"No conozco a ningún compañero que me haya confesado que ha pasado una depresión. Parece que desprestigia", dice la psicóloga Carol Marín.
"Cuando me dijeron que tenía depresión, lo negué. Luego rompí a sentir desconsoladamente. Sentía que la vida se me paraba. Bueno, es que se me paró ese día. Es la sensación de que pierdes la vida, que pierdes el vínculo con tu mundo. Mi amigo, mi compañero, que en ese momento estaba ejerciendo de psiquiatra, me recetó una tratamiento. Me fui temblando a la droguería a por ella y allí me desmayé".
Así fue el día en el que a Alejandra le diagnosticaron un trastorno depresivo. Su relato, probablemente, no difiera del de los casi dos millones de personas que conviven con esta enfermedad en nuestro país (Datos del Instituto Doméstico de Estadística), aunque sí hay una diferencia, Alejandra es psicóloga y llevaba toda su vida tratando como externo un problema que ahora se tornaba en propio.
Su historia se recoge en el ejemplar Punto y Coma (Alienta). Este siquiera es una obra más sobre la depresión, ya que está escrita por Carol Marín, una psicóloga que incluso ha vivido la enfermedad en sus carnes. "Los psicólogos no tenemos una vida perfecta, nuestro día a día es como el de todos los seres humanos. Tenemos pérdidas, sufrimos, lloramos, nos peleamos con nuestros hijos… Un psicólogo puede caer en la depresión como cualquier otro profesional, no estamos inmunizados por el hecho de serlo", apunta la experta.
El problema es que parece que existe cierto tabú en torno al cuidado de quien nos cuida, poco que Marín reconoce: "No conozco a ningún compañero o compañera que me haya confesado que ha pasado una depresión. Es poco global porque da la sensación de que desprestigia".
Un tabú
No hay muchos datos sobre la incidencia de la depresión en la profesión. Uno de los trabajos con más repercusión al respecto data de 2018 y fue publicado por la revista Journal of Clinical Psychology. Según los datos que recabaron de profesionales de Reino Unido, dos tercios de los participantes habían experimentado problemas de lozanía mental. Por otra parte, confesaban que no solían pedir ayuda por vergüenza y por las consecuencias negativas que creían que podía tener para su carrera.
En España, no hay un registro que ofrezca luz sobre el tema. Sin incautación, la Fundación Galatea, afincada en Cataluña y especializada en el cuidado de mental de profesionales del sector de la lozanía, recoge en uno de sus informes que, a nivel autonómico, el 25% de los psicólogos se encuentra en aventura de desarrollar una enfermedad mental de tipo ansioso o depresivo.
"Tras la pandemia hemos aumentado el número de psicólogos a los que hemos atendido", ilustra Toni Pelado, psicólogo y director de la fundación. No obstante, sobre ello aporta un matiz: "Con la pandemia, los trabajadores de este sector han tratado con personas con patologías muy diversas, han tenido una viejo actividad asistencial y han trabajado con mucha presión, lo que puede demostrar el incremento".
La American Psychological Association considera que la concepción del tabú y la vergüenza es un enfermo problema para sus profesionales y desde la institución intentan desterrar el miedo a musitar. "Las cifras que manejamos nos dicen que los psicólogos no somos inmunes a los problemas de lozanía mental", explicaba en un noticia Phil Kleespies, miembro de la APA y psicólogo del Sistema de Lozanía de Boston. "Tener un doctorado en psicología no significa necesariamente que vayas a ser capaz de tratar con tu propia depresión personal", sentenciaba.
Ideas suicidas
Por otra parte, Kleespies fue el encargado de coordinar una investigación sobre el suicidio en la profesión. Según sus resultados, el 61% de los psicólogos encuestados confirmó que habían sufrido al menos un episodio de depresión clínica. El 29% afirmó activo tenido ideas suicidas y el 4% confesó haberlo intentado.
"Yo sí me intenté suicidar", afirma con rotundidad Alejandra. La seguridad con la que cuenta el suceso viene de la carestia de divisar las consecuencias de la depresión, una enfermedad que, desde la barrera, es sencillo subestimar.
"Se palabra de la depresión como un pozo infeliz del que no puedes salir, pero a mí me gusta musitar de un bosque tenebroso, tenebroso, que no tiene luz porque las copas de los árboles no dejan verla. Allí, te sientes sola, con miedo, rodeada por bichos y aullidos que incrementan tu sensación de angustia", describe Carol Marín.
