Benedicto XVI, el papa emérito que vivió a la sombra de Francisco refugiado en la música clásica y la reflexión

El papa Benedicto XVI ha muerto este sábado a los 95 primaveras, tras diez primaveras de retiro de la vida pública en los que ha vivido en el convento Mater Ecclesiae, en la Ciudad del Vaticano, dedicado a la oración y refugiado en la música clásica, pero siempre a la sombra de su sucesor, Francisco, y de su antecesor, Juan Pablo II.

En 2013, Benedicto XVI sorprendió al mundo por renunciar voluntariamente a su cargo, poco que no ocurría desde 1294. Se llegaba así al final de un pontificado de ocho primaveras, que se calificó en su inicio como de "transición", pero en el que tuvo que altercar con uno de los periodos más convulsos de la historia fresco de la Iglesia católica, afectado por los escándalos de pederastia destapados en el seno de la institución o el caso 'Vatileaks', que salpicó a su propio mayordomo.

"A posteriori del gran papa Juan Pablo II, los señores cardenales me han electo a mí, un simple y humilde trabajador de la viñedo del Señor", pronunció el recién electo pontífice el 19 de abril de 2005, delante la multitud de fieles que le contemplaban desde la Plaza de San Pedro.

El cardenal Joseph Aloysius Ratzinger cogió el testimonio de Karol Wojtyła, el papa Juan Pablo II, uno de los pontífices más populares y queridos por los creyentes. 

Ratzinger nació en 1927 en un pueblo de la región alemana de Baviera, en el seno de una comunidad profundamente religiosa. Hijo de un comisario de policía y una cocinera, en sus memorias reconoce que fue obligado a unirse a las juventudes hitlerianas cuando tenía 15 primaveras, aunque ni él ni su comunidad comulgaron con el nazismo, según asegura en su historia. A los 21 primaveras se convirtió, adyacente a su hermano, en sacerdote y a posteriori trabajó como profesor de universidad.

Un teólogo firme

En los primaveras 60 participó en el Concilio Vaticano II como asesor del cardenal teutónico Frings. Entonces, destacó por sus posiciones aperturistas, pero poco a poco empezó a volverse más conservador. En 1977 se convirtió en cardenal y cuatro primaveras a posteriori fue electo por su predecesor, Juan Pablo II, de quien fue su mano derecha hasta su homicidio, para ponerse al frente de la Congregación de la Doctrina de la Fe, heredera de la antigua Inquisición.

De hecho, sus medidas disciplinarias contra sacerdotes latinoamericanos que promovían la Teología de la Exención, de influencia marxista, llevaron a que se le conociera bajo el sobrenombre de 'Rottweiler de Jehová'.

Durante toda su vida fue un querido de la música y le acompañó en todo momento. El hasta ahora emérito, tocaba el piano e idolatraba a Mozart y Bach. Sin confiscación, renegaba del Rock and Roll y llegó a adscribir la música popular de "culto a la banalidad". Encima, entre 1963 y 2013, escribió más de 60 libros y se definió a sí mismo como un "profesor" que reflexionaba y meditaba sobre cuestiones espirituales. 

Durante sus casi ocho primaveras como papa, en los que publicó hasta tres encíclicas, se convirtió en el primer patriarca de la Iglesia en acoger el uso del preservativo, aunque solo para casos muy limitados como para evitar la propagación del SIDA. Sin confiscación, al igual que su predecesor, se mostró inflexible delante cuestiones como la condena al fracaso, al iglesia mujeril, la eutanasia o el enlace sarasa. 

Los abusos en el seno de la Iglesia y otros escándalos

Cuando Ratzinger fue electo papa, las revelaciones sobre casos de abusos a menores por parte de miembros de la Iglesia estaban a la orden del día en Estados Unidos, donde miles de personas fueron víctimas en los primaveras 60 y 70. En 2008, Benedicto XVI se convirtió en el primer pontífice en expresar su vergüenza delante la multitud de casos destapados y en reunirse con víctimas. 

En 2022, el pontífice pidió perdón en una carta a las víctimas en la que expresó su dolor por los "errores" cometidos. Sus palabras llegaron tras la publicación de un crónica que acusaba a Benedicto XVI de inacción delante los abusos sexuales acontecidos en Alemania durante su arzobispado en Múnich.

Otro de los escándalos que salpicaron a su papado fue el denominado caso 'Vatileaks', la fuga de documentos confidenciales en el Vaticano que llevó a prisión a su mayordomo, Paolo Gabriele. El caso destapó las tensiones en el seno de la Institución entre conservadores y progresistas, tradicionalistas y modernistas, y partidarios de la transparencia y del secreto institucional. 

Incluso se buscó la enemistad de los fieles de otras religiones, como los musulmanes, al sugerir que el islam era intrínsecamente violento, o los judíos, al rehabilitar a un prelado negacionista del Holocausto. 

Una renuncia histórica y diez primaveras de retiro espiritual

El 11 de febrero de 2013, Benedicto dio a conocer su intrepidez de renunciar a su cargo. Lo hizo en latín, durante un acto interno de canonización en el que alegó que "sus fuerzas" y su "existencia vanguardia" no se adecuaban por más tiempo al gimnasia del empleo y prometía obedecer a su sucesor y continuar sirviendo a la Iglesia.

Desde su salida, Ratzinger vivió rodeado de su "comunidad" vaticana, formada por un secretario y cuatro mujeres laicas consagradas del instituto 'Memores Domini', que pertenece al movimiento ultraconservador, Comunión y Exención.

Entre ellas se ocupaban de las micción del papa emérito, que durante estos primaveras ha disfrutado de su inseparable música clásica y una consejo espiritual "alejado del mundo", según aseguró tras su salida del pontificado el que ha sido durante todo este tiempo el hombre más cercano al teutónico, Georg Ganswein. 

"Está alejado del mundo, pero está presente en la Iglesia. Ahora su empresa es, tal como dijo una vez, ayudar a la Iglesia y a su sucesor, el papa Francisco, mediante la oración. Es su primera y más importante tarea", señaló en una entrevista Ganswein cuando se cumplía un año de su salida. 

Desde su retiro espiritual tras su marcha, su entorno siempre aseguró que "hubo un buen contacto" entre él y Francisco, con quien se llamaba por teléfono, conversaba y se "invitaba mutuamente", según el Vaticano. 

Sobre su estado de vitalidad no trascendieron demasiados detalles los primaveras posteriores a su papado, más allá de una agonizante erupción cutánea y un marcapasos, que le fue colocado antiguamente de ser papa y remplazado en una intervención realizada meses antiguamente del final de su pontificado. Cuando se conoció el detrimento de su estado de vitalidad, el Vaticano siempre lo relacionó con su vanguardia existencia. 

Tras su renuncia, el papa emérito se dejó ver en contadas ocasiones y su detrimento físico era evidente en cada aparición. El zaguero delirio que realizó fue en 2020, cuando se desplazó hasta su ciudad originario, para unirse en su capa de homicidio a su hermano Georg, que falleció poco a posteriori. 

Desde entonces, solo se ha dejado ver desde el interior de los muros del monasterio en el que vive, en los jardines vaticanos. La última fotografía publicada del emérito fue del pasado 1 de diciembre, cuando recibió a los galardonados del premio Ratzinger en su residencia.

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