El 'no' de las bases de Junts per Catalunya a permancer en el Govern de la Generalitat liderado por ERC consuma el divorcio en el seno del independentismo y abre un círculo incierto en el que Pere Aragonès se ve emboscado a administrar en solitario y con el respaldo de solo 33 de los 135 diputados del Parlament.
La consulta telemática a la militancia de Junts, cuyos resultados se hicieron públicos el viernes, se saldó con un incorporación décimo -el 79,18% de los 6.465 afiliados- y un apoyo mayoritario (55,73%) a la salida del Govern de coalición, que tan pronto como ha durado año y medio. Un período en el que se han sucedido los episodios de desconfianza mutua entre los socios.
La exigua minoría en la que queda el 'president' no le va a impedir formar un nuevo gobierno, en el que ya no estarán los seis consejeros de JxCat, que ocupaban carteras esencia como Hacienda, Salubridad o Batalla Foráneo.
Aragonès, que tras conocer el resultado de la consulta aseguró que no prevé convocar elecciones y que seguirá gobernando "por responsabilidad", trabaja contra temporalizador inmediato a su equipo de colaboradores para anunciar en las próximas horas un nuevo ejecutor, al que no descarta incorporar independientes.
Aragonés diseña un un nuevo Govern
Este sábado, la consellera de la Presidencia, Laura Vilagrà, ha asegurado que la estructura del nuevo Govern está ya "muy vanguardia" y que contará con "personas expertas en su ámbito". Según Vilagrà, Aragonès y su equipo no se plantean contar con consellers de En Comú Podem, pero sí con "personas expertas en su ámbito", algunas con "experiencia en el ámbito notorio".
En este diseño será de gran importancia el nuevo responsable de Hacienda y Hacienda -para el que suenan nombres vinculados a ERC como Natàlia Mas o Albert Castellanos-, que se tendrá que habitar de culminar los nuevos presupuestos de la Generalitat.

La ruptura en el seno del Govern además pone en cuestión la continuidad de miembros de Junts al frente de algunos entes públicos catalanes esencia, como el Puerto de Barcelona -presidido por el exconseller Damià Calvet-, los Ferrocarriles de la Generalitat de Cataluña -empresa al frente de la cual está la exsecretaria de Medio Dominio y Sostenibilidad Marta Subirá-, así como otros altos cargos en la segunda fila de la despacho autonómica.
Es previsible que para sacar delante los presupuestos y otros proyectos, Aragonès se apoye en los comunes, aunque los ocho escaños de la formación que encabeza Jéssica Albiach son insuficientes para alcanzar la mayoría absoluta en el Parlament, situada en 68.
El PSC de Salvador Illa -la fuerza más votada en los comicios de 2021, con los mismos escaños que ERC, pero decano porcentaje de voto- se ha mostrado dispuesto a negociar las cuentas, teniendo en cuenta la coetáneo situación de crisis económica y energética.
Sin retención, Vilagrà ha dejado fuera de la ecuación de posibles socios a los socialistas, pese a que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ofreció el viernes "estabilidad" a la Generalitat y este sábado Illa ha vuelto a tender la mano a Aragonès para pactar los próximos presupuestos.
Por su parte, el presidente de ERC, Oriol Junqueras, ha dejado la puerta abierta a una prórroga presupuestaria de cara a 2023 si JxCat no apoya las cuentas, puesto que los republicanos no contemplan inquirir el aval del PSC, partido en el que ha dicho que "no están comprometidos con el final de la represión".
Desde Bagà (Barcelona), Salvador Illa ha explicado que propondrá a su partido "seguir construyendo una alternativa" al coetáneo Govern, pero sin forzar los tiempos ni apresurarse a exigir nuevas elecciones. "No tenemos prisa para nulo", ha afirmado Illa, ayer de añadir: "No somos amigos de volantazos ni bandazos", ya que "construir una alternativa no significa proponer no a todo".
El ofrecimiento de Sánchez ha subido las críticas del líder de la examen, Alberto Núñez Feijóo, quien ha pedido al caudillo del Ejecutor que no pacte con ERC en Cataluña "si le queda un imperceptible sentido de Estado".
Junts: "O cuestión de confianza o elecciones"
La nueva situación además abre interrogantes para Junts, donde el sector más proclive a continuar en el Govern -con los dirigentes más cercanos al secretario militar, Jordi Turull- podría perder fuelle frente a los rupturistas, partidarios de la confrontación con el Estado y de cumplir con el "mandato del 1-O", una logística que lidera el Consejo de la República.