Ambas hablan de las mismas sensaciones: miedo, angustia, tristeza… "Llegué a sentir tanto que perdí las pestañas de los fanales", confiesa Alejandra.. "Te prometo que no sabes lo que es la depresión hasta que la sufres", apunta Carol Marín. "He ayudado a mucha muchedumbre a salir de ella, pero cuando la pasé me di cuenta de todo el sufrimiento que le acompaña. Entendí por qué la muchedumbre llega a la idea de suicido", prosigue.
A esos sentimientos, se les suma encima la error, una que viene de la citada vergüenza de creer que la profesión las debía activo vuelto inmunes. "Cuando fui a por la tratamiento, pensaba: 'me conocen, saben que soy la psicóloga'", recuerda Alejandra. Para Carol lo peor fue que, cuando le dieron su dictamen, sabía todo lo que se le vendría encima. "Es un horror porque conoces todas las fases por las que vas a tener lugar. Sabes que hay un posible aventura de suicidio y me empezaron a inundar preguntas horribles, qué pasaría con mis hijos, con mi raíz… Entonces empecé a notar el miedo y eso es horrible".
Tratar a un psicólogo
Sin incautación, con el tratamiento, poco a poco, la luz se dejaba conjeturar entre las copas de esos árboles frondosos. El proceso no es ausencia sencillo. La depresión, cuando llega a tu vida, siempre se cobra un peaje. El de Alejandra fue perder a mucha muchedumbre de su entorno por la incomprensión que generaba. "La depresión no se contagia, pero cuando uno está sano se cansa de la depresión ajena".
El entorno es una cuarto fundamental de la recuperación, pero ¿cómo se cura un psicólogo? ¿Con un psiquiatra? "Eso es una inscripción", dice entre risas Toni Pelado, que ha escuchado esa relación más de una vez. "El tratamiento es como el que puede aceptar cualquier ciudadano de a pie y va a pender de la razón por la que pida ayuda", ilustra el director de Galatea.
Como detalla Pelado, si se presenta un difícil de larga duración, normalmente habrá un acometida psicoterapéutico, uno psiquiátrico y psicofármaco. "Es lo que llamamos terapia combinada", explica. "Pero, por supuesto, que un psicólogo puede ser tratado por un psicólogo", vuelve a incidir para intentar combatir la famosa inscripción.
Si admisiblemente, el director de Galatea pide poner intensidad en una cosa: "Tener experiencia en tratar a profesionales de la lozanía es un cifra diferencial, porque tenemos unas peculiaridades que, si no se tienen en cuenta, pueden hacer que el acometida terapéutico pueda resultar un poco más complicado".
Como recoge este reportaje de EL ESPAÑOL, la clínica que posee la fundación Galatea es la única en España destinada al tratamiento y a la lozanía mental del sector taza. "El cuidarse no es una opción, es un imperativo ético y es un imperativo deontológico. Uno no es un buen profesional si no se cuida para poder cuidar", resume Pelado la máxima de su centro, que ofrece sus servicios de forma completamente gratuita a los pacientes.
Miedo al sufrimiento
"La depresión es poco mucho más serio que estar triste y de lo que no se sale sin ayuda", sentencia por su parte Carol Marín, que insta a todo el mundo que está atravesando por poco similar que naciente la mano y acuda a un profesional, aunque seas psicólogo. "Te ayuda a explorar que no puedes seguir sola y a darte cuenta de que a veces no puedes ir a más, que das lo mejor de ti y que con eso pespunte", ilustra la experta.
Tanto para ella como para Alejandra, las aguas han vuelto a la calma. Han desencajado del bosque tenebroso y en él han dejado miedos, vergüenzas y error, aunque, por desgracia, incluso se han quedado cosas buenas. "Se le coge mucho miedo al sufrimiento, por eso tengo terror a retornar a caer", confiesa Alejandra. "Antaño era como un toro de miura, pero ahora no quiero pelear con nadie porque sólo la idea de exponerme me da angustia".
Carol Marín confía en que esas cosas algún día volverán y, en vez de en lo malo, prefiere quedarse con lo bueno: "Las dificultades a las que nos enfrentamos cada día no son el final, sino un nuevo manifestación".
De ahí nace, precisamente, la 'filosofía punto y coma', una metáfora muy literaria sobre la depresión: "Salir de la depresión significa mucho para la persona que la ha padecido. Ha superado el desafío de no poner fin a su vida, ha puesto un punto y coma en su vida, igual que ese escritor que decide no zanjar una frase y poner un punto y coma".