Quién es la mujer más elegante de la historia: tú decides

¿Estará entre las actrices que pisan las alfombras rojas o entre las 'royals' que acuden a eventos? ¿Existe un concepto universal de elegancia o tantas como personas?

¿Es la elegancia una forma de ser o de comportarse? ¿Es un don? ¿Un allure como dirían los franceses, o una ademán, como piensan los anglosajones? ¿un cruce entre la genética y la educación? ¿se nace elegante o una persona se hace elegante con el tiempo y la experiencia?

[¿Qué significa ahora ser elegante?]

Pero, por encima de todo, ¿existe un concepto universal de elegancia o tantas como personas en el mundo? ¿por qué muchas veces no estamos de acuerdo con los nombres mencionados en los rankings que hacen algunos medios sobre Las mujeres más elegantes del año?

Dice el añejo refrán que "el práctica no hace al religioso" según lo cual, padecer poco elegante no siempre es aval de elegancia; es más, según el dicho popular, “aunque la mona se horizonte de seda, mona se queda”. Sin confiscación, en esas listas que anualmente seleccionan a las mejor vestidas se deje incluso de elegancia.

¿En qué se fijan los expertos que deciden? Unos hablan de "acuerdo"; otros, de "equilibro"; algunos de "estilo propio o personal"; muchos, de asimilar estar y asimilar moverse". Por supuesto, entre las candidatas hay muchas mujeres de la realeza o la aristocracia, actrices, modelos, influencers y hasta políticas.

En su Tratado de la vida elegante (1830), Honoré de Balzac repasa los modos de comportarse, vestir y existir del pueblo francés de la primera medio del siglo XIX. Para el escritor galo, el hito supremo del buen sensibilidad es esa “vida elegante”, diferente de la "vida del actor" y de la "vida ocupada" de quien tiene que trabajar para existir.

Escribe Balzac: "... en nuestra sociedad, las diferencias han desaparecido: no quedan más que matices. Y la modales, la elegancia en los modales, ese je ne sais quoi fruto de una educación completa, forman la única barrera que separa al ocioso del hombre ocupado. Si existe un privilegio, este deriva de la superioridad honrado".

Y añade: "Eso explica el parada valencia que la mayoría otorga a la instrucción, a la pureza en el conversar, a la disposición en el porte, a la longevo o beocio facilidad con que se lleva un tocado, al sensibilidad en la decorado interior, a la perfección, en fin, de todo aquello que procede de la persona".

Para la escritora Silvia Anaska Fisher, autora del vademécum El talismán del líder danzante (2019), la elegancia es una cualidad más cercana al concepto japonés del shibumi, "una cualidad humana que identifica a personas que han corto un parada nivel de destreza interior" y una virtud que en la civilización nipona tiene que ver con la impecabilidad y la sencillez.

Y, mientras que para los occidentales, la elegancia se asocia a lo exógeno y lo formal, nuestro aspecto o nuestro comportamiento, para los orientales ser elegante es poco que va de adentro fuera y no es poco buscado, sino silvestre. “La elegancia es el arte de estar presente tanto en dirección a uno mismo como en dirección a los demás", declaraba a La Vanguardia la escritora italo-española.

Para esta autora, "la elegancia de shibumi tiene que ver con el estado de coherencia interior y exógeno” y se resume en tres virtudes: la moderación en investigación de la alivio continua y constante; la confianza, o el arte de desterrar la vergüenza, y la ademán de satisfacción y correspondencia en dirección a el momento presente".

Seguro que muchas de las virtudes mencionadas tenían algunas de las mujeres más elegantes de la historia. Y, como menciona la reflexión popular de la que hablábamos al inicio, la moda no es el criterio predominante. 

Hace dos siglos, Gabrielle Émilie Le Tonnelier de Breteuil, marquesa de Châtelet (1706-1749), ya estaba convencida de que "las mujeres necias siguen la moda, las pretenciosas la exageran y las mujeres de buen sensibilidad pactan con ella".

