Iglesias defiende los "editoriales con firma", dice desempeñar su trabajo "con rigor", pero no quiere la inscripción de periodista por estar "desprestigiada".
En un salón abarrotado y con concurrencia hasta en la puerta de la calle, Pablo Iglesias reapareció entre aplausos y gritos de "vamos Pablo" o "presidente, presidente". Acudió a San Fernando (Cádiz) para presentar su texto Verdades a la cara... y de paso irrumpir en la campaña electoral.
Se presentó en la sala concurrencia de fuera de la ciudad, de toda la provincia de Cádiz e incluso de más acullá. La alternativa de la aldea, el extremo domingo de elecciones andaluzas, no era casual.
De San Fernando es Juan Antonio Delgado, número uno por Cádiz en la coalición Por Andalucía que integra Podemos. Los dos se abrazaron con cariño mientras Delgado, delante tal antesala, proclamaba: "A ti, los directores de los periódicos no te quieren, pero la concurrencia si te quiere, Pablo".
Esa era la palabra que encapsularía el acto a punto de comenzar. En contra de lo que pudiera esperarse, Iglesias no obsequió a los presentes con un discurso electoral o con una exposición sobre la desmovilización de la izquierda. Remotamente de eso, impartió toda una clase de periodismo.
Mencionó como ejemplo de lo que no hay que hacer a periodistas como Vicente Vallés, Antonio García Ferreras o Pedro J. Ramírez para luego explicar su propia deontología periodística, aquella que le empuja a propagar "editoriales con firma" –cuando el mercaderías editorial, desde un punto de traza clásico, quia la ha llevado. Para eso está la columna– o a respetar la utilización de la palabra "supuesto" en sus informaciones.
Iglesias habló delante su divulgado de política y enlazó con el periodismo, o mejor dicho, con su trabajo al frente de La Saco, en el diario Notorio, y como colaborador en distintos medios. Como confesión de intenciones, aseguró: "Ocupamos un papel que normalmente está reservado a los de siempre".
Según el exvicepresidente y ahora comunicador, "hay concurrencia que se ha tenido que educar escuchando que los hombres tienen más derechos que las mujeres y ha podido cambiar su modo de pensar precisamente porque ha habido quien se ha rebelado frente a un sentido popular común".
La Sexta
En este punto, afirmó que muchos le preguntan: "¿Cómo se os ocurre meteros con los medios de comunicación? Haced otra cosa diferente, porque tienen demasiado poder. Hablad de los derechos sociales, pero no te metas con Ferreras ni con Florentino, porque entonces te van a reventar en sus televisiones. Te van a reventar hasta el punto de inhabilitarte como actor político".

El vestíbulo del Centro de Congresos y Exposiciones, abarrotado de divulgado.
L.G.
Ahí va la respuesta que suele dar Iglesias: tiene que acaecer algún que "señale que el rey está desnudo o algún que diga determinadas verdades que ni siquiera los profesionales de la prensa pueden afirmar porque tienen hipotecas y porque tienen que arribar a fin de mes". Irónicamente, apostilló: "Todavía hay concurrencia que sigue creyendo que La Sexta es de izquierdas".
En San Fernando, y delante un divulgado entregado, Iglesias desveló que abandonó la política más tarde de lo que le habría gustado: "Si hubiera sido por una cuestión personal, lo habría dejado antiguamente".
Iglesias confesó que "lo que me gusta hacer es lo que estoy haciendo ahora". ¿Y qué hace ahora? "Dar clase en la Universidad, hacer un podcast o disección en los medios, escribir lo que me da la apetito, y no tener los corsés que tiene la política institucional".
"He conseguido que mi grupo, mis hijos y mis padres, no tengan el mismo nivel de presión criminal que tienen cuando yo ocupaba un cargo divulgado. A nivel personal yo soy mucho más adecuado ahora que antiguamente", remachó.
Pero no tardó en retornar al periodismo: "Lo que hacemos ahora en La Saco... Ocupamos un papel que normalmente está reservado a los de siempre. Nosotros decimos poco que es muy difícil de aceptar por parte de algunos".
Clases de periodismo
Así, Iglesias, que estudió Ciencias Políticas, recordó: "El otro día había una polémica en la que una periodista me acusaba de confundir política con periodismo. Y te quedas como… claro. Ya. Ferreras, no. Eduardo Inda, no. Pedro J . Ramírez siquiera confundía política y periodismo. Vicente Vallés siquiera lo confunde. Álvaro Zancajo, siquiera. Que presentaba los telediarios de Antena 3 y, ahora, cobrando de una excedencia de la televisión pública es el superior de campaña de Macarena Olona".
–Macarronaaaaa –interrumpió uno desde el divulgado.
"Estos –dijo refiriéndose a los periodistas mencionados– debe de ser que no confunden la política con el periodismo. La confundimos nosotros, porque somos de izquierdas, claro", dijo con sorna. Cerrada ovación.
Iglesias subrayó que él no va a "combatir" para que se le atribuya la "inscripción de periodista": "Habría que estar irreflexivo. Esa inscripción está muy desprestigiada. Eso no nos impide trabajar con rigor y dar datos verificables".
Editoriales con firma
Sobre el editorial, dijo: "Esos textos no pretenden advenir por una visión objetiva, sino como una visión editorial. Es afirmar, tiene una cara detrás, no debería ir sin firma, como muchos otros que vemos". No obstante, el editorial, entendido de modo clásica, es un texto que refleja la opinión de toda una institución, en este caso un folleto. Por eso no lleva firma. Los artículos de opinión que sí la llevan se catalogan como columnas.
Iglesias añadió: "Pues claro que nuestro producto tiene una orientación ideológica, como todos los productos que podemos ver en los medios de comunicación, pero pretende ser un ejemplo de rigor a la hora de afrontar un material tan sensible como es la información".
En este punto, criticó a los periodistas. Un periodista, según Iglesias, "no es solo un mensajero que cuenta lo que pasa". Porque "no sólo cuenta lo que pasa, sino que decide qué es lo que va a contar de todas las cosas que ocurren y, posteriormente de lanzarse, elige adicionalmente el enfoque".
Por eso, concluyó que su trabajo ahora es contar que sí, que el periodismo es ideológico. Atreverse qué es o no relevante "es una osadía política", así como la modo de contarlo, "y las palabras que se utilizan".