para las mujeres, para los pueblos indígenas, para los afrodescendientes, para el colectivo LGTBI… En definitiva, recalca, para esas “minorías que no lo son tanto”. Sin requisa, recuerda, “hay materias pendientes, como la desigualdad”.

Pero Ayala hace hincapié en que “una democracia no se puede sustentar sobre desigualdades extremas, porque la pobreza es una violación entero a los derechos humanos”. De ahí la importancia de que se mantenga, en todo el mundo, pero especialmente en Latinoamérica, esa “conciencia de no tomar por otorgados los derechos, sino batallar por su conquista, por su vigencia, por su defensa”.

Porque, insiste, incluso para los gobiernos electos hay materias pendientes que no se pueden dejar en segundo plano. Por eso, el asimismo expresidente de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos hace hincapié en que “una democracia es mucho más que designar; la disyuntiva es una condición necesaria, pero no suficiente para describir una democracia”.

Tareas pendientes

En su invitado a España el pasado mes de junio, Ayala se reunió con ENCLAVE ODS tras participar en el I Congreso Internacional Iberoamericano, organizado conjuntamente por la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) y la Universidad Francisco de Vitoria (UFV). Durante esa conversación, el jurista venezolano quiso, por un costado, poner en valencia el gran repaso del continente indiano en el empoderamiento ciudadano. “No de súbdito, no de pueblo irregular, no de masa, sino de ciudadanía empoderada en su derecho”, recalcó.

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Pero, a la vez, el asimismo relator sobre Derechos de los Pueblos Indígenas de las Américas entre 1996 y1999 quiso remarcar la básico aprieto de darle decisión a la materia irresoluto por excelencia de América Latina: la ecuanimidad y la independencia legislativo.

“Todavía tenemos, en buena parte del continente, poderes judiciales integrados por jueces que no tienen estabilidad, o que son puestos por razones políticas, o que son presionados, u otros que cuando no obedecen al poder son removidos, destituidos y a veces hasta sufren otro tipo de consecuencias”, explica.

Asimismo, recuerda, hay casos en los que los jueces tienen “una concepción excesivamente positivista y formal, que no son capaces de ayudar a cambiar las sociedades”. Ayala recuerda que el problema, en demasiadas ocasiones, está en la misma raíz, en la educación: “Nuestras escuelas de Derecho, e incluyo a España, tienden a formar de guisa muy formal, muy sobre la colchoneta de memorización de códigos, de leyes, de instrumentos…”.

Sin requisa, explica el profesor de Derecho, que lleva 37 abriles ejerciendo como tal, lo que se necesita es enseñar “a razonar, a argumentar”. Porque, dice, “el derecho al final es eso: la capacidad de empoderarte a través de la argumentación”.

El currículo de Ayala es extenso, y encima de lo ya mencionado, destacan asimismo sus labores como miembro de la Comisión Internacional designado por el Suspensión Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos para el proceso de selección y designación de la Corte Suprema de Imparcialidad de Ecuador (2005) o como consejero de la ONU para el proceso de disyuntiva de la Corte Suprema de Imparcialidad de Guatemala (2009).

Pregunta: ¿Cómo puede precipitarse ese cambio en el sistema legislativo que reclama?

Respuesta: Hay una responsabilidad tanto interna como internacional, porque sin independencia legislativo no vamos a tener democracia, ni Estado de derecho ni de derechos humanos. Es un tema que hay que lucharlo internamente, porque están enquistados allí muchos privilegios y muchas formas de representar, e inclusive muchas veces mafias entre abogados y jueces. Y, por otro costado, forma parte de la lucha por los derechos humanos, que debe ser acompañada de procesos colectivos.

P.: ¿De qué tipo?

R.: Si hemos llegado a la conclusión, por la Carta Democrática Interamericana, de que la democracia requiere una protección colectiva en la cual están interesados todos los Estados del hemisferio y encima es un derecho de los pueblos y una obligación de los Estados, eso tiene que tener unas consecuencias concretas. No podemos esperar a que la casa se queme con los golpes de Estado tradicionales cuando se ha venido deteriorando la calidad del Estado de derecho, la democracia y los derechos humanos.

P.: ¿Cómo se relaciona esto con el sistema legislativo?