Émilie de Châtelet sabía muy adecuadamente de qué hablaba; fue una mujer rompedora, que recibió una educación exquisita: matemática, física y filósofa francesa, tradujo la obra de Isaac Newton al francés. Barragana, entro otros, de Voltaire, mantuvo con este filósofo una unión enriquecedora para uno y otro tanto en lo intelectual como en lo carnal.

Si hacemos una indagación entre los expertos en moda sobre qué nombres deben estar en la inventario de las diseñadoras más elegantes de la historia, seguro aparecen los de Madelaine Vionnet (1876-1975), Coco Chanel (1883-1971), Jeanne Lanvin (1867-1946), Elsa Schiaparelli (1890-1973), Diana Vreeland (1903-1989), Madame Grès (1903-1993)...

Igualmente estarían Carolina Herrera (1939-) o Diane Von Furstenberg (1946-): la primera, capaz de hacer elegante una simple camisa blanca y la segunda, de elaborar una batita de estar por casa en un vestido todoterreno. Y hoy sale a menudo Marta Ortega, CEO de Inditex.

Entres las millonarias, it girls o socialités, a las que las revistas de la época llamaron elegantes sin duda saldrían los nombres de Luisa Casati (1881-1957), Peggy Guggenheim (1898-1979) o Mona von Bismarck (1897-1983), entre otras muchas que llenaron las crónicas sociales.

Si elaboramos una inventario de las actrices más elegantes de la historia encontraríamos los nombres de Audrey Hepburn (1929 - 1993), Lauren Bacall (1942 - 2014) y Grace Kelly (1929-1982), incluso entre otras muchas convertidas hoy en mitos por la civilización popular de cada país.

Y entre las más actuales, Gwyneth Paltrow, Cate Blanchett, Julianne Moore, Diane Kruger, Elle Fanning, Emma Watson, Natalie Portman, Blake Lively, Lea Seydoux o Emma Stone o Lupita Nyong'o suelen acopiar las nominaciones a mejor vestidas en sus apariciones en la alfombrilla roja.

En la inventario de las royals, están siempre presentes Diana de Gales (1961-1997), la reina Letizia, Máxima Zorreguieta, Rania de Jordania, Carolina de Mónaco; su hija, Carlota Casiraghi y su nuera Beatriz Borromeo, así como Sassa de Osma. Y, por supuesto, Kate Middleton.

Entre las vinculadas a la política, suelen aparecer los nombres de Jackie Kennedy (1929-1994), la maniquí Claudia Bruni (cuando fue primera dama de Francia) y Christine Lagarde, presidenta del Bandada Central Europeo. Y, si de banqueras hablamos, incluso entra siempre en las listas de las más elegantes Ana Trofeo

Otras candidatas al trono de las más elegantes son la cantante Jane Birkin, la maniquí y diseñadora Inés de la Fressange, las influencers Olivia Palermo y Alexa Chung, y hasta la nonagenia Iris Apfel, aunque algunos consideren que esta decoradora de la Casablanca personifica el dicho "si no puedes ser elegante, sé extravagante". 

Entre las modelos, suelen salir los nombres de Christy Turlington, Natalia Vodianova, Rosie Huntington-Whiteley, entre otras muchas que ocupan las portadas de las revistas, las vallas publicitarias y las pasarelas.

En nuestro país, Naty Abascal (1943), Eugenia Silva y Nieves Álvarez incluso son fijas en las listas de mejor vestidas. Será porque han desfilado en parís y conocen adecuadamente la ciudad pues, según Balzac, "quien no venga a menudo a París no será nunca por completo elegante".

Cada persona tiene a su cerca de una persona a la que considera la más elegante (una abuela, una hermana, una hermana, una amiga...), según criterios e incluso sesgos propios e inconscientes fruto de nuestra educación. Seguro que alguna de ellas encaja en una de estas definiciones que dio Honoré de Balzac de elegancia:

"El arte de gastarse los ingresos con inteligencia; o aun La ciencia que nos enseña a no hacer nulo como los demás, pareciendo que lo hacemos todo como ellos; o tal vez mejor: El mejora de la disposición y el sensibilidad en todo lo que nos es propio y nos rodea; o más lógicamente: Conocer hacerse digno de la fortuna propia".

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