Ya situados en la examen, los 'post convergentes' consideran que el 'president' ha perdido la "licitud democrática" y reclaman a Aragonès que se someta a una cuestión de confianza en la cámara o la convocatoria de elecciones. "O cuestión de confianza o elecciones, no hay más. Tú has de ser presidente con el apoyo de la cámara en almohadilla a los compromisos que has adquirido", ha señalado este sábado Turull en una entrevista a RAC1.
Su antecesor en el cargo, Jordi Sànchez, ha ido más allá y ha afirmado que, tras la ruptura, "el 'procés' definitivamente se ha cerrado", tras una plazo caracterizada por "la búsqueda permanente de un acuerdo entre los dos grandes partidos independentistas".
Todavía la CUP, que avaló la investidura de Aragonès aunque sin formar parte de su ejecutor, reclama que el 'president' se someta a una cuestión de confianza, ya que "no se han cumplido los principales objetivos que teníamos en esta vigencia, que tenía que ser una oportunidad de iniciar un nuevo ciclo", ha evidente en TVE la diputada de la CUP en el Parlament Dolors Sabaté.
Una vigencia marcada por la crisis
El divorcio entre ERC y Junts pone fin a un acuerdo de gobierno -aprehendido 'in extremis', tras dos investiduras fallidas y a solo cinco días del plazo para repetir elecciones- que ha estado traumatizado por las constantes crisis entre los dos partidos, principalmente por la imposibilidad de pactar una hoja de ruta para dar continuidad al 'procés'.
La relación entre ambas formaciones -lejanas en lo ideológico y con la independencia de Cataluña prácticamente como único enlace común- ha sido compleja desde que en 2015 fueron de la mano bajo las siglas Junts pel Sí, la única ocasión en que decidieron presentar un esquema popular.

Aquella iniciativa se materializó en un Govern presidido por Carles Puigdemont y con Oriol Junqueras de vicepresidente que, dos abriles luego, protagonizó la información particular de independencia del 1-O y que acabó con con las cúpulas de ambas formaciones en prisión o huidas en el extranjero.
Pese a presentar una serie única y el respaldo de ambas formaciones al referéndum de autodeterminación, aquel fue un período cargado de tensiones en el que se consumó la ruptura entre sus dos principales dirigentes: Puigdemont huido en Waterloo (Bélgica) desde octubre de 2017 y Junqueras en prisión, donde permaneció tres abriles y medio hasta que en junio de 2021 fue indultado por el Gobierno de Pedro Sánchez.
La convivencia no mejoró durante la presidencia de Quim Torra (2018-2020), todavía con Junts como fuerza hegemónica entre el independentismo, condicionada por las continuas injerencias de Puigdemont desde Bélgica.
Una situación que se ha agravado tras las elecciones de febrero de 2021, en las que por primera vez las candidaturas independentistas superaron el 50% de los votos, aunque ahora con ERC por delante de su hasta ahora socio de coalición, lo que a la postre permitió la investidura de Aragonès.
La intención del 'president' de priorizar la vía del diálogo con el Gobierno central frente al unilateralismo que propugna Junts fue, desde el inicio de la vigencia, motivo de colisión.
La destitución de Borràs, esencia en la ruptura
Pero en los últimos meses la brecha se abrió aún más, sobre todo tras la disyuntiva de Laura Borràs como líder de JxCat y su posterior suspensión como presidenta del Parlament -con los votos de ERC- por su imputación en un supuesto caso de corrupción. Cuando a principios de septiembre el Parlament reafirmó la suspensión de Borràs, Junts reconoció que había una "opción verdadero" de ruptura, una circunstancia que desde entonces ha pasado de ser una posibilidad lejana a firme sinceridad.
La escenificación de la distancia entre ambas formaciones tuvo espacio el pasado 11 de septiembre, durante la celebración de la Diada: Aragonès y los consellers de ERC no participaron en la marcha soberanista convocada por la ANC, que instó al Govern a fallar la independencia o convocar nuevas elecciones.
La relación terminó de saltar por los aires con la valentía de Pere Aragonès de destituir a Jordi Puigneró, mayor representante de JxCat en el Govern, como vicepresidente y conseller de Políticas Digitales y Región, por "pérdida de confianza". Aragonès reaccionó así luego de que Puigneró no le informara con anticipación de la amenaza de su partido de someter al 'president' a una cuestión de confianza por incumplir los compromisos del Govern.
La valentía de Junts fue convocar una consulta entre su militancia para atreverse acerca de su continuidad en el Govern, una votación que finalmente ha determinado el fin del acuerdo.