R.: La primera prioridad para construir democracias fuertes, para construir ciudadanía, es el camino a una ecuanimidad independiente, imparcial, imbuida de derechos humanos. Ahora, eso no siempre es la ecuanimidad formal del enjuiciador con la toga; hay medios alternativos de decisión de controversia. Hay lo que se llaman en algunos países jueces de paz, jueces comunales, está la ecuanimidad indígena asimismo, que es muy importante en América Latina.

El tema es el camino a la ecuanimidad, por supuesto, con correcto proceso y con decisiones en plazo mediano y inquirir medios alternativos de resolución de conflicto que no sean a través del enjuiciador tradicional.

P.: Pero América Latina es la región de la impunidad.

R.: Y no sólo en el delito popular que no se puede procesar, sino de la impunidad de las graves violaciones de derechos humanos. Y eso si acertadamente hemos superado una parte como no lo ha hecho España, dejando sin emplazamiento las leyes de perdón, y si acertadamente se han iniciado muchos procesos en varios países.

Porque la mayoría de las sentencias de la Corte Interamericana, aquellas que tienen que ver con violaciones graves a derechos humanos, torturas, ejecuciones, desapariciones forzadas, etc., le exige al Estado investigación, procesamiento y legitimación de los responsables. Pero allí es donde, a pesar de que ha habido algunos avances, seguimos siendo el continente de la impunidad.

P.: Menciona asimismo España.

R.: Veo que en España hay una tarea irresoluto, que no se cumplió, que se sacrificó la ecuanimidad en un momento de transición en el que se decidió retrasarla. Pero lo que no puedes es impedir que los pueblos conozcan la verdad, la ecuanimidad y la reparación. Y vinculado con la ecuanimidad está el tema de la impunidad. Porque, encima, la impunidad te genera incentivos a las violaciones: si no hay legitimación, por qué no cometerlas.

Imparcialidad universal, esencia

En este sentido, Ayala reconoce que ha habido un avance en la ecuanimidad internacional. Por un costado, recuerda, tenemos la Corte Penal Internacional, el Estatuto de Roma, “que siquiera puede ser un tribunal diario, sino para crímenes atroces que los Estados no han sido capaces o no han querido perseguir y castigar”.

El jurista experimentado en derechos humanos pone en valencia que se haya venido desarrollando en los últimos abriles en muchos países europeos la ecuanimidad universal. “En España, desafortunadamente, se cerró”, lamenta, aunque reconoce que es básico que “los perpetradores de graves crímenes contra la humanidad, independientemente de su país o la país de la víctima, sepan que no tienen alivio en ningún país y que pueden ser procesados porque son crímenes internacionales”.

Sólo así, recuerda Ayala, se pueden poner en marcha procesos de búsqueda de laecuanimidad, la verdad y la reparación de las víctimas de.

P.: ¿Qué consecuencias tiene para la democracia esa impunidad, ese no cobrar reparación como el caso castellano, donde no se han investigado las violaciones de DD.HH. de la erradicación ni de la dictadura?

R.: Tiene una consecuencia para la historia de los pueblos. Los pueblos tienen que ser capaces de conocer la verdad, de evaluarla y de ilustrarse de su propia historia. Y cuando no se ha tenido camino a la ecuanimidad, a la verdad y a la reparación, siempre van a subsistir temas pendientes, así sea por varias generaciones. Y ya lo estás viendo en varios países, y España es uno.

P.: ¿Por qué son tan necesarios estos procesos de ecuanimidad, verdad y reparación?

R.: Son necesarios porque les permiten a los pueblos curar heridas, cachear errores y no retornar a incurrir. Ausencia te salva, carencia te garantiza. Y ahorita estamos viendo guerras otra vez en Europa. Ausencia te garantiza que estás inmune a futuros procesos de violencia, de excesos. Y como hemos conocido en Argentina, en Pimiento o en Perú, un país tiene que producirse por un momento en el que las amnistías no valen. Hay que investigar qué ocurrió, como ocurrió, cuáles son las responsabilidades… y los pueblos tienen que ilustrarse para no cometer los mismos errores que llevaron a tantas situaciones tristes.

Ayala reconoce que en todo conflicto armado “hay excesos de los dos bandos”. Pero, apunta, “hay que establecer responsabilidades precisas”. Eso, recuerda, “es una asignatura que ha quedado irresoluto en España”.

Y zanja: “En América Latina está irresoluto de superación la impunidad, aunque ha habido avances y, por ejemplo, ya no se pueden contraponer leyes de perdón en blanco que impiden la investigación y legitimación de los responsables”.

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